El investigador Manuel Marcos Pérez Hernández inicia una serie sobre el casco histórico de la Villa, uno de los núcleos mejor conservados del archipiélago y antiguo epicentro del comercio de azúcar y vino hacia Europa y las Indias.
POR: Manuel Marcos Pérez Hernández
El casco histórico de la villa de San Andrés constituye uno de los núcleos más homogéneos y mejor conservados de Canarias. Visto desde el aire, el paisaje que ofrece la Villa es de una belleza singular: el caserío salpicado de palmeras y envuelto por el verdor de las plataneras, se recorta nítidamente sobre el azul del mar. En torno al cuerpo de fábrica mudéjar de la Iglesia parroquial, se agrupan los tejados de las viviendas, alternando el blanco impoluto con los tonos ocres.
Durante los siglos XVI y XVII, la Villa de San Andrés fue la población más rica y floreciente de La Palma. Distinguida con el título de Villa desde los albores de la colonización castellana, se consolidó como el centro de una comarca dedicada casi por entero a la exportación lucrativa del vino y del azúcar. Su área de influencia se extendía desde Barlovento hasta La Galga; solo por su puerto llegaron a embarcarse, con destino a las Indias y el Norte de Europa, más de dos mil pipas anuales de vino. Por esta razón, San Andrés fue el único pueblo de la isla que contó con escribanos públicos, figuras imprescindibles para dar fe del considerable volumen de transacciones comerciales que se efectuaban cada año.
Un cruce de culturas y linajes
Esta intensa actividad mercantil atrajo a numerosos comerciantes extranjeros, especialmente portugueses, flamencos, catalanes y genoveses. Algunos de ellos, como el portugués Fernán Pinto o el genovés Domingo Corona Palaviccino, dieron origen a históricas e influyentes familias isleñas.

Para el viajero portugués, Gaspar Frutuoso, autor de “Saudades da Terra” (1590), San Andrés era una:
“Villa de labradores ricos de viñas y trigo; son 200 vecinos; tiene dos caletas por la parte del sur, en las que cargan sus vinos y azúcares, pero no temen ser atacados por ellas de enemigos, porque son bajos de costa brava, la mayor parte rocas acantiladas en la que diez hombres pueden defenderse contra mil”.
El corazón del conjunto: La Iglesia Parroquial
La población creció en torno a la iglesia parroquial, fundada a finales del siglo XV o principios del XVI. Declarada Iglesia parroquial y bautismal desde 1514, su cura beneficiado atendía las feligresías de San Andrés, Los Sauces, Las Lomadas, Los Galguitos y hasta 1591, también la de Barlovento. Asimismo en 1566, Marcos Roberto de Montserrat —administrador de la hacienda e ingenio de los Catalanes en Los Sauces— y su esposa, Jerónima de Benavent, fundaron una obra pía de ocho doblas de trigo que el beneficio de San Andrés debía repartir anualmente entre los pobres de la villa.
Como otros templos de la comarca, la cabecera de la Iglesia de San Andrés está orientada, por razones simbólicas, hacia el naciente. Su fábrica actual es el resultado de las reformas emprendidas por el doctor don Matías de Abreu (1641-1718). Los trabajos comenzaron por las capillas y sacristías de la cabecera, que fue reedificada entre 1686 y 1688, y culminaron en 1700 con la construcción de la nueva nave. La torre parroquial, que sustituyó a la antigua espadaña, se levantó en 1686. Es la única torre del norte de la isla y subraya la preeminencia histórica de este templo sobre los demás de la zona.
Ermitas y espacios sagrados
A la entrada de la villa, se halla la ermita de San Sebastián, erigida hacia 1527 por los primeros pobladores de San Andrés al santo abogado contra la peste. El edificio cuya factura era similar al de Santa Lucía en Puntallana, fue completamente remodelado en 1929.
Siguiendo el antiguo camino real, en las afueras y sobre un altozano, encontramos el Calvario. Se trata de un recinto almenado —el único de este tipo en la isla— que encierra una gran roca, sobre la cual aparecen tres grandes cruces de tea. Este espacio marcaba el final del trayecto procesional del Vía Crucis que partía desde la parroquia.
Finalmente, frente a la Villa y al otro lado del barranco del Agua, aún se divisan los restos del desaparecido convento franciscano de Nuestra Señora de la Piedad, fundado en 1614 sobre la orilla del mar. Su fachada meridional todavía conserva una portada con arco apuntado de estilo gótico.
BIBLIOGRAFÍA:
- La Villa de San Andrés Conjunto Histórico. Dr. Jesús Pérez Morera.
- Las Islas Canarias Saudades da Terra. Gaspar Frutuoso.
- Noticias para la Historia de la Palma. Juan B. Rodríguez Lorenzo.



