Hay puertas que, cuando se cierran, no solo clausuran un negocio, sino también un pedazo de la memoria colectiva de una ciudad. Eso es lo que ha ocurrido en la Calle O’Daly de Santa Cruz de La Palma con el cierre definitivo de la histórica Librería-Papelería Fidio, un lugar que durante décadas fue mucho más que una tienda: fue el refugio de lectores, el proveedor de generaciones de estudiantes y un punto de encuentro cultural insustituible.
La historia reciente de Fidio ha estado en manos de Isabel Hernández, quien ha estado detrás del mostrador durante los últimos 28 años. Ella continuó con el legado que su padre había iniciado, convirtiendo el negocio en un referente de profesionalidad y trato cercano. El motivo de su cierre no es una crisis, sino una jubilación merecida. Una noticia feliz para Isabel, pero agridulce para la capital.
El caso de la Librería Fidio es el rostro humano de una de las grandes tendencias que estudiaremos en profundidad en «El Faro de La Palma». No es un negocio que se apaga por la competencia o por falta de clientes, sino por la falta de un relevo generacional. Es la historia, cada vez más común, de una generación de comerciantes y artesanos que ha dedicado su vida a levantar la isla y que ahora, al llegar el momento de su descanso, no encuentra quien tome el testigo.
Desde que se conoció la noticia, las redes sociales se han llenado de cientos de mensajes de cariño y nostalgia. Palmeros de todas las edades han compartido sus recuerdos: desde la compra de su primer libro de texto hasta el descubrimiento de un nuevo autor gracias al consejo de Isabel.
Con el cierre de Fidio, Santa Cruz de La Palma no solo pierde una librería. Pierde un faro cultural y un símbolo de ese comercio local y familiar que define el alma de una ciudad.



