Un recorrido por los orígenes, la formación y la ingente labor como investigador e historiador del patrimonio palmero de una figura imprescindible de nuestra cultura.
Por: José Guillermo Rodríguez Escudero
Orígenes y formación artística Nacido en Santa Cruz de La Palma el 22 de julio de 1928, fue hijo de Maximiano Fernández de Armas y de Juana García Fernández. Desde su niñez, Alberto-José Fernández García fue un polifacético artista que había sentido una señalada inclinación hacia la pintura y el dibujo, aunque, como veremos, el campo en el que destacó sobremanera fue en el de la investigación histórica.
Su juventud estuvo muy marcada por el entorno familiar. Las enseñanzas de Felipe Felipe Afonso tuvieron amplia repercusión en la personalidad artística de Alberto-José. Así, estas se reflejaron bien temprano en el uso magistral del dibujo y, como dijera Garrido Abolafia, «en un sentido innato de la proporción y de la estética, así como un amor, vocación vital a la postre, por el Arte en todas sus manifestaciones».
De formación autodidacta, cultivó diversos géneros dentro de los cánones académicos, como el retrato, los bodegones, la pintura religiosa y las marinas, demostrando una sólida técnica y una sensibilidad artística bien definida desde sus primeros años.
Investigador e historiador del patrimonio palmero Además de su faceta como pintor, Alberto-José Fernández García destacó profundamente como investigador apasionado de la historia de La Palma. Su dedicación al estudio del pasado insular, de las fiestas populares y de las tradiciones locales se tradujo en una extensa producción de trabajos rigurosos, que contribuyeron de manera ejemplar a la difusión y puesta en valor del patrimonio cultural de la isla.


Gran parte de estas investigaciones fueron publicadas en la prensa provincial, lo que permitió acercar el conocimiento histórico no solo a círculos especializados, sino también al conjunto de la ciudadanía. Entre sus temáticas predilectas sobresale el ámbito artístico-religioso, en el que dejó aportaciones especialmente valiosas.
Su labor investigadora, fruto de innumerables horas de estudio, fue en muchas ocasiones compartida con su primo, el cronista oficial Jaime Pérez García, quien incluso le rindió homenaje dedicándole una de sus obras: La Calle Trasera de Santa Cruz de La Palma. El conjunto de estos trabajos constituye hoy una referencia imprescindible para comprender y apreciar el patrimonio histórico-artístico de La Palma.
Dada la relevancia y dispersión de sus escritos, resultaría no solo conveniente, sino necesario, recopilar toda su producción en un volumen único que garantice su conservación y facilite su consulta por futuras generaciones.
«Su tarea ordenadora de sistematización documental, su rigor al tratar las fuentes, su prudencia interpretativa, así como sus aportaciones históricas marcan un antes y un después en la historiografía insular». Fernando Gabriel Martín Rodríguez
Redactó una veintena de amplios y rigurosamente documentados artículos sobre temática artística, que con el tiempo se han consolidado como referencias fundamentales dentro de la historiografía del arte en La Palma. A pesar de los años trascurridos desde su publicación, estos trabajos mantienen plena vigencia por la solidez de sus análisis y la riqueza de sus aportaciones, por lo que bien merecerían ser objeto de una reedición crítica reunida en un compendio monográfico que facilite su estudio y difusión.


Artículos publicados en la prensa periódica fueron, entre otros: «La Esclavitud y Hermandad del Santísimo Rosario. Fiesta de la Naval», «Notas históricas de la Semana Santa en Santa Cruz de La Palma», «El Señor de la Portería», «Semana Santa en Los Llanos de Aridane», «Historia de Las Nieves», «Semana Santa en la Villa de San Andrés y Sauces y otras noticias histórico-religiosas», «Apuntes históricos: San Sebastián», «Notas históricas de La Palma: San Telmo», «Santa Lucía (Puntallana), su historia y festividad», «Ermita de Nuestra Señora del Carmen», «Historia de Breña Baja», etc. Todas estas interesantes publicaciones constituyeron aportaciones novedosas al conocimiento y, en no pocos casos, también a la defensa y puesta en valor del patrimonio insular.
Ocurre así con su contribución a la historia de la Hacienda de la Quinta Verde de la capital palmera, como indican Poggio Capote, Hernández Correa y Lorenzo Tena. Estos investigadores palmeros recuerdan que la obra de nuestro insigne paisano, sirvió como memoria para la incoación, en 1983, «del expediente de declaración de Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento, otorgada por la Consejería de Educación, Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias por el Decreto 70/2005, de 26 de abril». Estas contribuciones se sustentaron en la consulta directa de fuentes archivísticas hasta entonces inexploradas, como los fondos relativos a La Palma conservados en el Archivo Histórico Nacional, los protocolos notariales palmeros, la documentación parroquial e incluso la de carácter familiar, a menudo desconocida o de difícil acceso.
El arte llenaba su vida. El futuro Museo de Arte Sacro, anexo al Real Santuario de las Nieves, fue una de sus obras predilectas y especialmente valoradas. Diseñó su fachada —a tamaño natural—, las vitrinas expositivas, la cubierta… Como señalaba Poggio en la prensa local, en este proyecto volcó tanto su talento artístico como la fe de su corazón.
Otra de sus realizaciones más destacadas fue la fachada de la sede de la Real Sociedad Cosmológica, situada en la trasera de la parroquia matriz de El Salvador. La prensa de la época subrayó que no se podía pedir «más armonía dentro del estilo canario». Y es que, para su ejecución, supo adoptar con acierto la composición y los elementos definitorios de la arquitectura tradicional palmera, logrando una obra plenamente integrada en su contexto histórico y cultural.
Afortunadamente, sí pudo verla terminada. No pudo admirar, sin embargo, la magnífica restauración (bajo su dirección) del Palacio Salazar de la Calle Real, ni tampoco el Museo Insular en el recinto del extinto convento Real y Grande de la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora —como se denominaba el antiguo cenobio franciscano fundado en 1508— , ambas obras destinadas a fines culturales. No pudo, sin embargo, ver realizado otro de sus sueños: una intervención en el edificio noble de la Plaza de España, donde hoy se alberga el Centro Asociado de la UNED.



En referencia a la recuperación del antiguo monasterio franciscano y a un artículo que escribí sobre este ilustre palmero, el arquitecto Rafael Daranas tuvo la amabilidad de hacerme llegar un correo electrónico en el que señalaba:
«Estimado José, la lectura de tu excelente trabajo sobre el convento franciscano me trae recuerdos de nuestra historia reciente. Sin restar méritos a José Luis González Afonso ni a tantas otras personas a cuyo esfuerzo se debe el que podamos hoy disfrutar de tan magnifico inmueble, a este respecto merece una especial consideración Alberto José Fernández García. Recuerdo que en el verano de 1.979, a pocos meses de la constitución de la primera corporación democrática del Cabildo Insular de La Palma, de la que formé parte como vicepresidente, en una reunión con Alberto José este planteó la necesidad perentoria de recuperar y rehabilitar el vetusto edificio conventual con destino a un futuro centro cultural y museístico, como hoy es ya realidad. Consecuencia de ello fue una visita de ambos al inmueble y aun recuerdo como en cada una de las dependencias del mismo, fuertemente adulterado por los distintos usos que había tenido desde su desamortización, era capaz de leer y de transmitirme sus valores artísticos así como hacerme ver su imagen recuperada tras una futura restauración.
Cada vez que visito el patio pequeño del convento me emociona recordar como en aquel lugar, entonces edificado por unos talleres del Centro de Formación Profesional, me describió un espacio como el que hoy disfrutamos incluido los naranjos. Alberto José nos contagio su entusiasmo e ilusión y aquel Cabildo Insular se puso mano a la obra, recuperó la disponibilidad del inmueble y comenzó su restauración; otras corporaciones continuaron y finalizaron las obras, las abrieron al uso, y lo que es mas importante continúan con ambición proyectos de mejora del mismo. Perdona José por aprovechar tu artículo para “desahogarme” con este recuerdo y reivindicar la figura de Alberto José Fernández García como verdadera “alma mater” de la recuperación y puesta en valor del convento franciscano de la que hoy podemos estar orgullosos los palmeros. Como he dicho en alguna ocasión si alguna persona merece una placa de reconocimiento en alguna pared de algún rincón del convento franciscano es Alberto José».



