OPINIÓN · EL GALEÓN DE SAN TELMITO · IV
El Galeón de San Telmito (IV): las réplicas del galeón, la fiesta de septiembre y la restauración de 1999
Una copia viajó al Museo Naval de Madrid antes de 1934. Otra se guarda en el Barco de la Virgen. Y en 1999, vecinos y Cabildo devolvieron a la Virgen de la Luz y a San Telmo el esplendor que hoy vuelve a recorrer las calles cada septiembre.
Reproducciones del magnífico galeón
Como hemos visto, el galeón procesional es una pieza singular dentro del patrimonio de Canarias y uno de los pocos exvotos de estas características que se conservan en España y que son portados en andas al aire libre.
La extraordinaria obra causó tal admiración que, antes de 1934, el entonces director del Museo Naval de Madrid, el capitán de corbeta Julio F. Guillén y Tato, quedó fascinado al contemplarla y mandó unos artífices modelistas de la propia institución para que se realizara una completísima copia para las colecciones del espacio museístico, tallada en madera y profusamente decorada en oro. El restaurador del museo Juan San Martín Buceta fue el que ejecutó la bella obra.
Desde entonces, una reproducción exacta ocupaba un lugar destacado en esta «catedral de reliquias marineras», rodeada de las proas y popas de maquetas tan notables como las del «Rey Carlos» y el «San Antonio». No deja de ser significativo que Guillén y Tato, posteriormente ascendido a almirante, fuera el autor de Exvotos marineros. Su especial sensibilidad hacia este tipo de piezas le permitió reconocer, desde la primera vez que lo contempló, el extraordinario valor artístico y documental de nuestro barco votivo.
Francisco de las Casas señalaba también que, durante el desarrollo de estos trabajos, los expertos enviados por Guillén y Tato pudieron constatar de primera mano la notable pericia de nuestros carpinteros de ribera y la profunda vocación marinera de unos terratenientes convertidos en armadores.
En la actualidad, dicha pieza se encuentra en el Archivo-Museo Álvaro de Bazán, en la localidad de El Viso del Marqués, provincia de Ciudad Real, perteneciente a la Armada Española, y museo filial del Museo Naval de Madrid.
En la ficha técnica, la reproducción se describe como unas andas rectangulares de madera pintada, de color gris, con una vara o palo en cada esquina para poder ser llevadas a hombros. Sobre ellas se dispone la reproducción de un galeón tardío de finales del siglo XVII.
El casco, realizado en madera sobredorada, no está reproducido en su totalidad. La quilla no existe y el casco queda cortado en el plano de las andas, que coincide con la línea de flotación. Presenta un refuerzo formado por dos cintas a la altura de las cubiertas. En la proa se sitúan el castillo, un fuerte tajamar y un mascarón con la representación de un león rampante.
En la popa se encuentran el alcázar y la toldilla, cuyo espejo está decorado con pinturas. En el centro aparece representada la Virgen, mientras que en las esquinas se disponen, enmarcados y protegidos bajo cristal, los cuatro evangelistas. La popa está coronada por tres fanales. En los costados se observan dos lucernarios en forma de garita.
El armamento está representado por una batería corrida situada en la cubierta. El alcázar y la toldilla cuentan, además, con dos guardatimones.
La arboladura es completa e incluye bauprés, mayor, trinquete y mesana, todos ellos provistos de cofas redondas adornadas con empavesados rojos. El aparejo está compuesto por foques y velas cuadradas en el trinquete y el mayor, mientras que en la mesana combina vela cuadra y latina. En relación con el casco, la arboladura resulta desproporcionada, ya que presenta una altura considerablemente elevada.
Para la realización de la pieza se emplearon materiales naturales, principalmente cáñamo y madera, además del metal como material transformado. En la madera se aplicaron diferentes técnicas, entre ellas el tallado, el dorado y la pintura.
La reproducción presenta unas dimensiones de 277 cm de alto/longitud, 260 cm de ancho y 90 cm de profundidad. Como medidas específicas, registra una eslora de 152 cm y una manga de 45 cm.
Actualmente se encuentra en buen estado de conservación. Fue restaurada en 1992, intervención durante la cual se procedió a su limpieza, se consolidaron las piezas que se encontraban sueltas y se repusieron las jarcias que estaban rotas. Asimismo, se restituyó el fanal central, que se había perdido.
Se expuso con mucho éxito en la exposición Atempora: Cervantes 1616-2016 Shakespeare, en la catedral de Sigüenza (Guadalajara), del 8 de junio al 6 de noviembre de 2016, con motivo de la conmemoración del IV Centenario de la muerte de Miguel de Cervantes. En ella, junto con la reproducción de nuestro galeón, se expusieron obras de pintura, escultura, literatura, tapices y objetos históricos de los siglos XVI y XVII (Siglo de Oro).
Existe, además, una maqueta de menor tamaño de esta hermosa y emblemática pieza en el Museo Naval de Santa Cruz de La Palma, ubicado en el singular Barco de la Virgen. La reproducción fue realizada en 1999 por el reconocido maquetista naval Emilio Rodríguez García, empleando madera policromada y textiles para recrear con esmero los detalles de la pieza original. Actualmente, se conserva en una urna de cristal situada en las dependencias de la planta baja, donde continúa despertando la admiración y curiosidad de numerosos visitantes.
Fiestas de la Luz y San Telmo
El galeón de San Telmo forma parte, desde antiguo y hasta nuestros días, de las tradicionales fiestas del barrio. Hasta hace unos años, cada 7 y 8 de septiembre, colocado sobre su cubierta, el santo recorría las estrechas y empedradas calles del barrio que lleva su nombre, precediendo a la venerada imagen mariana. En la actualidad, su procesión tiene lugar tan solo en la onomástica de la Virgen, durante la tarde del día 8 de dicho mes, tras la solemne función religiosa en su honor.

En sus orígenes, la festividad del santo dominico se celebraba después de la Pascua de Resurrección e incluía «vísperas, tercia, misa, sermón y procesión», según recoge Fernández García.
Con el paso del tiempo, la celebración fue perdiendo relevancia hasta que se decidió en 1890 hacerla coincidir con la fiesta de la Virgen de la Luz, patrona del barrio.
La antigua fiesta mariana tuvo su origen gracias a la devoción de la beata y mecenas Ana González de Lima, quien, mediante su testamento otorgado en octubre de 1652, dispuso los recursos necesarios para sufragar los gastos de sus primeras celebraciones. Esta tradición fue continuada por su yerno, el Regidor Mayor de La Palma, José de Arce y Rojas, hasta 1680. Este ilustre capitán era el padre del mártir jesuita palmero de mismo nombre, conocido como «Apóstol del Paraguay». Ese año, el patriarca de la saga familiar pretendió trasladar la imagen de la Virgen de la Luz a la ermita de San Francisco Javier, fundada por los Arce y Rojas, y cuya primera misa tuvo lugar en noviembre de 1674. A esta iniciativa se opusieron la Cofradía de Mareantes, el vecindario y la autoridad eclesiástica. Esta última también rechazó la propuesta de celebrar la festividad de la Virgen con una imagen mariana que se veneraba en dicho oratorio, aunque sí autorizó la celebración de su octava. Con el paso del tiempo, la Cofradía y algunos vecinos asumieron la organización y el sostenimiento de la festividad.
Es durante estas celebraciones cuando el viejo bajel —nombrado cariñosamente «barquito de la Luz» —adquiere un especial protagonismo.
El «Barco de San Telmito» también formaba parte del recibimiento lustral de la Virgen de las Nieves, acompañando a la procesión general en su recorrido desde la iglesia de Santo Domingo hasta el Barrio de San Telmo. Asimismo, participaba en la salida de la Virgen del Rosario con motivo de su festividad, celebrada en octubre, desde el mismo templo, antiguo convento de San Miguel de las Victorias. Sin embargo, el galeón, con la imagen de su santo, ya no acompaña estas procesiones, tan esperadas y arraigadas entre la población insular.
Sin embargo, en septiembre sí se puede admirar en la calle, entre fuegos artificiales, bengalas, ruedas de fuego, banderas, gallardetes, estandartes, cuadros plásticos y el canto de las loas, la silueta del galeón se proyectaba sobre las fachadas de las casas tradicionales. Las luces de colores se deslizaban por sus mástiles y aparejos y, por momentos, el conjunto adquiría el aspecto de un barco enfrentado a una tempestad o lanzado al combate en alta mar.

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La historia, la fe y la tradición marinera de La Palma parecían concentrarse durante unos instantes en aquella pequeña nave iluminada.
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Se trataba de una escena de enorme fuerza visual: la historia, la fe y la tradición marinera de La Palma parecían concentrarse durante unos instantes en aquella pequeña nave iluminada.

Restauración del galeón y las imágenes
Las fiestas en honor a la Virgen de la Luz y San Telmo adquirieron en 1999 un significado especialmente emotivo, al culminarse la restauración de las dos veneradas imágenes.
La recuperación de la Virgen fue posible gracias a la generosa colaboración de numerosos vecinos y devotos del barrio, que se volcaron en la recaudación de fondos para hacer realidad un proyecto largamente anhelado. Entre quienes impulsaron aquella iniciativa destacó el incansable Félix Rodríguez González, figura estrechamente vinculada a la ermita y a todo cuanto gira en torno a ella: sus fiestas, su cuidado, su exorno floral, su limpieza y los continuos trabajos de conservación.
Fue, en buena medida, su empeño el que ayudó a mantener vivo aquel propósito. Como él mismo señalaba, fue el cariño y la devoción hacia la Virgen lo que llevó a los vecinos a dar el paso y asumir colectivamente una tarea para la que no contaron con apoyo institucional. Así, la recuperación de la imagen terminó siendo mucho más que una intervención material: fue también una muestra del compromiso de un barrio con su patrimonio y con una tradición que sus propios vecinos se negaron a dejar desaparecer.
Por su parte, la rehabilitación de la efigie de San Telmo, junto con su tradicional trono procesional, contó con el respaldo y la financiación del Cabildo Insular. De este modo, aquellas fiestas quedaron ligadas a un momento de especial ilusión y orgullo para todo el vecindario, que pudo volver a contemplar en todo su esplendor a sus imágenes más queridas.
Efectivamente, la restauración del patrono del barrio y sus andas, llevada a cabo entre 1998 y 1999 por el Taller Insular del Cabildo de La Palma, a petición de los vecinos del barrio de San Telmo, permitió recuperar la imagen y devolverle buena parte de la fisonomía con la que había sido concebida. En los trabajos participaron Isabel Concepción, Isabel Santos y Domingo Cabrera, mientras que el aparejo fue realizado por el ya mentado maquetista naval Emilio Rodríguez García.

Antes de iniciar la actuación, la pieza fue sometida a un examen detallado y a varias calas de limpieza para determinar el estado de conservación de la policromía. Durante este proceso se detectaron grietas, agujeros provocados por reparaciones anteriores y un aparejo con numerosos remiendos y un sistema de amarre inadecuado.
La intervención permitió estabilizar la pieza y recuperar la calidad de sus policromías, dorados, jarcias y velas. Se eliminaron antiguos repintes realizados con pinturas al óleo y purpurinas, se corrigieron sistemas de sujeción inadecuados, se asentaron las capas de policromía y oro, se limpiaron las superficies y se realizaron reintegraciones diferenciadas y tratamientos de protección. También se reconstruyeron las portas de los cañones y las anclas.
La restauración permitió recuperar incluso una pequeña tripulación de marineros toscamente tallados en madera. Entre ellos había un diminuto tamborilero. Cuatro figuras fueron reproducidas a partir del único original conservado, y el percusionista pudo reconstruirse gracias a una antigua fotografía.

En la popa se recuperó igualmente una pintura al óleo que representa a la Virgen con el Niño y a los cuatro Evangelistas, considerados los pilares simbólicos sobre los que se sustenta la doctrina de la Iglesia. Su factura ha llevado a investigadores como Fernández García y Pérez Morera a relacionarla con las maneras del pintor y escultor palmero Bernardo Manuel de Silva (1651-1721), «en especial al lienzo de la Virgen del Rosario con los santos eremitas del santuario de las Nieves».
Silva, considerado uno de los grandes representantes del Barroco en La Palma, mantuvo una estrecha relación con la confraternidad de mareantes, precisamente aquella cuyo patrón era San Telmo. Su obra reúne influencias flamencas, portuguesas y sevillanas, integradas en el particular lenguaje del Barroco insular, al que se suman incluso ecos del arte americano.

Aunque el galeón sigue siendo considerado una obra de autor anónimo, algunos investigadores —entre los que destaca Pérez Morera— han planteado la posibilidad de que fuese realizado por Andrés del Rosario (1615-1693), a quien también se atribuye el magnífico retablo mayor de la ermita, calificado por el profesor Alfonso Trujillo Rodríguez como «preciosa joya», obra de un maestro «poseedor de una categoría artística bien notoria».
SOBRE EL AUTOR
José Guillermo Rodríguez Escudero es historiador y colaborador habitual de El Faro de La Palma. Firma en estas páginas series documentadas sobre patrimonio, arte y memoria de La Palma.
EL GALEÓN DE SAN TELMITO, ENTREGA A ENTREGA
- El Galeón de San Telmito (I): la ermita del puerto y la cofradía de los hombres del mar
- El Galeón de San Telmito (II): el santo de la vela encendida y las dos tallas del barrio
- El Galeón de San Telmito (III): un exvoto de madera dorada tallado al detalle
- El Galeón de San Telmito (IV): las réplicas del galeón, la fiesta de septiembre y la restauración de 1999 (esta entrega)
- El Galeón de San Telmito (y V): un barco que sigue navegando por la historia de La Palma
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Colaboración de José Guillermo Rodríguez Escudero para El Faro de La Palma. Fotografías cedidas por el autor.


