La crisis energética en Cuba ha alcanzado un punto crítico, con apagones diarios de hasta 18 horas que paralizan la vida en la isla. Para la gran comunidad cubana en La Palma, estas noticias son más que titulares: son la angustia diaria por sus familiares. A continuación, recogemos sus historias.
Una infraestructura al límite
Más allá del drama humano diario, los testimonios apuntan a un problema de fondo que condiciona todo el futuro de la isla: el colapso de una infraestructura energética obsoleta. Décadas de falta de inversión y mantenimiento han llevado a las centrales termoeléctricas al límite. Esta parálisis no solo provoca apagones; frena cualquier posibilidad de desarrollo económico y crea una espiral de precariedad.
La vida a cuentagotas


Los testimonios que llegan a nuestra redacción desde La Palma dibujan una realidad asfixiante. «El gas llega a cuentagotas, y solo se puede usar cuando no hay electricidad», nos cuenta una familia. A la odisea de cocinar y conservar la comida, se suma una tortura invisible: el calor. «Dormir es desesperante sin un simple ventilador, y soportar el día es todavía peor», nos transmiten. En muchos lugares, «solo los sitios oficiales van a trabajar 3 o 4 días en semana para ahorrar energía», y «los colegios sin energía no pueden funcionar y las clases se retrasan».
Un futuro incierto: el factor Trump





