Cada 27 de abril, el municipio de San Andrés y Sauces conmemora la festividad de su patrona, Nuestra Señora de Montserrat. El investigador Manuel Marcos Pérez Hernández nos sumerge en la historia de esta advocación, un vínculo que une la fe con el pasado industrial azucarero de la isla, el arte flamenco y la identidad de un pueblo que la reconoce como su Alcaldesa Honoraria y Perpetua.
Manuel Marcos Pérez Hernández
Cada 27 de abril, el municipio de San Andrés y Sauces conmemora la festividad de su patrona, Nuestra Señora de Montserrat, una advocación profundamente arraigada en la historia, la fe y la identidad de los sauceros.
El origen de esta advocación se remonta a los primeros años tras la conquista de la isla, en un contexto marcado por el desarrollo económico ligado a la industria azucarera. En 1503, Gabriel Socarrás llegó a La Palma como representante del comendador catalán, Pedro de Benavent con el encargo de impulsar la explotación agrícola en el Llano de Los Sauces mediante la plantación de cañaverales y la construcción de un ingenio azucarero. Junto a esta empresa material, se contempló también la dimensión espiritual de quienes trabajaban y habitaban en la hacienda, promoviendo la edificación de una ermita.
Esta primitiva ermita, que ya estaba levantada en 1513, quedó bajo la advocación de la Virgen de Montserrat, patrona de Cataluña, en clara referencia al origen de los dueños e impulsores de la hacienda, conocida desde entonces como Hacienda de los Catalanes. A esta iniciativa se sumó posteriormente Marcos Roberto de Montserrat, cuñado de Benavent, quien llegó a la isla hacia 1544 y participó, como administrador de la hacienda, en la consolidación de este núcleo económico y devocional.
La devoción a la Virgen de Montserrat en Los Sauces se vio enriquecida con la llegada de una notable obra pictórica procedente de Flandes. Se trata de una pintura sobre tabla realizada en los Países Bajos en el último cuarto del siglo XVI, encargada por la familia Van de Walle y Guisla a Tomás Van de Walle de Cervellón, natural de Brujas y mayordomo de la Iglesia de Montserrat, quien en 1588 adquirió la Hacienda de los Catalanes. La pintura, atribuida por Matías Díaz Padrón a los pinceles de Pieter Porbous el Viejo (1523-1584), representa la montaña de Montserrat y, en el tercio superior, la aparición de la Virgen con el Niño, envuelta en nubes y entronizada sobre la cúspide del Sacromonte.
Junto a esta obra pictórica, la iglesia alberga la actual imagen titular: una escultura en madera policromada datada en el último tercio del siglo XVI. Su factura ha sido atribuida al entorno del escultor Juan Bautista Vázquez el Viejo, figura clave de la escuela sevillana a partir de 1561. Esta imagen refleja la influencia de la imaginería andaluza, cuya proyección atlántica permitió la llegada a Canarias de un amplio repertorio artístico procedente del sur peninsular.

En este contexto, Sevilla desempeñó un papel fundamental como centro de intercambio cultural y artístico, donde confluyeron tradiciones flamencas e italianas, favoreciendo la difusión de modelos que dejaron una profunda huella en el patrimonio escultórico del archipiélago.
Hoy, como desde hace siglos, la Virgen de Montserrat continúa siendo el corazón espiritual de Los Sauces. La profunda devoción que el pueblo saucero siente por su patrona se manifiesta con especial intensidad cada 27 de abril, en la solemne función religiosa y procesión.
A fin de reconocer ese vínculo espiritual, con motivo de la celebración del Primer Centenario de la concesión del título de Ciudad a San Andrés y Sauces, en sesión celebrada por el Ilmo. Ayuntamiento el 21 de septiembre del año 2000, se acordó concederle el título de Alcaldesa Honoraria y Perpetua.
FONDO DOCUMENTAL:
- Cuadernos de Cultura. La Virgen de Montserrat. Jesús Pérez Morera. Ilmo. Ayuntamiento de San Andrés y Sauces. 1999.
FOTOGRAFÍAS:
- Tabla de Ntra Sra de Montserrat. Pintura de la escuela de Brujas (Flandes). Último cuarto del siglo XVI. Eduardo Pérez Cáceres.
- Imagen de Ntra. Sra. de Montserrat. Escuela Hispalense de Sevilla. Último tercio del siglo XVI.



