Por Manuel Marcos Pérez Hernández.
Por mediación de mi compañera Ana García, portavoz del PSC-PSOE en el Ayuntamiento de la Villa de Breña Baja, he recibido una noticia que me ha llenado de satisfacción: la Corporación Municipal, presidida por el alcalde Borja Sicilia, ha acordado dar nombre de una calle del municipio a mi querido amigo y compañero, Carlos Fernández Felipe.
Hay decisiones que no solo ordenan el espacio público, sino que rescatan la memoria. Esta, sin duda, pertenece a esa categoría.
Carlos fue maestro, que era su vocación primera y más íntima antes que la vida lo condujera al servicio público, donde desplegó una entrega constante en distintas responsabilidades. Fue vicepresidente del Cabildo desde 1983 hasta su nombramiento como delegado insular del Gobierno en La Palma, cargo que asumió en octubre de 1985 en un acto celebrado en la Delegación Insular del Gobierno, presidido por el gobernador civil, Antonio Martinón Cejas. Permaneció en esta responsabilidad hasta 1996.
Tenacidad y servicio a la isla
A partir del año 1987, año en qué fui elegido alcalde de San Andrés y Sauces, tuve la fortuna de caminar a su lado en los primeros compases de aquella responsabilidad. Carlos no solo fue un compañero: fue un amigo leal. Juntos viajamos en varias ocasiones a Madrid, llevando ante distintos ministerios asuntos de toda una isla. Recuerdo su tenacidad serena, su empeño firme por culminar las obras del embalse de La Laguna de Barlovento, así como las balsas de Adeyahamen y Bediesta en San Andrés y Sauces.
Pero Carlos no se agotaba en la política. Su compromiso con la tierra también se expresaba en otros ámbitos más silenciosos, más íntimos: la lucha canaria, a la que dedicó esfuerzo como delegado insular de la Federación; y la viticultura, donde encontraba otra forma de paciencia y arraigo. De sus viñedos en Breña Baja nacía un vino excelente, que incluso llegó a llevar en sus botellas el nombre de su esposa, Etna Nieves, mujer a la que guardo también un afecto profundo.
Un símbolo de afecto
Conservo una imagen que, con los años, se ha vuelto símbolo: en el día de mi toma de posesión de mi segundo mandato como alcalde, fue Carlos quien me entregó el bastón de mando. Hay gestos que trascienden el protocolo y se convierten en memoria.
Carlos Fernández Felipe falleció en 2024, a los 88 años, rodeado del cariño de sus cuatro hijos, a quienes hoy felicito porque tuvieron un padre ejemplar. Y mientras escribo estas líneas, pienso en lo justo de que su nombre permanezca en una calle de Breña Baja, el lugar que lo vio nacer y al que perteneció con naturalidad y orgullo.
«El próximo 15 de mayo no podré estar presente en el acto de descubrimiento de la placa. Pero estarán, sin duda, la memoria, el afecto y la gratitud hacia uno de esos hombres que dejan huella sin necesidad de levantar la voz.»



