LOS RAMOS DE FRUTA · I
Los ramos de frutas: el arte efímero que aún florece en las fiestas de La Palma
Una tradición centenaria que se niega a desaparecer
Las fiestas populares de La Palma conservan aún algunas de las expresiones más bellas y singulares de su patrimonio tradicional. Entre ellas destacan los ramos o racimos de frutas, auténticas obras de arte efímeras elaboradas con frutos de temporada que, durante siglos, formaron parte inseparable de las celebraciones religiosas de la Isla.
Aunque hoy apenas sobreviven en Breña Alta y en el barrio de Las Lomadas, en el municipio de San Andrés y Sauces, esta costumbre estuvo presente antiguamente en la mayor parte de los pueblos palmeros. Iglesias, ermitas, plazas y calles se transformaban en espacios festivos donde el color de las frutas, las flores, las ramas y las cintas convertían las celebraciones patronales en un espectáculo para todos los sentidos.
Aquellos enramados populares no eran simples adornos. Constituían una ofrenda colectiva, fruto del trabajo vecinal y de una tradición transmitida de generación en generación. Cada ramo suponía horas de dedicación y reflejaba la riqueza agrícola de la Isla, además del profundo sentimiento religioso de quienes los confeccionaban.
Hoy, cuando muchas manifestaciones del patrimonio inmaterial han desaparecido o permanecen únicamente en el recuerdo de los mayores, los ramos de frutas continúan siendo uno de los ejemplos más valiosos de la cultura popular palmera.
Un legado que hunde sus raíces en la historia

La antigüedad de esta tradición está ampliamente documentada. Numerosas referencias históricas demuestran que los ramos de frutas ya formaban parte de las grandes celebraciones religiosas de La Palma hace varios siglos.
No resulta extraño que así fuera. La Bajada de la Virgen de las Nieves, considerada la fiesta por excelencia de la Isla y origen de buena parte de las manifestaciones festivas palmeras, incorporó desde antiguo estos llamativos adornos vegetales y frutales.
Uno de los testimonios más valiosos aparece en la Descripción Verdadera…, publicada en 1765, donde se narra el extraordinario aspecto que presentaba Santa Cruz de La Palma durante aquellas celebraciones.
El cronista describe una ciudad completamente transformada:
«…hallábase este llano, que es el principio de esta ciudad, frondosamente adornado de ramos, flores y banderas, donde llegada que fue la Señora, hizo pausa bajo un arco hecho de obra aunque campestre, primorosa […] Al entrar en dicha plaza del Patriarca Domingo, se miraba todo hecho un monte, el más frondoso con la mucha variedad de ramos y árboles, de atributos de la Virgen […] eran sus flores, de las más primorosas de Génova, tan diversas como hermosas, y otras, de pasta y escarcha; los ramos de frutos artificiales, también de Génova, tan naturales que hacía dudar la vista el primor del aseo, si fue naturaleza el artificio […] Despidiese aquí, en su llano el Santo Patriarca y se prosigue con la Procesión a las Claras. Estaban las calles, desde el convento a dicho monasterio, llenas de banderas y ramos frondosos, como también toda la Calle Real, que era un paraíso así en ramos como en flores […] estaba lleno de banderas, en astas muy descolladas, vestidas de ramos y flores y multitud de árboles y ramos […]»
La descripción transmite la impresión de una ciudad convertida en un inmenso jardín ceremonial. Árboles, ramas, flores y frutos cubrían calles y plazas para recibir a la patrona insular, convirtiendo el espacio urbano en una escenografía de extraordinaria belleza.
Cuando Santa Cruz de La Palma se transformaba en un jardín de frutas
El aspecto de la capital durante aquellas celebraciones vuelve a quedar reflejado medio siglo más tarde en el manuscrito de la Bajada de 1815.
El documento ofrece una detallada imagen del ambiente festivo que envolvía la ciudad:
«[…] A los lados del trono había una en uno una palma y en otro un plátano […] En dicha noche los del lugar de San Pedro que enramaban el día siguiente, adornaron la plaza que parecía el monte: al medio había un pino que lo trajeron doce hombres y con poca diferencia eran los demás ramos […] En el tanquito del Consejo una hermosa glorieta con palmas, plátanos y multitud de flores […] Todo eran banderas, fuegos y composiciones, ramas, cortinas, nubes, trapos, espejitos, damascos, angelitos, flores, frutas, tela de oro, festones de flores, láminas, ramos de frutas, guarniciones de plata, banderas, rasoliso, talcos […] Fue toda la diversión en la bocacalle de la Cuesta de Miguel Agustín pues además de los buenos fuegos que tuvo, había un paso figurando un jardín en el cual había de todas las frutas que se conocen en esta isla […]»
Más allá de la evidente riqueza ornamental, estas descripciones permiten comprender la importancia que tenían las frutas dentro de la escenografía festiva. No se trataba de un elemento secundario, sino de uno de los grandes protagonistas del embellecimiento de calles, plazas, altares y recorridos procesionales.
Fachadas, balcones, ventanas y plazas lucían completamente engalanadas mediante colgaduras, frutas, flores, arcos y altares efímeros, creando una imagen que impresionaba tanto a los habitantes de la isla como a los viajeros que la visitaban.
El renacer de una antigua costumbre en la Bajada


Afortunadamente, parte de aquella tradición ha vuelto a recuperar protagonismo durante las últimas ediciones de la Bajada de la Virgen de las Nieves.
Desde 2005, y de manera ininterrumpida, la calle Real de Santa Cruz de La Palma vuelve a contemplar la instalación de varios arcos triunfales inspirados en aquellos que adornaban la ciudad siglos atrás.
Estas estructuras acompañan dos de los actos más simbólicos de las fiestas lustrales: la subida de la Bandera de María hasta el Castillo de la Virgen y el recorrido del Trono —conocido también como el Equipaje de la Virgen— desde el Santuario hasta la iglesia matriz de El Salvador.
Los arcos, ofrecidos tradicionalmente por Breña Alta (San Pedro) y Garafía (San Antonio del Monte), reproducen fielmente el espíritu de los antiguos enramados. Se levantan sobre sólidas estructuras de madera completamente cubiertas de pírsigo y monteverde, sobre las que se colocan espectaculares composiciones vegetales y frutales.
Entre ellas destacan las elegantes peonzas elaboradas con frutas frescas, a las que se suman otras figuras de gran simbolismo religioso: las llaves cruzadas de San Pedro, la cátedra del primer pontífice o una gran tiara de tres coronas que representa la dignidad papal.
En algunas ediciones también se instalaron estilizados ramos confeccionados con naranjas, peras, membrillos, limones, manzanas, pimientos rojos y otros frutos de temporada en los grandes maceteros de la Plaza de España.
Todo el recorrido de la calle Real se completó con traperas y composiciones elaboradas con productos agrícolas de la Isla, en las que no faltaban cestos y racimos de frutas suspendidos de balcones, galerías y ventanales, recuperando así una imagen que parecía perdida para siempre.
Dos pueblos conservan el alma de esta tradición
Si bien la costumbre de elaborar ramos de frutas estuvo presente durante siglos en numerosos municipios palmeros, hoy son únicamente dos lugares los que mantienen viva esta expresión del patrimonio popular: Breña Alta y el barrio de Las Lomadas, en San Andrés y Sauces.
En ambos casos, los ramos continúan confeccionándose como ofrenda a San Pedro Apóstol con motivo de su festividad, cada 29 de junio.
Su permanencia constituye un auténtico ejemplo de conservación del patrimonio inmaterial, ya que el proceso de elaboración sigue realizándose de manera artesanal, utilizando frutas frescas de temporada y respetando las formas heredadas de generaciones anteriores.
Gracias al esfuerzo de vecinos y vecinas, estas composiciones siguen siendo uno de los momentos más esperados de las fiestas patronales, manteniendo viva una tradición que hunde sus raíces en varios siglos de historia.
Primera entrega de la serie de José Guillermo Rodríguez Escudero sobre los ramos de frutas en las fiestas de La Palma. Continuará.
SOBRE EL AUTOR
José Guillermo Rodríguez Escudero es historiador y colaborador habitual de El Faro de La Palma. Firma en estas páginas artículos sobre patrimonio, arte y memoria de La Palma.
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