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Reconstruir una isla es mucho más que volver a levantarla

by Héctor Izquierdo Triana
septiembre 19, 2026
in La Palma, Opinión
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Héctor Izquierdo Triana, Comisionado Especial del Gobierno de España para la Reconstrucción de La Palma

Héctor Izquierdo Triana.

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OPINIÓN · RECONSTRUCCIÓN DE LA PALMA

Reconstruir una isla es mucho más que volver a levantarla

Héctor Izquierdo Triana — Comisionado Especial del Gobierno de España para la Reconstrucción de La Palma

Ahora que se cumplen cinco años del inicio de la erupción volcánica, reflexiono sobre la responsabilidad de ser Comisionado del Gobierno de España para la Reconstrucción. Sabía que me enfrentaba a uno de los mayores retos profesionales de mi vida. Porque una casa, una finca o una carretera se pueden reconstruir con la inversión y el trabajo adecuados. Pero detrás de eso hay una vida: fotografías guardadas en un cajón, una mesa alrededor de la que se sentaron varias generaciones, un terreno trabajado durante décadas… Hay una manera de entender el paisaje y de entenderse a uno mismo. Y eso no se puede reponer con una transferencia bancaria. Esta es, probablemente, la parte más difícil de la reconstrucción: aceptar que, incluso cuando consigamos recuperar todo aquello que técnicamente sea posible recuperar, no podremos devolver exactamente aquello que desapareció.

Pero cinco años después también creo que es necesario mirar los datos. Porque, aunque no cuentan toda la historia de La Palma, sí nos ayudan a saber en qué punto estamos. La fotografía que ofrecen permite afirmar que la isla ha iniciado una nueva etapa. Si comparamos la situación actual con el momento inmediatamente posterior a la erupción, el PIB insular ha pasado de unos 1.378 millones de euros a 2.233 millones en junio de 2026. Si la comparación se hace con 2019, antes de la pandemia y del volcán, también encontramos un crecimiento: de 1.641 a 2.233 millones de euros. Los afiliados a la Seguridad Social han aumentado de unos 24.000 a 27.125, mientras que la tasa de empleo ha pasado del 46% al 51%, en un contexto en el que además la población ha crecido, de 82.671 a 86.833 habitantes. En julio de este año, el aeropuerto de La Palma alcanzó, además, su récord histórico de pasajeros desde su inauguración en 1970.

Son datos positivos, pero sería un error utilizarlos para decir que la reconstrucción ha terminado. Los indicadores agregados son medias y detrás de ellos siguen existiendo personas que sufren las consecuencias del volcán y necesitan respuestas. Un buen dato económico no devuelve una vivienda perdida ni recupera una finca. Pero sí nos dice algo importante: La Palma está cambiando su inercia y tiene capacidad para construir una nueva etapa.

Y en mi caso esta realidad tiene una dimensión especialmente personal. Yo nací y me crié en el Valle. Mi familia vive aquí y también estuvo entre las personas afectadas por los desalojos. Los lugares sobre los que hablamos en reuniones, los nombres que aparecen en los expedientes y los barrios cuya recuperación seguimos cada día no son para mí solamente puntos sobre un mapa. Son lugares que conozco. Detrás de cada expediente hay un vecino. Eso hace que este trabajo sea más difícil, pero también que tenga un sentido muy profundo.

La respuesta que hemos dado desde el Estado a La Palma no podía limitarse a la emergencia. Era imprescindible atender las necesidades más inmediatas: vivienda, agricultura, infraestructuras, empresas, empleo, servicios públicos, carreteras, agua o recuperación de espacios afectados. Pero, al mismo tiempo, teníamos que mirar un poco más lejos. Esta catástrofe nos obliga a reconstruir lo que había, pero también a preguntarnos qué queremos ser después. Y ahí aparece una segunda dimensión de la reconstrucción que considero fundamental: no se trata solamente de recuperar La Palma; se trata de ayudar a que La Palma tenga futuro.

La isla ya tenía problemas antes del volcán. El envejecimiento de la población, la pérdida de jóvenes, la dificultad para generar nuevas oportunidades económicas y la dependencia de determinados sectores no comenzaron con Tajogaite. La erupción agravó problemas que ya existían y añadió otros nuevos. Por eso hemos intentado que las respuestas del Gobierno de España tengan una mirada larga.

Hoy, aproximadamente un 22% del PIB insular procede de la Administración, la Educación y la Sanidad, mientras La Palma afronta también un importante envejecimiento de la población y forma parte de las zonas europeas con menor presencia de jóvenes. Frente a esta realidad, nuestra aspiración es que en la próxima década la ciencia pueda representar alrededor del 10% del PIB insular y genere cerca del 6% del empleo directo.

La Palma tiene algo extraordinario: un territorio que puede convertirse en un gran laboratorio de conocimiento. Tenemos uno de los mejores cielos del planeta y un ecosistema científico alrededor del Roque de los Muchachos que puede crecer todavía mucho más. El CTAO, el Telescopio Solar Europeo, el Telescopio de Treinta Metros (TMT) o el proyecto La Palma Quantum Interferometer (LPQI) son ejemplos de una concentración científica que puede atraer investigadores, empresas tecnológicas, proveedores, congresos y financiación internacional.

Pero no basta con que los grandes instrumentos científicos estén físicamente en La Palma. La verdadera oportunidad está en conseguir que una parte creciente de la cadena de valor permanezca en la isla: óptica, electrónica, software, mantenimiento, ingeniería, datos y nuevas tecnologías. El objetivo no es solamente hacer ciencia en La Palma, sino hacer también economía a partir de la ciencia que se hace en La Palma. Algunos proyectos ya apuntan en esa dirección, como el desarrollo de detectores para el LPQI, con un contrato de 14,5 millones de euros financiado por CDTI y FEDER. O la apuesta de PLOCAN en Tazacorte, imprescindible para desarrollar la economía azul.

Por eso estamos trabajando para fortalecer la formación especializada, impulsar una mayor presencia universitaria y consolidar nuevos sectores vinculados al mar, al cielo y a la tierra. Queremos que nuestros jóvenes puedan encontrar aquí oportunidades que hoy muchas veces tienen que buscar fuera. La intención es conectar formación e investigación con los grandes activos de la isla y atraer estudiantes e investigadores.

También queremos convertir una parte del conocimiento generado por el propio volcán en una oportunidad para el futuro. La decisión de situar en La Palma la sede física del futuro Centro Nacional de Vulcanología pretende convertir la experiencia acumulada durante el Tajogaite en conocimiento útil para la prevención, la monitorización y la gestión del riesgo volcánico, y en un posible nuevo nicho de actividad económica. Así lo demuestra a diario el proyecto ‘Alerta CO2’ que, en Puerto Naos y La Bombilla, monitoriza los gases perjudiciales de origen volcánico para «convivir» con ellos y evitar tener que cerrar los barrios definitivamente declarándolos como ‘zona catastrófica’. Eso sí que habría sido, económica y socialmente, terrorífico. Sin embargo, gracias a la ciencia de primer nivel que desarrollamos en La Palma, garantizamos la seguridad a los vecinos y estamos saliendo adelante, rondando el 90% de recuperación.

Y por eso también creo que debemos hablar de turismo de otra manera. La Palma no necesita convertirse en otro destino de turismo masivo. Puede atraer a visitantes que vengan precisamente por aquello que nos hace diferentes: nuestro paisaje, nuestra cultura, nuestra naturaleza y también nuestra ciencia. El astroturismo y el turismo científico pueden ayudar a construir un modelo turístico de mayor valor añadido y más conectado con el territorio.

La misma lógica se aplica a la energía. Si conseguimos avanzar hacia una isla cada vez más renovable, aprovechando recursos como la geotermia, no estaremos simplemente cambiando una fuente de energía por otra. Estaremos creando conocimiento, empleo y capacidad tecnológica y avanzando hacia un modelo más sostenible y menos dependiente del exterior. La Palma forma parte, además, de la iniciativa europea de islas renovables con el horizonte de avanzar hacia sistemas energéticos plenamente renovables.

La reconstrucción tiene una verdadera dimensión transformadora. Por eso no debemos confundir recuperación con final. La experiencia de La Palma nos ha enseñado que una emergencia termina cuando deja de correr la lava, pero una catástrofe no acaba necesariamente entonces. La recuperación social, económica y territorial necesita mucho más tiempo. Y necesita algo que considero imprescindible: que las administraciones trabajemos juntas. El Estado, el Gobierno de Canarias, el Cabildo y los ayuntamientos tenemos competencias diferentes, pero la ciudadanía no vive dividida por competencias administrativas. Vive en una casa, trabaja en una finca, abre un negocio, lleva a sus hijos al colegio y recorre una carretera. La reconstrucción nos obliga, por tanto, a mirar en la misma dirección.

Dentro de unos años, cuando echemos la vista atrás, no quisiera que la historia de La Palma después del volcán fuese solamente la historia de cuánto dinero se gastó o cuántas infraestructuras se reconstruyeron. Me gustaría que pudiéramos contar que fuimos capaces de devolver hogares, recuperar actividad, acompañar a quienes más lo necesitaban y, al mismo tiempo, abrir una nueva etapa para la isla.

Una etapa en la que nuestros jóvenes tengan razones para quedarse. En la que la ciencia sea también economía, la energía sea más limpia, el turismo respete el territorio y genere valor, la agricultura siga siendo parte esencial de nuestra identidad y el conocimiento nacido de una tragedia sirva para proteger a otras sociedades volcánicas. Que podamos decir que La Palma no se limitó a levantarse. Que aprendió, se transformó y construyó una nueva manera de mirar hacia el futuro.

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Un buen dato económico no devuelve una vivienda perdida ni recupera una finca. Pero sí nos dice algo importante: La Palma está cambiando su inercia y tiene capacidad para construir una nueva etapa

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HÉCTOR IZQUIERDO TRIANA — COMISIONADO ESPECIAL PARA LA RECONSTRUCCIÓN DE LA PALMA

SOBRE EL AUTOR

  • Héctor Izquierdo Triana es el Comisionado Especial del Gobierno de España para la Reconstrucción de La Palma. Nacido y criado en el Valle de Aridane, su propia familia estuvo entre las personas afectadas por los desalojos que provocó la erupción del volcán Tajogaite en 2021.
Tags: Comisionado Reconstrucción La PalmaHéctor IzquierdotajogaiteValle de Aridane
Héctor Izquierdo Triana

Héctor Izquierdo Triana

Comisionado Especial del Gobierno de España para la Reconstrucción de La Palma.

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