Continuamos con el exhaustivo recorrido por la vida y obra de Alberto-José Fernández García, centrando esta entrega en su producción pictórica, su estrecho vínculo con la Virgen de las Nieves y su legado humano e intelectual.
Por: José Guillermo Rodríguez Escudero
Eran bien conocidas las tertulias vespertinas y nocturnas que se celebraban en su casa de la calle Trasera de la ciudad. Como buen anfitrión, disfrutaba agasajando a sus invitados con comidas y dulces tradicionales palmeros. Sus allegados y contertulios valoraban especialmente su conversación, siempre cargada de tino y sabiduría. En aquellas reuniones, como recordaba Galante Gómez, «se hablaba de todo, se discutía por todo y se sentía por todo».
De mirada pícara y vivaz, dialéctico y hábil con la palabra, este culto y hospitalario vecino destacaba por su ingenio, su sentido del humor y su fina ironía. Era, además, un excelente conversador: sagaz para profundizar en los temas, hábil para sortear dificultades y siempre dispuesto al intercambio de ideas. Su casa se convirtió en punto de encuentro obligado para historiadores del arte que visitaban La Palma en busca de conocimientos e información. Para todos ellos, era una referencia imprescindible en cualquier asunto relacionado con la isla, logrando contagiar su entusiasmo y consolidar su pasión en cada uno de sus invitados.
«Esa gran casa está llena de palabras, de presencias, de momentos imborrables. Las conversaciones podían durar hasta que el sol aparecía por el horizonte, que veíamos por las ventanas que dan al mar. Era el reino de la palabra, de la comunicación plena, y en los momentos donde tocábamos el resorte de la nostalgia surgían sus recuerdos de juventud o de su madre». Fernando G. Martín Rodríguez
Precisamente, el profesor que firma este párrafo tuvo la oportunidad de ser guiado por todas las ermitas e iglesias de La Palma, así como por diversas colecciones de arte privadas, de la mano de Alberto-José, de quien aprendió y disfrutó enormemente. Así era nuestro investigador: frenético e incansable, profundamente enamorado de su isla y siempre dispuesto a mostrar sus entrañas y tesoros.
Esa generosidad fue compartida por numerosos universitarios que se desplazaban a La Palma. Como se ha señalado, «Alberto José fue el puente de unión entre la Universidad de La Laguna y sus jóvenes investigadores». Su relación con esta institución era muy estrecha, colaborando activamente con los estudiosos mediante brillantes orientaciones y el acceso a documentación inédita. Con el tiempo, resultaba impensable organizar un viaje a La Palma sin contar con su acompañamiento.

Esa misma entrega la mantuvo años más tarde con la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (entonces Politécnica), especialmente con la Escuela de Arquitectura y los estudios de Historia del Arte, consolidando así su papel como referente imprescindible en la transmisión del conocimiento sobre el patrimonio insular.
3. Producción artística y obra pictórica En cuanto a su obra pictórica, se aprecia una clara preferencia por el trazo firme y lineal, resuelto mediante composiciones bien equilibradas. Tras sus primeras piezas de pequeño formato, como un exquisito paisaje marino de Garafía, Alberto-José se adentró en el género del retrato. Galante señalaba que se trataba de «óleos con fondos de colores neutros, acentuando de esta manera el protagonismo de los homenajeados, todo ello en la tradición del retrato clásico del siglo XIX».
El mismo profesor recogía en un artículo cómo en este ámbito destacaban los retratos de sus bisabuelos o el de su prima María de los Ángeles Pérez García. Entre los bodegones y naturalezas muertas, el artista mostró una especial predilección por una delicada rosa blanca en un vaso sencillo, que regaló a su sobrina política con motivo de su onomástica.
Para su primo Jaime Pérez García realizó quizá el lienzo de mayor formato dentro de esta temática: un bodegón con jarrón, concha y caracol. Otra de sus obras más notables es un gran óleo que representa el combate de dos galeones en un mar embravecido, custodiado en la Casa Cabrera. Asimismo, pintó un cuadro de los Reyes Católicos que fue sustraído durante una exposición celebrada en el Museo Naval (Barco de la Virgen).


Mención aparte en este capítulo merece su producción de temática religiosa, en la que destacan especialmente las reproducciones de la Virgen de las Nieves y de la Inmaculada Concepción. La primera —vera efigie— es considerada su obra más relevante dentro de este ámbito: un excelente óleo en el que sobresale la minuciosa precisión de los detalles en las telas y joyas que la enmarcan. El artista dedicó esta obra a su abuela, Enriqueta Fernández González de García Massieu, quedando además constancia en la firma de la fecha: 3-5-1955.
Asimismo, es de su autoría el retrato del obispo García Jiménez —fundador de la Bajada de la Virgen en 1676—, en el que incorporó la imagen de la «Morenita» junto a San Miguel, inspirado este último en el arcángel barroco de Breña Baja.
Su labor artística, sin embargo, abarcó muchos otros ámbitos de la cultura y las artes aplicadas. Destacó también en el diseño de calados para mantelerías, muebles, joyería y platería, mostrando una notable habilidad en el dibujo ornamental. Con la ayuda de su gran amigo Felipe Henríquez Brito (1929-2018), elaboró diseños de juegos de cama, encajes de mantelería y servicios de té, todos ellos decorados con motivos florales, vegetales y geométricos. Uno de los modelos más difundidos fue el conocido como “María la de todos”, cuya ejecución variaba en función de la tela, la bordadora o el tipo de hilo empleado, como era habitual en este tipo de trabajos.
También ejerció como director del taller de costura en distintas ediciones de la Bajada de la Virgen, reforzando así su vínculo con las tradiciones insulares. En el ámbito del diseño de mobiliario, su creatividad parecía no tener límites. Fue especialmente admirado el conjunto que ideó para la familia Lugo Castillo-Olivares en Buenavista, compuesto por dos consolas, una mesa de comedor de estructura elíptica y un aparador, así como la vitrina que conservaba en su propia vivienda. Su estilo ha sido descrito como de inspiración barroco francés, probablemente influido por las revistas gráficas que consultaba con frecuencia.
4. Diseño, restauración y aportaciones culturales Otra de sus facetas creativas se manifestó en un amplio catálogo de diseños en metales preciosos, especialmente gargantillas, broches y piezas ornamentales. Un ejemplo significativo fue la reproducción del escudo de la Sociedad Deportiva Tenisca en oro y perlas colgantes, que el propio club deportivo donó a su patrona, la Virgen de las Nieves. Asimismo, diseñó la excepcional peana de plata repujada de la custodia procesional utilizada en la festividad del Corpus Christi en la parroquia de El Salvador.
Su aportación a las celebraciones de la Bajada de la Virgen fue igualmente notable, con numerosos diseños concebidos para distintos actos conmemorativos. Entre ellos destacan el vestuario del Minué —tanto masculino como femenino—, así como la caseta y los atuendos de los Enanos cantantes de la Loa a la Virgen, previos a su tradicional transformación escénica.
Parte de este legado pudo contemplarse en la exposición celebrada en el Palacio Salazar de Santa Cruz de La Palma entre el 13 y el 30 de septiembre de 2004, organizada por la Sociedad de Estudios Generales de la Isla de La Palma como homenaje al polifacético artista con motivo del vigésimo aniversario de su fallecimiento. En dicha muestra se expusieron, entre otras piezas, miriñaques de las damas y casacas de los caballeros, ejecutados en finas telas ricamente decoradas con lentejuelas.
Entre sus diseños más difundidos se encuentra también el escudo de la ciudad, aún hoy utilizado en las puertas delanteras de los taxis, testimonio de la persistencia de su obra en la vida cotidiana insular.
Participaba directa o indirectamente en prácticamente todas las fiestas de la ciudad y de la isla. Sentía una especial devoción por los villancicos de los «divinos» de la capital y por el «Nacimiento» de las Nieves ante el retablo mayor. La Semana Santa ocupaba también un lugar destacado en su vida, participando activamente en todas las procesiones; cuando alguna de ellas pasaba bajo su casa de la calle Trasera, era habitual verlo en su ventana, convertido casi en una presencia más del propio paisaje urbano.


Su implicación se extendía asimismo a las Fiestas de las Nieves, la Concepción del Risco, el Señor de El Planto, La Encarnación, La Luz y San Telmo en la capital, San Pedro en Breña Alta, Santa Ana en Breña Baja, el Corpus en la Villa de Mazo, el Sagrado Corazón en El Paso, entre muchas otras celebraciones insulares. Esta presencia constante en los festejos le permitía impregnarse de una magia que después transmitía con gran fidelidad tanto en sus escritos como en sus lecciones orales.
Disfrutaba especialmente de los polvos de talco en la celebración de Los Indianos cada lunes de Carnaval, siendo un auténtico apasionado de las tradiciones festivas palmeras. Mención aparte merece su especial vínculo con la Bajada de la Virgen, manifestación festiva por excelencia en La Palma, cuyas letras de los Carros Alegóricos y Triunfales, la Loa a la Virgen y los Enanos cantaba con notable afinación y entusiasmo.
Obtuvo además el segundo premio en el concurso de carteles de la Bajada de 1980, en el que representó la figura del Enano. Aunque no alcanzó el primer galardón, su propuesta fue finalmente publicada, consolidando una vez más su presencia en el imaginario festivo de la isla.
Recordemos que para la Bajada de 1945, los que gestaron la magnífica idea del Minué fueron, junto con Alberto-José, Argelio Pérez Algarrada, Álvaro Rodríguez. Fernández, Celestino Cabrera, Ezequiel Pastor Cuevas Cabrera y Celio Díaz. Encargaron al músico y humanista palmero Luis Cobiella Cuevas (1925-2013) —primer Diputado del Común de Canarias— la composición la música y el texto de un ballet inspirado en los jardines palatinos de Versalles.
El profesor Galante nos informaba de que Alberto José también se atrevió con diseños para utensilios de carácter industrial, como algunos faroles que aún existen en su vivienda: «estos son de estructura poligonal con láminas metálicas en forma de perillones torneados y guarnecidos entre hojas de acanto, cuyos cristales están adornados a base de óleos y motivos vegetales en vibrantes colores de tintes oros, azules y rojos».
En el apartado de las restauraciones de obras históricas —que ejecutó con gran delicadeza, sin alterar contenidos o perjudicar a las piezas— es interesante reseñar las pinturas de óleos sobre lienzo, como el espléndido San Felipe Neri, actualmente colgado junto al retablo de la Milagrosa (en la nave colateral del Evangelio de El Salvador); los magníficos y antiguos exvotos marineros: el de la capilla del Rosario (iglesia de Santo Domingo, el más antiguo de España) y los del Santuario de las Nieves (entre ellos el segundo más antiguo del país); una Santa Elena (propiedad de los herederos de la familia Castillo Olivares y Sotomayor); un Santo Domingo y la Virgen del Rosario (colección propia); los Desposorios de La Virgen (Santuario de las Nieves), un San Antonio (pintura sobre lienzo propiedad de Felipe Henríquez Brito). Así mismo restauró esculturas, como la Virgen de la Salud (de la parroquia de Montserrat de Los Sauces, antiguamente venerada en el convento de la Piedad de San Andrés). Se considera esta última como la actuación más afortunada «en la que aplicó un esmerado estofado y recuperó la policromía original de la talla».
Fue, asimismo, el inspirador del belén napolitano que impulsó en el propio santuario mariano el rector Pedro Manuel Francisco de las Casas, y autor del dibujo del delicado bordado en oro del dosel de la patrona palmera —realizado en el monasterio del Císter de Breña Alta— sobre rico terciopelo encargado en París. Por otra parte, vistió a la usanza hebrea a las más antiguas figuras del «Nacimiento» del mismo templo, que hasta entonces portaban indumentarias tradicionales de La Palma.
Desempeñó también un papel fundamental en diversas exposiciones de arte sacro, tanto dentro como fuera de la ciudad. Entre las más recordadas figura la celebrada con motivo del Congreso Eucarístico Arciprestal de Santa Cruz de La Palma. Del mismo modo, actuó como inspirador y gestor de numerosas donaciones artísticas al Santuario Real, promovidas por instituciones, familias y particulares, contribuyendo de manera decisiva al enriquecimiento de su patrimonio.
Entre estas restauraciones realizadas con especial cuidado y dedicación, se recuerda la de la imagen de la Virgen de la Luz, patrona de la Villa de Garafía. En su taller, siempre con las puertas abiertas, el artista recibía la visita de numerosos curiosos que se acercaban para contemplar la talla con sus nuevos ropajes. Acompañado por un grupo de amigos y colaboradores, fue él mismo quien la trasladó a la parroquia norteña para su presentación tras la aplaudida intervención.
Asimismo, restauró —además de numerosos abanicos antiguos— la decoración de la cubierta de la ermita de Las Angustias (posteriormente concluida por Isabel Santos, restauradora del Cabildo Insular), así como las tres hornacinas del altar mayor de la parroquial de Los Remedios, en Los Llanos de Aridane.
Otra de sus actuaciones tuvo lugar en la capital, donde diseñó el nuevo campanario de piedra de la parroquia de Nuestra Señora de Candelaria de Mirca, en el contexto de su restauración. Por otra parte, tras la demolición de la mansión del Mayorazgo de Guisla, y dado que residía frente a ella, en la calle Álvarez de Abreu, 41, recogió algunas piezas de su cubierta, que hoy se conservan integradas en la decoración de la galería de su casa y en el forro de la escalera del Museo Insular de Arte Sacro del Santuario de las Nieves, donde fueron posteriormente donadas por sus herederos.
5. Vinculación con la Virgen de las Nieves y la vida religiosa Tiene publicada una monografía titulada Real Santuario Insular de Nuestra Señora de Las Nieves (Everest, León, 1980), declarada de Interés Turístico por la Secretaría de Estado de Turismo mediante resolución de 16 de marzo de 1981. En esta magnífica obra, Alberto-José plasmó de manera clara su pasión por la investigación histórica.
El libro fue presentado en 1980 en Santa Cruz de La Palma por su gran amigo y maestro, el profesor e investigador garafiano Juan Régulo Pérez (1914-1993). Se trata de un trabajo fruto de numerosas horas de estudio, consulta de archivos y manejo de documentación histórica de gran valor, lo que le confiere un sólido rigor científico.
Esta publicación se ha convertido en un referente imprescindible para el conocimiento del primer real santuario designado en Canarias. A lo largo de los años, ha recibido el reconocimiento y elogio tanto de especialistas como del público en general, consolidándose como una obra brillante y exhaustiva dentro de la bibliografía sobre el patrimonio insular.
Como curiosidad, sirva decir que su querida «Virgencita morena» de las Nieves solo es revestida con el llamado traje de duelo en ocasiones muy excepcionales. Esta delicada pieza, confeccionada en un exquisito terciopelo de seda morado, luce un admirable bordado en hilos de oro fino realizado por las monjas del cercano monasterio del Císter, una obra artesanal de mediados del siglo XX que destaca por su sobria elegancia. En su interior se conserva cosido un medallón ovalado con una inscripción que testimonia su origen: «Este manto ha sido donado por el devoto Sr. D. Máximo Rodríguez Pérez, residente en Cuba, 8 de septiembre de 1957».
La imagen de la Virgen solo ha sido presentada a la veneración de los fieles con este solemne atuendo en momentos señalados de luto o especial significación, como el fallecimiento de Francisco Franco (1975); de los papas Juan Pablo I (1978), Juan Pablo II (2005) y Francisco (21 de abril de 2025); de los obispos Luis Franco Gascón (1984), Felipe Hernández García (2012) y Bernardo Álvarez Afonso (25 de noviembre de 2025); así como de los sacerdotes Andrés de las Casas Guerra (1992), antiguo párroco del Santuario, y Luis Van de Walle Carballo (1987), capellán de la Virgen. También se utilizó en el fallecimiento de Julio Cándido, camarero de la Virgen y mayordomo del Real Santuario, ocurrido el 22 de enero de 2024.
Como decisión extraordinaria, igualmente fue revestida con este traje con motivo del fallecimiento de Alberto-José, dada su estrecha vinculación con la Virgen y su iglesia. Como se ha señalado, mantuvo siempre una colaboración constante con el templo, encargándose durante años del aderezo de la sagrada imagen y aportando, de manera desinteresada, numerosos diseños y asesoramientos de carácter histórico-artístico.
Su relación con el Santuario fue especialmente intensa durante los ministerios de los tres últimos sacerdotes: Antonio Pérez Hernández (hasta 1958), Andrés de las Casas Guerra (hasta 1970) y Pedro M. Francisco de las Casas (hasta 1984). Como anécdota, estos dos últimos rectores —miembros de la misma familia— residían en la misma calle que Alberto-José, muy cerca de su domicilio. Frecuentaban su casa para realizar encargos para la parroquia, solicitar su consejo en materias histórico-artísticas o, simplemente, compartir con él una amistad sincera y respetuosa.
Asimismo, fue un colaborador desinteresado de los sucesivos párrocos de El Salvador en todo lo relacionado con la ornamentación del templo, la preparación de los Monumentos del Jueves Santo y el montaje de los tronos para las distintas procesiones. Esta labor se remonta ya a la etapa del inolvidable Félix Hernández Rodríguez (1878-1963).
Para él, uno de los momentos más íntimos y significativos era la muda del traje de la «Morenita» y su posterior aderezo con joyas. Con calma, emoción y profundo recogimiento, realizaba el cambio de las vestiduras de diario a las festivas. Esta ceremonia tenía lugar antes de la onomástica de la Virgen, cada 5 de agosto, o en el mes de mayo antes de la Fiesta de las Madres —iniciativa que promovió junto al santuario y los Coros y Danzas de La Palma—, así como, de manera muy especial, en vísperas de las Fiestas Lustrales de la Bajada de la Virgen.
Las ocho o nueve horas que podía prolongarse este minucioso trabajo de colocación de ropajes y engarce de joyas en el manto triangular no suponían para él un desgaste, sino una experiencia profundamente emocional. Lejos del cansancio, esta ceremonia lenta y solemne lo sumía en un estado de intensa concentración y felicidad, que se reflejaba en su rostro, según testimoniaban quienes tuvieron el privilegio de presenciarlo.
Entre otros muchos obsequios, muestra de su generosidad y altruismo, Alberto-José legó a la Virgen un espléndido rosario, un busto de Cristo Yacente (siglo XVII), una imagen de la Magdalena y el rostro de la Virgen de la Soledad, entre otras piezas de notable valor devocional y artístico.
Nuestra Señora de Las Nieves —con motivo de su Bajada Lustral— estrenó en 1975 un pesado y precioso sillón de viaje (el actual) —una gran urna rematada por una corona real— tallado por Pedro Daranas Roque, dorado por Fernández Molina y diseñado por Alberto-José Fernández García. Fue autor también del templete de la Loa en la Bajada Lustral así como de la escenografía del Minué y del Carro Alegórico y Triunfal. Otras muestras de cómo su nombre quedará para siempre ligado a la «Negrita».
6. Personalidad, legado y reconocimiento Amaba también la música y la primavera. López García nos decía que nuestro artista era «la persona que la sociedad necesita para que el arte no muera». Le gustaba admirar la naturaleza de La Palma —su gran pasión— y se recreaba e inspiraba viendo la tierra vestida de verde y engalanada de flores. Quedaba extasiado al oír ópera en el Teatro Circo de Marte o en el Guimerá, o en cualquier otro lugar dentro y fuera de su querida isla, y también a las orquestas procedentes de lejanas y grandes ciudades. Dotado de gran oído musical, tenía una cálida voz con la que muchas veces interpretaba arias de ópera o motetes del Padre Díaz mientras pintaba, restauraba o diseñaba.
Alberto-José fue un auténtico dinamizador de la actividad cultural, desarrollando una intensa labor tanto en la creación artística como en la investigación científica. Su sensibilidad estética lo acompañaba siempre: disfrutaba con la belleza y era, a su vez, profundamente inspirado por ella. Francisco Galante señalaba que «perteneció a una cultura en extinción en la que se valoraba la ilusión por descubrir nuevos mundos, la transparencia y la honestidad por el trabajo bien hecho y, sobre todo, la generosidad y el sentido inmutable y permanente de la amistad».
López García también destacaba su constante preocupación por el devenir insular. En uno de sus artículos recordaba su malestar ante el estado de abandono del Castillo Real de Santa Catalina, «El Castillete», cuya defensa asumía con especial entusiasmo por su vínculo con la figura del histórico abogado Anselmo Pérez de Brito (1719-1775), a quien tanto admiraba. Tampoco compartía la denominación de Benahoare para la actual urbanización capitalina, al considerar que se trataba de un nombre de gran trascendencia histórica para aplicarlo a un conjunto de viviendas.
Por encima de todo, Alberto-José amaba su isla de La Palma. Hombre efusivo, generoso, hospitalario, honesto y transparente, nunca viajó al extranjero, aunque sí conoció la Península y el resto de Canarias. Sobre este aspecto, Poggio concluía su semblanza afirmando que «por encima de todo para él estaba residir en su querida isla natal, investigando su historia de la que tanto dejó escrita. Dentro y fuera de la isla ensalzaba sus bellezas naturales, su historia y sus costumbres».
Alberto-José —pintor, restaurador, escritor, investigador, poeta, diseñador y decorador— falleció en Santa Cruz de Tenerife el 22 de abril de 1984.
«En la vida ocurren casos que nos parecerán siempre que no podían haber sucedido sin haber alguna ley ni razonamiento explicable. Solo son factores espirituales los que nos hacen pensar así y es esto lo que nos ha sucedido a los que en vida conocimos a Alberto José Fernández. Nos parecía que no podía desaparecer de esta vida terrena. En el carácter de Alberto-José concurría el artista, el conversador ameno, el que distraía a los que íbamos a acompañarle en el lecho del que nunca se levantaría». Manuel Poggio y Sánchez
El Pleno del Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma, en sesión celebrada el 11 de marzo de 1996, acordó aprobar inicialmente el Proyecto de Urbanización denominado calle Alberto-José Fernández García, situada a espaldas del que fue solar del Parque de Recreo, el antiguo cine de la Plaza de la Alameda, hoy ocupado por un gran edificio en las proximidades del Barco de la Virgen. Posteriormente, la corporación municipal procedió a la rotulación de una vía con su nombre.
En este contexto, Alberto-José puede ser considerado un destacado creador y una figura relevante de la cultura palmera, cuya trayectoria en el arte, la investigación y la conservación del patrimonio insular ha dejado una huella significativa. A juicio de algunos estudiosos y admiradores de su obra, su legado merecería un reconocimiento más amplio, incluso a título póstumo, así como una dedicación urbana de mayor entidad que un simple viario secundario —«un simple e inhóspito callejón»— en consonancia con la relevancia de su aportación a la vida cultural de La Palma.
«Era él quien distraía a sus familiares y amigos dentro de su enfermedad. La sátira fina del terruño y de la familia, con su buen humor que jamás perdió, nos hacía olvidar su enfermedad y, aun viéndole muerto el Domingo de Resurrección, su semblante era para meditar que en ese día tan propicio había nacido a la vida eterna. Se notaba en él un semblante de paz y tranquilidad». Manuel Poggio y Sánchez
BIBLIOGRAFÍA
- FERNÁNDEZ GARCÍA, Alberto-José. Real Santuario Insular de Nuestra Señora de las Nieves. Editorial Everest, León, 1980.
- Exposición in memoriam. Alberto José Fernández García (1928-1984): del 13 al 30 de septiembre de 2004, Casa Principal de Salazar, Santa Cruz de La Palma. Textos: GALANTE GÓMEZ, Francisco. «Alberto José Fernández García, el vivo testimonio de una cultura extinguida»; GARRIDO ABOLAFIA, Manuel (coordinador). «Prólogo»; LÓPEZ GARCÍA, Juan Sebastián. «El imaginario de una isla. Alberto José Fernández García: semblanza de La Palma (Canarias)»; MARTÍN RODRÍGUEZ, Fernando Gabriel. «Evocación del artista y amigo». Santa Cruz de La Palma: Sociedad de Estudios Generales de la Isla de La Palma, 2004.
- PÉREZ GARCÍA, Jaime. Fastos Biográficos de La Palma. CajaCanarias. La Laguna, 1985.
- Idem. Casas y Familias de una Ciudad Histórica: la Calle Real de Santa Cruz de La Palma. Madrid, 1995.
- POGGIO CAPOTE, Manuel. «Alberto-José, en La Palma para siempre». El Día (Santa Cruz de Tenerife, 1 de mayo de 1984).
- POGGIO CAPOTE, Manuel; HERNÁNDEZ CORREA, Víctor J.; LORENZO TENA; Antonio. Los carteles de la Bajada de la Virgen. Cabildo Insular de La Palma: II Congreso Internacional de la Bajada de la Virgen, 2020.
- RODRÍGUEZ ESCUDERO, José Guillermo. «Casi 33 años sin Alberto-José». El Día/La Prensa (Santa Cruz de Tenerife, 7 de enero de 2017).
Mi más sincero agradecimiento a Pedro Rodríguez Castaños, Rafael Daranas,
Felipe Henríquez Brito (q.e.p.d.), Manuel Poggio Capote, Fernando Leopold
Prats y Pedro Manuel Francisco de Las Casas por su generoso asesoramiento y
por la valiosa información aportada, fundamentales para la elaboración de este
modesto artículo, cuyo propósito es dar a conocer un poco más una relevante y,
hasta ahora, poco difundida figura de la cultura y la historia palmeras.



