Historia de La Palma
Donde el silencio rezaba entre cañaverales: el Convento de La Piedad
Vestigios del convento franciscano de Nuestra Señora de La Piedad de Los Sauces, el más pobre de la provincia y, quizá por ello, el más fiel al espíritu franciscano. Manuel Marcos rescata la huella de aquellos frailes que durante más de dos siglos formaron parte del alma del norte de La Palma.
Hubo un tiempo en que, entre cañaverales, barrancos y caminos, el silencio tenía campanas. A la sombra de la antigua Hacienda de Los Señores, apartado del bullicio del mundo y sostenido apenas por limosnas y manos humildes, se levantó el convento franciscano de Nuestra Señora de La Piedad de Los Sauces: el más pobre de la provincia y, quizá por ello, el más fiel al espíritu franciscano.
Hoy permanecen sus vestigios. Muros vencidos por la humedad, piedras que forman arcos, espacios reutilizados como establo o almacén, y el eco remoto de una vida conventual que durante más de dos siglos formó parte del alma del norte de La Palma.
La ermita primigenia y la Virgen flamenca
La historia comenzó mucho antes de la fundación del convento. Ya en el siglo XVI existía junto al puerto de El Guindaste una pequeña ermita dedicada a Nuestra Señora de La Piedad. Allí recibió culto por primera vez una de las imágenes más antiguas y queridas de la comarca: la Virgen de La Piedad, una delicada escultura flamenca salida, hacia 1540, de un taller de Amberes.
Aquella ermita, situada junto al antiguo camino real entre San Andrés y Puerto Espíndola, dio incluso nombre al lugar: «La Ermita». Desde La Galga hasta Barlovento, los vecinos sintieron siempre una profunda devoción por aquella imagen.
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Hubo un tiempo en que, entre cañaverales, barrancos y caminos, el silencio tenía campanas.
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MANUEL MARCOS PÉREZ HERNÁNDEZ
Llegan los franciscanos (1611)
En 1611, los franciscanos solicitaron la cesión de la ermita para establecer allí un pequeño convento. La iniciativa fue respaldada por los habitantes de San Andrés, Los Sauces y Barlovento, que veían en la presencia de los frailes no solo un auxilio espiritual, sino también un refugio para los más humildes. El 20 de noviembre de aquel año tomaron posesión del lugar fray Nicolás Casarón y Salvador Lorenzo, primer síndico del convento.
Pero los franciscanos pronto decidieron trasladarse. Tres años después demolieron la antigua ermita y levantaron el nuevo convento un poco más al sur, frente a la villa de San Andrés y bajo la protección de los poderosos propietarios de la Hacienda de Los Señores. Allí permanecieron hasta su desaparición definitiva.
No era un edificio grandioso. Precisamente en esa modestia residía su autenticidad. Tenía apenas ocho celdas, un pequeño claustro, cocina, refectorio, noviciado y granero. La iglesia era sencilla: una sola nave, coro alto y espadaña con tres campanas. Todo respondía a la pobreza voluntaria que defendía la orden franciscana. Aquel convento rural, aislado entre huertas y caminos, parecía más una prolongación del paisaje que una construcción humana.

Supresión, desamortización y ruina
La historia, sin embargo, suele ser implacable con los lugares humildes. En 1821 el convento fue suprimido por contar con menos de doce religiosos. Aunque volvió a abrir sus puertas en 1827 gracias al empeño de los vecinos y del ayuntamiento de San Andrés y Sauces, la restauración duró poco. Las leyes de desamortización de 1835 expulsaron definitivamente a los frailes y condenaron el edificio al abandono.
Después llegó la ruina. El tiempo, la humedad y el olvido hicieron el resto. En la noche del 4 de enero de 1854 se desplomó el techo de la iglesia. Milagrosamente se salvaron la Virgen de La Piedad, el retablo y las imágenes de San Francisco y San Diego, trasladadas a la parroquia de San Andrés y, posteriormente, a la parroquia de Montserrat en Los Sauces.
Aquel convento no fue solo un edificio religioso. Fue un símbolo de una época en que la fe, la pobreza y la solidaridad vecinal se entrelazaban con la vida cotidiana. Fue refugio espiritual de campesinos, puerto de consuelo para marineros y corazón silencioso de una comarca que todavía conserva, aunque a veces sin saberlo, la huella de aquellos frailes.
SOBRE EL AUTOR
Manuel Marcos Pérez Hernández es investigador del patrimonio histórico de la isla y colaborador habitual de El Faro de La Palma.
FONDO DOCUMENTAL
- Pérez Morera, Jesús. El Convento Franciscano de Nuestra Señora de La Piedad. Cuadernos de Cultura, n.º 3. Ayuntamiento de San Andrés y Sauces, 2001.
Fuente: artículo original de Manuel Marcos Pérez Hernández. Cesión exclusiva a El Faro de La Palma.



