Por: Manuel Marcos Pérez Hernández
Este artículo nace como un homenaje a quien dedicó su vida a la defensa del agua y la agricultura en San Andrés y Sauces, mi Teniente de Alcalde durante dieciséis años y querido amigo, Isidro Miguel Concepción Lorenzo. Su labor y entrega al pueblo son el mejor ejemplo de espíritu de unión. In memoriam.
La historia de San Andrés y Sauces no se puede explicar sin el rastro de sus plataneras, pero, sobre todo, sin la capacidad de sus agricultores para entender que el aislamiento era el camino más corto hacia la precariedad. Al echar la vista atrás hacia aquel 24 de abril de 1927, cuando se constituyó el Sindicato de Cosecheros, no solo recordamos un acta fundacional; conmemoramos el nacimiento de una conciencia colectiva que transformó la economía del norte de La Palma.
Bajo la presidencia de Juan Martín González, el Sindicato nació como una respuesta necesaria a la vulnerabilidad del productor individual. La elección del lugar para su sede fue una declaración de intenciones: el espacioso almacén se levantó en la parte alta de Puerto Espíndola justo al lado de los trapiches. Allí donde se molía la caña de azúcar para fabricar miel y aquel aguardiente que, con el tiempo, se convertiría en el afamado ron de Los Sauces, se erigió también el bastión de la fruta.
El Sindicato compartía así espacio con la tradición azucarera, aprovechando que el puerto era la principal vía de comunicación de toda la riqueza de la tierra hacia el exterior. En apenas siete meses, la entidad pasó de 40 a 400 socios. El agricultor saucero comprendía que solo la unión le permitía negociar de tú a tú con gigantes como la compañía Fyffes o la sociedad parisina Estévez y Bañuis. Aquellos pioneros introdujeron una visión estratégica de mercado; ya en 1934, el Sindicato lideraba asambleas para advertir de los peligros de la falta de regulación. Las palabras de Juan Martín González en La Gaceta de Tenerife resuenan hoy con una vigencia asombrosa: “el mal radica en la desorientación”.
Casi un siglo después el plátano continúa siendo el eje vertebrador de San Andrés y Sauces. Sin embargo, el escenario ha cambiado. De los contratos a precio fijo con vapores que fondeaban por fuera de Puerto Espíndola hemos pasado a ser una Producción Comunitaria de las Regiones Ultraperiféricas (RUP), protegida bajo el paraguas de la Unión Europea a través del programa POSEI.
Esta ayuda compensatoria es el mecanismo de justicia que permite que un agricultor de laderas en La Palma pueda competir en igualdad de condiciones. Pero la historia parece cíclica. Si en 1935 el sindicato protestaba ante el Gobierno por el “atropello” de las navieras, hoy la incertidumbre se traslada a los despachos de Bruselas con la negociación del nuevo Marco Financiero Plurianual.
La reciente iniciativa del presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, ante la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, instando a mantener y actualizar la ficha financiera del POSEI, es una defensa vital. La lección de 1927 es clara: el sector agrícola solo sobrevive cuando camina unido. Aquel sindicato que se levantó junto a los trapiches nos enseñó que la defensa común es la única herramienta para garantizar que el verde de nuestras plataneras siga siendo el motor de nuestra tierra.
Fuente documental: Hemeroteca del Diario de Avisos (1927). La Gaceta de Tenerife (1934). Fotografía: Exterior del Sindicato de Cosecheros 1927. Archivo (EHL y FFL). Restaurada y coloreada por Abraham T. Díaz Abreu.



