El informe ‘Exclusión Residencial Extrema 2024’ advierte de la «transmisión intergeneracional» de la miseria. Los menores crecen en entornos de angustia habitacional que condicionan su desarrollo, mientras que el 17% de los jóvenes palmeros en exclusión ve paralizado su proyecto de vida.
DIRECTOR. EL FARO DE LA PALMA, 23 de noviembre de 2025.
SANTA CRUZ DE LA PALMA. La pobreza en La Palma no es solo una cuestión de adultos que han perdido el rumbo; es un lastre que se está cargando sobre los hombros de los más pequeños. El análisis pormenorizado del informe ‘Exclusión Residencial Extrema 2024’, elaborado por Cáritas Diocesana de Tenerife, arroja una radiografía preocupante sobre la edad de la pobreza: los niños y los jóvenes son víctimas directas de la falta de vivienda.
Los datos son fríos, pero la realidad que describen es desoladora. Del total de personas identificadas en situación de exclusión extrema en la isla, un 14,6% son menores de edad (de 0 a 17 años). Estos niños no viven solos bajo un puente, sino que forman parte de lo que los técnicos denominan «unidades familiares en exclusión». Son familias que malviven en infraviviendas, habitaciones hacinadas, coches o recursos alojativos temporales donde la intimidad y la seguridad brillan por su ausencia.
La trampa de la «transmisión intergeneracional» El estudio profundiza en las consecuencias psicológicas y sociales para estos menores. Los expertos advierten de un fenómeno conocido como la «transmisión intergeneracional de la exclusión».
Estos menores están desarrollando su vida percibiendo la carencia como la norma. El informe detalla que su experiencia vital está marcada por la falta de espacio para estudiar o jugar, la inseguridad residencial y el estrés constante de sus padres. Esta «mochila» de carencias afecta directamente a su desarrollo físico, social y emocional, condenándolos en muchos casos a heredar la pobreza de sus progenitores al no contar con las mismas oportunidades de partida que el resto de niños de la isla.
Juventud sin techo, juventud sin futuro Si miramos la franja de edad inmediatamente superior, la alarma no deja de sonar. El informe identifica que un 17,1% de las personas en exclusión extrema son jóvenes de entre 18 y 35 años.
Sumando ambos grupos, casi un tercio de la población sin hogar o en vivienda insegura en La Palma (31,7%) tiene menos de 35 años. Para este grupo de adultos jóvenes, la falta de vivienda supone una paralización total de su proyecto vital. En una edad donde deberían estar construyendo su independencia, se encuentran atrapados en una lucha diaria por la supervivencia, a menudo con problemas de salud mental incipientes que, de no tratarse, amenazan con cronificar su situación de por vida.
El documento concluye con una llamada a la acción: se necesitan programas de inserción específicos que eviten que esta juventud quede marcada para siempre por la exclusión.



