LOS RAMOS DE FRUTA · II
Los ramos de frutas (II): Breña Alta, el arco de San Pedro que nunca dejó de florecer
Breña Alta conserva uno de los rituales más singulares del patrimonio festivo canario: los tres ramos de frutas del arco de San Pedro, cada 29 de junio.
Si hay un lugar donde la tradición de los ramos de frutas ha logrado sobrevivir al paso del tiempo, ese es, sin duda, Breña Alta. En este municipio del este de La Palma, la festividad de San Pedro Apóstol continúa conservando uno de los rituales más singulares del patrimonio festivo canario: la elaboración y colocación de los espectaculares racimos de frutas que adornan el tradicional arco levantado en honor al patrón.
Breña Alta, donde los ramos de frutas nunca dejaron de florecer
Lejos de tratarse de una costumbre reciente o recuperada, la documentación demuestra que estos ramos ya eran considerados una tradición consolidada hace muchas décadas. Las páginas del Diario de Avisos, decano de la prensa de Canarias y fundado en Santa Cruz de La Palma, permiten seguir la evolución de esta manifestación popular a lo largo del siglo XX.

El 27 de junio de 1949, el periódico anunciaba las fiestas patronales con una breve pero significativa referencia:
«Lucida novena en honor del Príncipe de los Apóstoles, con profusión de flores y lucimiento de los tradicionales racimos de frutas».
La noticia confirma que, a mediados del pasado siglo, aquellos racimos ya formaban parte inseparable de las celebraciones dedicadas a San Pedro.
El mismo artículo adelantaba el programa previsto para la víspera de la festividad, el 28 de junio:
«A las 16:00: engalanamiento de la plaza e inmediaciones, y confección de los antiguos arcos de ramaje y racimos de sabrosos frutos».
Apenas cuatro años después, el propio Diario de Avisos volvía a destacar esta tradición al anunciar las fiestas de 1953:
«El tradicional arco de ramajes lucirá hermosos racimos de frutas».
Y un año más tarde, el 25 de junio de 1954, insistía en la continuidad de la costumbre:
«Día 28 a las 15:00 engalanamiento de calles y plazas inmediatas, con el levantamiento de los tradicionales arcos de ramajes donde serán colocados los típicos racimos de frutas».
Estas referencias periodísticas permiten comprobar cómo el enrame de San Pedro constituía ya entonces uno de los actos centrales de las fiestas patronales, una costumbre esperada por todo el pueblo y transmitida generación tras generación.
Una tradición que continúa viva
Lejos de desaparecer, esta manifestación ha llegado hasta nuestros días. El programa oficial de las fiestas patronales de Breña Alta de 2008 recogía expresamente uno de los momentos más esperados de la jornada del 29 de junio:
«Día 29 de junio, a las 09:00, colocación de los tradicionales ramos de frutas en el arco confeccionado en honor de San Pedro Apóstol, patrón del municipio».
La permanencia de este acto demuestra que los ramos siguen siendo uno de los grandes símbolos de la identidad festiva del municipio.
La Calle del Arco, escenario de una tradición única
Cada 29 de junio, la empinada callejuela situada junto a la iglesia parroquial —conocida significativamente como Calle del Arco— se convierte en el corazón de las celebraciones.

Por ella discurre la procesión de San Pedro y San Isidro, acompañada por los vecinos y visitantes que cada año acuden para contemplar uno de los elementos más característicos de la fiesta.

Suspendidos del único arco que hoy continúa levantándose en honor al santo, cuelgan desde primeras horas de la mañana tres magníficos ramos de frutas.
Dos de ellos presentan la clásica forma de peonza o campana, mientras que el tercero, situado en el centro y de mayores dimensiones, adopta la silueta de una barca de pescador, en cuyo interior aparece representado el busto del apóstol San Pedro, evocando su condición de pescador antes de convertirse en el primer pontífice de la Iglesia.
En otras ocasiones, la embarcación deja paso a otra composición igualmente simbólica: una reproducción del santo sentado en su cátedra o trono, elaborada íntegramente con frutas frescas. Ambas representaciones se alternan según la edición de las fiestas, enriqueciendo una tradición que continúa reinventándose sin perder su esencia.
Auténticas esculturas realizadas con frutas
La belleza de estos ramos reside tanto en su significado como en la extraordinaria habilidad de quienes los confeccionan.
Su elaboración requiere paciencia, experiencia y un profundo conocimiento de una técnica transmitida durante generaciones.
Los frutos carnosos se distribuyen formando franjas perfectamente simétricas que rodean toda la estructura, alternando tamaños, colores y texturas hasta conseguir una composición de gran armonía visual.

En los extremos suelen colocarse racimos de uvas, mientras que el conjunto se remata con claveles blancos o rojos que aportan mayor vistosidad y equilibrio cromático.
Las frutas empleadas varían según la cosecha de cada año, aunque tradicionalmente predominan las ciruelas, naranjas, peras, uvas, albaricoques, guindas silvestres y otros frutos de temporada.
El resultado final recuerda más a una obra escultórica que a un simple adorno festivo.
No resulta extraño que la investigadora Hernández Pérez describiera estas composiciones con una comparación tan acertada como sugerente:
«En su conjunto semejan una lámpara barroca o rococó».
La ornamentación frutal no se limita únicamente al gran arco. Todavía hoy se mantienen otras expresiones de esta antigua tradición, como el adorno de los ciriales que preceden a la cruz parroquial durante la procesión.

Estos faroles de plata continúan decorándose con flores, espigas y frutas, recordando el esplendor que alcanzaron antiguamente los enramados de San Pedro.
Cuando todo Breña Alta ofrecía sus frutos al patrón
Sin embargo, el aspecto actual constituye solo una parte de lo que llegó a ser esta celebración.
Antiguamente, cada uno de los barrios de Breña Alta elaboraba su propio ramo de frutas como ofrenda a San Pedro. Aquellas composiciones se distribuían por los distintos arcos de brezo y monteverde levantados para la ocasión, así como por el interior de la iglesia parroquial, creando un extraordinario conjunto ornamental hoy desaparecido.
Con el paso del tiempo esta costumbre fue perdiéndose poco a poco. Únicamente ha permanecido la aportación del barrio de San Isidro, cuya imagen acompaña cada año a San Pedro tras llegar al casco del municipio en alegre romería desde su ermita del monte una semana antes de la festividad.
Gracias a esa continuidad, una parte esencial del antiguo ceremonial ha conseguido llegar hasta nuestros días.
Segunda entrega de la serie de José Guillermo Rodríguez Escudero sobre los ramos de frutas en las fiestas de La Palma. Continuará.
SOBRE EL AUTOR
José Guillermo Rodríguez Escudero es historiador y colaborador habitual de El Faro de La Palma. Firma en estas páginas artículos sobre patrimonio, arte y memoria de La Palma.
LOS RAMOS DE FRUTAS, POR ENTREGAS
- Primera entrega: el arte efímero y la historia en la Bajada de la Virgen
- Tercera entrega: Las Lomadas, otras fiestas e islas (próximamente)



