La Asociación de Vecinos de La Laguna ha manifestado su firme malestar ante la demolición total de la conocida como “escuelita azul”, la única parte del antiguo colegio que sobrevivió a la erupción de 2021. El colectivo vecinal denuncia una falta de consenso por parte de la Consejería de Educación y el Cabildo, defendiendo que la estructura debió integrarse en el nuevo proyecto como un símbolo de la identidad y resistencia del barrio frente a la catástrofe.
REDACCIÓN. EL FARO DE LA PALMA, 4 DE MARZO DE 2026
LA LAGUNA — El inicio de las obras del nuevo Centro de Educación Infantil y Primaria (CEIP) La Laguna ha reabierto una herida emocional en el vecindario. La asociación local, presidida por Marcelino Rodríguez, lamenta que las autoridades políticas hayan optado por demoler un edificio de más de 60 años con un profundo valor sentimental e histórico para varias generaciones de laguneros.
Un símbolo de identidad vs. el nuevo diseño
Para los vecinos, la «escuelita azul» representaba lo que el volcán no pudo arrebatar al barrio. El conflicto se centra en la decisión técnica de no rehabilitar e integrar la estructura antigua en el nuevo complejo educativo:
- Patrimonio colectivo: El edificio era escenario de hitos culturales y religiosos, además de ser un emblema de resistencia tras la erupción.
- Falta de consenso: El colectivo asegura que ni el Gobierno de Canarias ni el Cabildo consultaron el diseño con los colectivos locales.
- Cambio de modelo: Los vecinos critican que el nuevo edificio, de tres plantas, rompe con el diseño de escuela rural de una sola altura característico de la zona.
Obras necesarias pero con retraso
Aunque la asociación no cuestiona la urgencia de contar con el nuevo CEIP, subraya que las obras llegan tarde, más de cuatro años después de finalizar la emergencia volcánica. Según Rodríguez, el proyecto solo ha salido adelante gracias a la presión social y a la recogida de cerca de 7.000 firmas.
La incertidumbre sobre el regreso de las familias
Más allá del edificio, existe una preocupación real sobre quiénes llenarán las nuevas aulas. El colectivo vecinal pone en duda si las familias que perdieron su vivienda y han rehecho su vida fuera del barrio podrán regresar, dado que muchas han agotado sus ahorros e indemnizaciones en adquirir nuevos hogares lejos de la zona afectada por la lava.



