OPINIÓN · LO QUE OCURRE ALLÍ · CUBA
La delincuencia en Cuba, vista desde dentro: del pequeño robo por necesidad a la violencia sin escrúpulos
Una mirada cubana al desgaste de un sistema que ya no garantiza el orden ni unas condiciones de vida dignas, escrita por Héctor Luis Gil, vecino de La Palma.
La delincuencia en Cuba es hoy un tema imposible de ignorar. Su auge y crecimiento están estrechamente vinculados a la profunda crisis que atraviesa el país y al evidente desgaste de un sistema que ya no logra sostener el orden ni garantizar condiciones de vida dignas. Dentro de este escenario conviven distintos perfiles delictivos.
Por un lado, están quienes cometen pequeños robos al Estado para sobrevivir, impulsados por la necesidad y la falta de alternativas reales. Son personas que, obligadas por la precariedad, aparentan una cosa mientras por detrás actúan de otra manera, muchas veces amparadas por cargos, estructuras políticas o posiciones de poder. Son los oportunistas que abusan de los más vulnerables en matutinos, reuniones o espacios laborales, escudándose en su autoridad.
Balanzas trucadas: la corrupción de cada día
Existen también quienes se aprovechan de los pocos espacios económicos que quedan: bodegas, carnicerías, mercados. Allí manipulan pesos y precios, convierten una libra en 460 gramos y utilizan balanzas «especiales» que siempre favorecen su bolsillo. Este tipo de corrupción cotidiana erosiona aún más la confianza social.
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Convierten una libra en 460 gramos y utilizan balanzas «especiales» que siempre favorecen su bolsillo. Este tipo de corrupción cotidiana erosiona aún más la confianza social.
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HÉCTOR LUIS GIL
La violencia que ya no teme dejar testigos
Pero el fenómeno más alarmante es el de los delincuentes que recurren a la violencia extrema: asaltos, asesinatos y crímenes cometidos en busca de grandes sumas de dinero. Son individuos desesperados, sin expectativas de futuro, que sienten que nada tienen que perder. Actúan con brutalidad, convencidos de que no serán capturados y de que eliminando testigos asegurarán su impunidad. Detrás de muchos de estos comportamientos se esconden trastornos de personalidad, rasgos sociopáticos y, sobre todo, un entorno social y estatal en decadencia.
Una justicia que ya no convence ni a las víctimas
La falta de justicia agrava el problema. Los juicios no satisfacen a las víctimas, el sistema penitenciario está obsoleto y las leyes parecen existir solo para mantener una apariencia de estabilidad y respeto a los derechos humanos, evitando críticas internacionales. En la práctica, la impunidad se vuelve parte del paisaje.
La diáspora observa, pero no puede resolver
La diáspora observa esta realidad con preocupación, pero sin capacidad real de ofrecer una solución. La historia demuestra que otros modelos socialistas que precedieron al cubano enfrentaron crisis similares, con patrones de deterioro social y aumento de la criminalidad.
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En la práctica, la impunidad se vuelve parte del paisaje.
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HÉCTOR LUIS GIL
LAS CLAVES DE LA COLUMNA
- Auge y crecimiento de la delincuencia ligado a la crisis profunda del modelo cubano.
- Pequeños robos al Estado por pura necesidad de supervivencia.
- Oportunistas amparados en cargos, estructuras políticas o posiciones de poder.
- Corrupción cotidiana en bodegas, carnicerías y mercados: balanzas trucadas y precios manipulados.
- Violencia extrema sin temor a dejar testigos, convencida de su impunidad.
- Sistema judicial obsoleto y aparato legal que mantiene la apariencia, no la sustancia.
- Una diáspora preocupada pero sin herramientas para resolver el problema.
SOBRE EL AUTOR
Héctor Luis Gil es ciudadano cubano residente en La Palma. Colabora con El Faro de La Palma con análisis sobre la realidad cubana actual.
Las opiniones expresadas en esta tribuna pertenecen a su autor y no reflejan necesariamente la línea editorial de El Faro de La Palma.



