OPINIÓN · SAN BARTOLO DE LA GALGA · I
San Bartolo, el alma de La Galga (I): el lugar, el barranco y el origen de un nombre
Entre una antigua ermita junto al barranco, un santo que acompaña a sus vecinos, una comunidad acostumbrada a trabajar unida y un curioso demonio que cada agosto vuelve a recorrer sus calles, La Galga conserva una de las tradiciones más singulares de La Palma.
San Bartolomé es mucho más que su patrón. Es memoria, historia y recuerdos; es el paisaje que lo rodea, las costumbres que se han transmitido de generación en generación y una forma de vivir y sentir el pueblo que quienes son de allí reconocen y quienes lo visitan pueden descubrir.
Cuando llega agosto, La Galga se transforma y la tradición vuelve a ocupar sus calles. Es entonces cuando vecinos, familias y visitantes se encuentran alrededor de una celebración que habla de sus raíces, de su identidad y de ese orgullo sencillo de pertenecer —o de sentirse parte, aunque sea por unos días— de un lugar con una historia propia.
Un lugar con historia antes de la ermita
Hay lugares que parecen haber sido escogidos por la historia. La Galga es uno de ellos.
En el norte del municipio palmero de Puntallana, allí donde la montaña se abre hacia el profundo barranco del mismo nombre y la vegetación de laurisilva envuelve el paisaje, se encuentra este pequeño núcleo cuya identidad se ha construido durante siglos alrededor de sus tierras, su ermita y sus tradiciones.

El territorio de La Galga aparece documentado al menos desde el 6 de agosto de 1501, cuando el conquistador castellano Alonso Fernández de Lugo concedió ocho cahíces —antigua medida de capacidad— de tierras y montes a Álvaro Pérez. El dato sitúa la historia del lugar apenas unos años después de la conquista de La Palma y antes, por tanto, de la primera referencia conocida a su ermita.
El nombre que salió del paisaje
El propio nombre de La Galga parece hundir sus raíces en el paisaje. Según el proyecto Toponimia de las Islas Canarias, de la Biblioteca de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, una galga es una «piedra redonda de considerables dimensiones», mientras que galgar designa un lugar caracterizado por la abundancia de este tipo de piedras. Esta explicación es considerada la más verosímil para el origen de los topónimos La Galga y Los Galguitos, ambos presentes en el norte de La Palma.

La palabra posee, además, una larga tradición en el habla canaria. El Tesoro de los diccionarios históricos de la lengua española recoge para galga la acepción de «piedra grande aunque manejable» y documenta su uso en Canarias desde antiguo; en el Vocabulario palmero de 1938 aparece definida como «piedra arrojadiza».
La etimología resulta especialmente sugerente en un territorio como este, surcado por profundos barrancos y laderas. El propio paisaje parece proporcionar la explicación de un nombre que, con el paso de los siglos, terminó identificando primero al territorio, después al barranco y finalmente al barrio que hoy conocemos como La Galga.
Y en ese paisaje, casi suspendida sobre el vacío, se encuentra la ermita de San Bartolomé.

La ermita, un balcón natural sobre el barranco
San «Bartolo», como se conoce popular y cariñosamente al patrón de La Galga, se venera en este pequeño templo situado en un privilegiado paraje del norte del municipio. Su plaza se aproxima al borde del enorme barranco de La Galga y se convierte en un extraordinario balcón natural desde el que contemplar un paisaje de una belleza difícil de explicar.

La primera referencia histórica conocida de la ermita aparece en las Sinodales del obispo Vázquez de Arce, en 1515. La fecha proporciona una idea de su antigüedad y permite comprender que la presencia de este lugar de culto se remonta prácticamente a los primeros tiempos de la organización religiosa de la isla.
En aquella época tan solo se oficiaba misa cuando los vecinos «por las tempestades e aguas no puedan venir a la iglesia de Puntallana». El cronista Lorenzo Rodríguez se refería con estas palabras a la parroquial de San Juan Bautista del casco municipal. La distancia, el relieve y las condiciones meteorológicas hacían difícil para los habitantes de La Galga desplazarse hasta la iglesia parroquial.

La ermita tuvo, además, varias advocaciones. En primera instancia estuvo dedicada a Nuestra Señora de La Galga, más tarde se denominó Nuestra Señora de la Concepción, luego Nuestra Señora de la Piedad y, finalmente, San Bartolomé, advocación que terminaría arraigando profundamente en la comunidad.
«
Y en ese paisaje, casi suspendida sobre el vacío, se encuentra la ermita de San Bartolomé.
»
José Guillermo Rodríguez Escudero
SOBRE EL AUTOR
José Guillermo Rodríguez Escudero es historiador y colaborador habitual de El Faro de La Palma. Firma en estas páginas artículos sobre patrimonio, arte y memoria de La Palma.
SAN BARTOLO DE LA GALGA, ENTREGA A ENTREGA
- San Bartolo, el alma de La Galga (I): el lugar, el barranco y el origen de un nombre (esta entrega)
- San Bartolo, el alma de La Galga (II): cinco siglos de obras, limosnas y pleitos
- San Bartolo, el alma de La Galga (III): el pueblo que compró su tierra y levantó su plaza
- San Bartolo, el alma de La Galga (IV): el retablo barroco y las imágenes que guarda la ermita
- San Bartolo, el alma de La Galga (V): el santo del cuchillo y la cadena de ceniza del volcán
- San Bartolo, el alma de La Galga (VI): el perro maldito y la noche en que el demonio sale a pasear
- San Bartolo, el alma de La Galga (VII): la fiesta, el arco y la leyenda del Salto del Enamorado
- San Bartolo, el alma de La Galga (y VIII): mientras haya quien lo lleve a hombros
MÁS ARTÍCULOS DE JOSÉ GUILLERMO RODRÍGUEZ ESCUDERO EN EL FARO
- La basílica que nunca se levantó (II): el sueño de un gran templo y la campaña que movilizó a La Palma
- La basílica que nunca se levantó (I): seis siglos de historia del Santuario de Las Nieves
- La Esclavitud de Nuestra Señora de las Nieves (y VI): el Libro restaurado y una fiesta desaparecida
- La Esclavitud de Nuestra Señora de las Nieves (V): fundaciones, mayorazgos y los devotos de la Octava
Colaboración de José Guillermo Rodríguez Escudero para El Faro de La Palma. Fotografías cedidas por el autor.



