El nuevo instrumento OPTIR permitirá observar fenómenos a distancias récord y contribuirá a la defensa planetaria identificando amenazas cuando aún están lejos de la Tierra.
Redacción El Faro de La Palma – 21 de abril de 2026
El Consejo de Ministros ha dado luz verde este martes a una inversión de 18,7 millones de euros destinada al Gran Telescopio de Canarias (GRANTECAN), situado en el Observatorio del Roque de los Muchachos. El objetivo es el desarrollo del denominado “Proyecto OPTIR”, un instrumento científico de última generación que revolucionará la forma en que observamos el universo desde las cumbres de la Isla Bonita.
Este nuevo equipamiento potenciará la versatilidad del mayor telescopio óptico infrarrojo del mundo. Gracias al OPTIR, el GRANTECAN podrá obtener imágenes y datos en el rango visible e infrarrojo cercano de forma simultánea, lo que permitirá capturar fenómenos transitorios con un detalle sin precedentes, incluso a grandes distancias galácticas.
Defensa planetaria desde las cumbres palmeras Uno de los puntos más destacados de esta inversión es su aplicación en la defensa planetaria. La capacidad de captar objetos extremadamente débiles y lejanos es crucial para estudiar asteroides potencialmente peligrosos por su posible impacto contra la Tierra. El GRANTECAN será capaz de detectarlos y analizarlos cuando todavía están a una distancia segura, permitiendo una reacción temprana ante posibles amenazas espaciales.
Un proyecto a siete años vista El desarrollo del instrumento se realizará mediante un proceso de Compra Pública de Innovación, que involucra a instituciones científicas, universidades y empresas privadas en todas sus fases: diseño, fabricación, pruebas y puesta en funcionamiento. Se estima que el proyecto completo, que consolidará la experiencia tecnológica acumulada en la isla durante más de dos décadas, se complete en un periodo de siete años.
El GRANTECAN, con sus 10,4 metros de diámetro, sigue siendo la joya de la corona de la astronomía terrestre. Su ubicación en La Palma, a 2.400 metros de altitud y bajo unos de los cielos más limpios y oscuros del planeta, lo convierte en el lugar idóneo para que este nuevo «ojo» empiece a escrutar el cosmos con una precisión nunca antes vista.



