viernes, agosto 28, 2026
El Faro de La Palma
  • La Palma
  • Municipios
  • Deportes
  • Cultura
  • Canarias
  • El Mundo
  • Opinión
  • España
  • La Palma
  • Municipios
  • Deportes
  • Cultura
  • Canarias
  • El Mundo
  • Opinión
  • España
No Result
View All Result
El Faro de La Palma
No Result
View All Result

La leyenda no contada de los Dragos Gemelos

by Manuel F. Hernández Martín
junio 7, 2026
in Cultura, La Palma, Opinión
0
La leyenda no contada de los Dragos Gemelos
0
SHARES
151
VIEWS
Share on FacebookShare on Twitter

LEYENDAS DE LA PALMA · III

La leyenda no contada de los Dragos Gemelos

Dos hermanos gemelos de las antiguas Breñas, Urunte y Timizara, se enfrentan por el amor de la doncella Urbina mientras los soldados castellanos acechan las costas de Benahoara. Una historia de amor y fratría, y de los dos dragos que hoy se abrazan en El Llanito.

POR MANUEL F. HERNÁNDEZ MARTÍN

Esto sucedió en zona alta de la vasta comarca de Tedote, una franja ancha que se extendía desde los confines del cantón de Tigalate, por el sur, donde se veía salir la venerada estrella Canopo, hasta el espeso barranco del agua que les separaba de Tenagua, sus vecinos del norte, y siempre desde el mar hasta la cumbre. Eran tierras de abundante vegetación, beneficiada por los alisios del naciente, próxima al monte, cubierta de maleza y suelos pedregosos, a la que los naturales la llamaban Breñas. Poco a poco las habían convertido en verdes pastos, aptas para sembrar los granos que habían traído de antaño, desde el gran continente de donde procedían.

Tres hermanos al frente del cantón

El cantón estaba gobernado por tres hermanos, hijos del gran jefe Tenebucar: Tenisuaga, Agacensie y Bentacaise. Entre los tres se turnaban para dirigir al pueblo, convocar al Concejo de Ancianos, impartir la justicia, mediar en las disputas, vigilar las costas ante posibles invasiones de gentes extrañas, o a hacer la guerra si fuera el caso. Al finalizar cada solsticio de invierno se cambiaba de jefe, pero en el momento que aconteció esta historia, estaba bajo el mando de Tenisuaga. En las últimas lunas, el pueblo vivía pacíficamente, ajenos a los sobresaltos que, cada vez y con más frecuencia, arribaban a sus costas aquellas enormes «casas de madera» flotando en el mar, trayendo consigo hombres barbudos con ropajes y corazas de cuero, bien armados, llevándose cuanto encontraban a su alcance: ganado, hombres, mujeres y niños, sin saberse nada de ellos después. Hacía tiempo que no tenían esas visitas inesperadas, por lo que la vigilancia se había relajado.

Un pueblo donde todo se compartía

Las familias allí asentadas se repartían las tareas para que la convivencia y el sustento estuvieran garantizados para todos. Tenían mentalidad colectiva, habían establecido una original especialización en la división del trabajo. Los recursos que obtenían eran disfrutados equitativamente sin distinción de estatus; era un sistema organizado socialmente que llevaba funcionando desde hacía tiempo. Unas se dedicaban al cultivo y recolección de los granos, raíces de helechos y frutos del bosque; otras al marisqueo y a la pesca en las charcas de la costa; otras al pastoreo y ordeño del ganado; otras a fabricar vasijas y utensilios de barro, etc. Todos tenían un trabajo determinado, ese era su modo de vida, fundamental para el buen funcionamiento de la comunidad. Se diría que ese sistema político-social era el más avanzado de todos los pueblos que habitaban en Benahoara: todo se compartía.

Los gemelos Urunte y Timizara

Se cuenta que en una de esas familias vivían dos hermanos gemelos, llamados Urunte y Timizara, que moraban con sus padres en los alrededores del barranco de Aduares y cuya tarea era la del transporte del agua y acarreo de leña para las fogatas, aparte de conducir sus rebaños al pastoreo.

Urbina, la doncella de La Polvacera

En la zona baja de las Breñas, la que hoy se conoce como La Polvacera, residía otra familia que se dedicaban al curtido de las pieles y la confección de vestidos, aunque también molían a mano el grano tostado haciendo el gofio para distribuir a las familias que tenían asignadas. Esa actividad molinera se mantuvo en el tiempo, pero eso es otra historia. Con ellos convivía una hija muy bien parecida llamada Urbina, la cual se encargaba de entregar los pedidos a sus vecinos, obteniendo a cambio las otras cosas necesarias para la subsistencia de su clan y vecinos más próximos, tal como habían establecido los jefes y el concejo de la comarca. Ya se había convertido en una guapa y grácil doncella, lucía vistosos ropajes, los mejores cosidos y preparados del entorno, justamente los que elaboraban sus padres. Su elegancia y hermoso talle, provocaba envidia entre las otras jóvenes de la zona.

Cierto día en que los hermanos bajaban del monte, vieron llegar a Urbina cargando su petate con los pedidos para repartir a las casas. Enseguida se prestaron a ayudarla, viendo que casi no podía continuar por el peso que traía. Los jóvenes eran unos apuestos rubios, de buena presencia, complexión fuerte y apreciable estatura, superior a la de otros chicos de su edad. Desde ese momento, sin saber cómo y por qué, ambos se enamoraron de la chica morena y ojos granados, aquella que muchas lunas atrás recordaban haberla visto junto a otras doncellas, en las ocasiones en que todas las familias coincidían en las fiestas del Beñesmén, por el solsticio de verano. Ella también los había reconocido las veces que participaban en los juegos de lucha y la destreza con el palo, en los que resultaban siempre los ganadores en sus respectivos retos.

A partir de entonces, en cuanto tenían tiempo, los dos empezaron a enamorarla, cada uno por separado, siempre a escondidas uno del otro, porque ya se conocían las intenciones. La joven se dejaba cortejar pues ambos le gustaban, no se decidía si por Urunte o por Timizara. «¡Cuán difícil es la elección, si es que eran casi idénticos de apuestos y guapos!», se decía la chica. Urunte le llevaba siempre flores, mientras que Timizara le obsequiaba con pequeños regalos y unas tortas endulzadas que había aprendido a elaborar con su madre. Los gemelos pronto comenzaron a recelar el uno del otro, disputándose el amor de la doncella. Empezaron a distanciarse y poco a poco se fueron evitando; ya no se respetaban y no se protegían como antes, cada uno iba por su lado. A escondidas, se citaban con Urbina a la menor ocasión. Se vigilaban mutuamente.

El duelo por su amor

La separación llegó al extremo de retarse por conseguir el amor de ella. El ganador se quedaría con Urbina. Decididos a ello, eligieron un descampado cerca del cruce en el camino que sube a la Breña Alta, rumbo a la cumbre. Allí se citaron para luchar cuerpo a cuerpo, como lo habían hecho en sus juegos desde pequeños, pero esta vez por un motivo especial. La lucha comenzó con fuerte ímpetu y encarnizamiento, sin que hubiera un claro ganador. Ya no bastaba con caer al suelo sino que continuaron con saña. Pasaron al ataque con el palo, defendiéndose cada uno perfectamente y sufriendo heridas a partes iguales, pues también dominaban esa técnica. El duelo seguía muy empatado; cuando parecía que uno iba ganando, surgía de pronto la furia del otro y recuperaba la embestida. Prácticamente no hubo descanso pese a que sudaban y sangraban por las heridas recibidas, se conocían perfectamente tanto sus mañas como las defensas. La batalla continuó durante horas sin un claro ganador.

La incursión castellana

Con el fragor de la pelea no se percataron de los avisos que por bucios, silbos y gritos tocaban a rebato. Una nueva incursión de soldados castellanos se había internado en Las Breñas. Un grupo de ellos, que ya estaba cerca del terraplén, vieron cómo se peleaban aquellos dos muchachos animadamente. Aprovechando la distracción, los rodearon dispuestos a hacerles cautivos, sin dudas les reportarían buenos reales por su venta en los mercados de la Península. Exhaustos y sin fuerzas no consiguieron escapar de las largas picas que les impedían dar un paso sin que se clavaran en sus pechos. Eran un número superior, todo estaba perdido, ya no conseguirían de ninguna de las maneras escapar y menos lograr el amor de Urbina.

No lo pensaron dos veces, espalda contra espalda se dispusieron a defenderse, lucharían contra aquellos invasores, vendiendo cara su suerte. Urunte derribó a uno con la misma lanza que le amenazaba, Timizara hizo lo propio con el que tenía enfrente, pero enseguida los otros se les echaron encima dejándoles heridos de muerte. Allí, agonizando sobre la arena, daban el último suspiro con la imagen de la bella Urbina en sus recuerdos.

Los dos dragos que se abrazan

Y cuentan que, cuando encontraron los cuerpos de ambos hermanos abrazados, creyeron que se habían dado muerte entre ellos, disputándose el amor de la joven. Ella, enterada de la noticia, lloró amargamente de pena durante varias lunas, consumiéndose en la melancolía. Decidió quedar soltera, no sería para nadie y solo viviría para el recuerdo de los dos hermanos. Una de las «magas», sacerdotisa que sabía elaborar brebajes y ungüentos curativos, le aconsejó que plantara dos semillas de drago una frente a la otra, en el mismo lugar en que se dieron muerte y recordarlos para siempre. Una vez crecidos los árboles, cada luna grande ella debía recoger sangre de cada drago y beberla al pie de los mismos. De esta manera, los hermanos se verían reconfortados, sintiendo ella en su interior el amor que ambos le habían profesado.

Urbina cumplió con su promesa, los dragos crecieron y, con el tiempo, las ramas se fueron entrelazando como si los gemelos se volvieran a dar un abrazo en la eternidad. Hoy en día, los famosos Dragos Gemelos podemos contemplarlos en todo su esplendor en una ajardinada placita del barrio de El Llanito, a pocos metros del cruce que sube al pago de San Isidro, conocido hasta los años cincuenta como «la Breña Alta».

«

Las ramas se fueron entrelazando como si los gemelos se volvieran a dar un abrazo en la eternidad.

»

MANUEL F. HERNÁNDEZ MARTÍN — LEYENDAS DE LA PALMA · III

Lo que prefiero creer

Esta es la historia que a mí me contaban y así lo narro yo aquí. Sin embargo, la tradición popular sigue insistiendo que la lucha fue tan encarnizada que se habían dado muerte entre ellos por el amor de la joven. ¿Cómo iban a darse muerte dos hermanos si los vínculos de sangre eran tan profundos y que, con toda probabilidad, habían hecho un pacto: tanto uno como otro estarían dispuestos a renunciar al amor de Urbina si resultaba perdedor?

Quiero creer que esta historia fuera así realmente, y el ejemplo lo tenemos en los dos dragos que han crecido desde tiempos remotos luciendo una grandiosidad fuera de lo común, tan esbeltos y robustos como fueron los hermanos gemelos que sucumbieron ante el poderío de la sinrazón, la codicia y la crueldad de unos seres humanos venidos de lejos para someter a los tranquilos habitantes de la isla.

NOTAS

  • Beñesmén o beñesmer: fiesta veraniega en la que se celebraba la cosecha; se reunían las familias de los pueblos limítrofes, se cantaba al son de chácaras y tambor, se organizaban juegos y bailes y se celebraba el término de un nuevo ciclo.
  • La Breña Alta: nombre por el que antes se conocía el barrio de San Isidro; hoy lo lleva todo el municipio.
  • Mañas: trucos o artes de la lucha canaria.

MÁS LEYENDAS DE LA PALMA EN EL FARO

  • I · El Roque Idafe y el Volcán — un padre y un hijo benahoaritas suben a la Roca Sagrada cuando la tierra empieza a temblar bajo Cumbre Vieja.
  • II · Los amantes de Tabureites: la leyenda de Acerina — dos amantes de bandos enfrentados, unidos para siempre por el fuego y el viento.

SOBRE EL AUTOR

Manuel F. Hernández Martín es escritor palmero. Firma en El Faro de La Palma la serie «Leyendas de La Palma», un recorrido por las historias antiguas de la isla awara —la Benahoara prehispánica— y por los nombres de sus cumbres, sus barrancos y su gente.

Tags: Benahoarabreña altaDragos GemelosLeyendas de La PalmaManuel F. Hernández MartínMitología canaria
Manuel F. Hernández Martín

Manuel F. Hernández Martín

Escritor palmero, autor de «Apuntes para la Historia del Montañismo en La Palma» (con Aurelio Rodríguez Concepción) y «Entre viajes y perfumes». Estrena en El Faro de La Palma la serie «Leyendas de La Palma», un recorrido literario por el imaginario benahoarita de la isla.

Next Post
El alisio sigue mandando este viernes: lluvias débiles de madrugada en el norte y el este, y sol en el Valle de Aridane

El cierre informativo del domingo, en vídeo y en un minuto

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Cabildo de La Palma - Transformamos La Palma con el FDCAN 2026
Fiestas de Nuestra Senora de Candelaria 2026 - Ayuntamiento de Tijarafe - 17 agosto al 8 septiembre
Proyecto LIBERA Publicidad
Burger Fest Canarias 2026 - Parking Recinto Portuario, Santa Cruz de La Palma - 4, 5 y 6 de septiembre
  • Aviso legal
  • Política de privacidad
  • Política de cookies

© 2026 El Faro de La Palma. Todos los derechos reservados..

No Result
View All Result
  • La Palma
  • Municipios
  • Deportes
  • Cultura
  • Canarias
  • El Mundo
  • Opinión
  • España
Contacto

© 2026 El Faro de La Palma. Todos los derechos reservados..