🖋️ ARTÍCULO DE OPINIÓN
Por: Toni Santana Consejero del Grupo Popular en el Cabildo de La Palma. 25 de febrero 2026
Gobernar una institución como el Cabildo de La Palma exige planificación, rigor y capacidad de anticipación. No basta con reaccionar a los acontecimientos ni con rectificar cuando la presión social aprieta. Gobernar implica prever, escuchar antes de decidir y actuar con criterio técnico desde el primer momento.
Sin embargo, si algo define al actual grupo de Gobierno de Coalición Canaria es, precisamente, la improvisación. Una forma de gestionar que se repite con demasiada frecuencia y que termina generando incertidumbre, sobrecostes y falta de resultados visibles para los ciudadanos.
El impacto en la carretera de La Cumbre Un ejemplo reciente lo encontramos en la decisión de cerrar la carretera LP-3, la vía de La Cumbre, principal conexión entre ambas vertientes de la Isla. Una medida de enorme impacto para trabajadores, estudiantes, transportistas y para el conjunto de la economía insular. La decisión se anunció sin alternativas claras, sin planificación visible y sin un mensaje que ofreciera tranquilidad.
El resultado fue inmediato: malestar generalizado, críticas en redes sociales y preocupación entre quienes dependen a diario de esa vía. Y, pocas horas después, rectificación. Ahora se anuncia que se estudiarán medidas técnicas y alternativas.
La pregunta es evidente: ¿por qué no se estudian antes? ¿Por qué no se planifican las alternativas antes de comunicar decisiones que afectan a toda la Isla?
Un patrón de gestión que sale caro Este patrón no es aislado. Se repite en distintas áreas:
- Se anuncian iniciativas que después se modifican.
- Se plantean decisiones que, tras el rechazo ciudadano, cambian de rumbo.
- Cada rectificación genera desconfianza e implica más gasto público y duplicidad de trabajos.
La improvisación sale cara. Sale cara en tiempo, en recursos y en credibilidad institucional. Mientras tanto, los resultados no se perciben en el día a día de los palmeros. No vemos mejoras estructurales acordes al volumen presupuestario del Cabildo, ni una planificación clara en infraestructuras, vivienda o servicios sociosanitarios.
Gobernar no es ensayar Gobernar no puede convertirse en un ejercicio permanente de ensayo y error. La isla necesita estabilidad en la toma de decisiones, proyectos maduros y consensuados antes de hacerse públicos. Necesita una gestión que marque rumbo, no que navegue al vaivén del ruido en redes sociales y los «likes».
Escuchar a la ciudadanía es fundamental y rectificar es sano, pero convertirlo en método de Gobierno evidencia falta de planificación previa. La Palma merece una gestión ordenada, eficaz y con visión a largo plazo. Porque improvisar no es gobernar. Y nuestra Isla no puede permitirme más tiempo perdido.



