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La versatilidad de los efequenes de los majos de Fuerteventura

by Miguel Angel Martín González
junio 27, 2026
in Cultura, Opinión
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La versatilidad de los efequenes de los majos de Fuerteventura
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OPINIÓN · MITOLOGÍA Y RELIGIOSIDAD CANARIA

La versatilidad de los efequenes de los majos de Fuerteventura

Recintos circulares de piedra levantados en las cumbres, los efequenes fueron templos abiertos donde los antiguos majos conversaban con el cosmos. Un recorrido por su sentido sagrado y por sus equivalentes en el resto de Canarias.

La idiosincrasia cultural de la isla de los majos (Fuerteventura) tiene un referente en la construcción de recintos abiertos de piedras conocidos como efequenes: una estructura circular de piedras con una o dos paredes y hueco interior relleno entre ambas, de diferentes dimensiones y algunos con pasillo, y donde se dispersan, tanto dentro como fuera de los recintos, numerosos restos de malacofauna, cerámicos y líticos.

No tienen una función de mareta (como depósito para almacenar agua), ni de corral o gambuesas para encerrar el ganado por la poca altura de sus muros, lo que les confiere —y en esto hay consenso entre la mayoría de los investigadores— un carácter de vínculo sociocultural ligado a lo ritual. Realmente, con estas estructuras, los majos tomaron conciencia del sentido simbólico de lo sobrenatural.

Una conversación con la naturaleza

La naturaleza habla y el ser humano imagina y transforma su pensamiento en cultura, basado en una red compartida de creencias y valores que utiliza en comunidad para dar sentido a la realidad. Un efequén, entonces, formó parte de una larga conversación con la naturaleza que lo circunda; no es solo lo que aparenta físicamente, lo material: incluye también lo inmaterial, lo imaginario, las ideas y las creencias; condensa lo simbólico, lo imaginario y lo real. Para los majos, construir un efequén significó ampliar la riqueza natural y cultural; los arraiga al territorio, otorgando un sentido de pertenencia e identidad única en el mundo, y eso se refleja en su organización sociocultural, sociopolítica, socioeconómica y espiritual.

Las primeras descripciones del siglo XVI

Las primeras descripciones, para las islas de Lanzarote y Fuerteventura, se las debemos a Abreu Galindo y a Leonardo Torriani, en el siglo XVI:

Dos paredes concéntricas formando un doble recinto, cuya entrada principal era poco más ancha que los hogares ordinarios. Era en estos templos, situados en su mayoría sobre la cumbre de las montañas, donde ellos depositaban las ofrendas de mantequilla y libaciones hechas con leche de cabra en honor de una divinidad protectora a la cual enviaban sus oraciones elevando las manos hacia el cielo.

Abreu Galindo (1977)

Adoraban un ídolo de forma humana, pero no se sabe quién era. Lo tenían en una casa como templo, donde hacían congregación, la cual estaba rodeada por dos paredes, que entre sí formaban un pasillo, con dos pequeñas puertas, una fuera y la otra en medio; y allí, como en un laberinto, entraban a sacrificar leche y manteca.

Leonardo Torriani (1959)

Ambos autores definen su uso cultual: lugar de celebraciones y rituales en honor a las divinidades. La palabra efequén es indígena y hace referencia a «templo», «lugar de donación» y «lugar de devoción». Ignacio Reyes la asocia a los conceptos de conceder, otorgar, ofrecer.

Santuarios de toda la Berbería

Por toda la Berbería hay recintos circulares o cuadrados, construidos de piedra seca o de mampostería, que rodean espacios estrechos y abiertos; espacios construidos mucho antes de la expansión del Islam, que representan una de las formas más antiguas de santuario entre las poblaciones indígenas. Gsell (1927) pone un ejemplo en el macizo de Itou Taleb, al sur de Sétif: un ancho muro de más de dos metros, compuesto de dos caras de piedras toscas, plantadas verticalmente y rellenas de guijarros y escombros. Su descripción nos recuerda a los efequenes de los majos.

En Canarias, grupos de recintos circulares o elípticos, formados por muros de piedra seca, eran lugares santos, apunta Verneau (1890). Ahora bien, la isla de los efequenes es, sin duda, Fuerteventura, donde encontramos la mejor y la mayor representación material y cultural. Algunos ejemplos los hallamos en Llano de Esquinzo, Fimapaire, Malpaís de La Roja, El Cavadero, Tinojay, Lomo Lezque, Río Cabras, Corral del Majo, Corrales de Miraflor, La Cancela, Casas de La Fuente, La Atalayita, La Laguna I y II, La Maleza, Casas de Esquén, Montañeta de La Yegua, Barranco de La Cueva, Las Hermosas, Las Huertas, Cantil del Esquén, Morro de La Cruzada, Barranco de Los Cuchillos, Llano del Sombrero, Pecenescal, El Lomo, Degollada de Las Bobias, Tablero de Jarey, Valle de Los Mosquitos o Tablero de Los Majos.

Un centro del mundo

Construir un efequén era fundar un centro del mundo, un recinto diferenciado de la homogeneidad y de abertura hacia otros niveles cósmicos. A pesar de su modestia constructiva, representan el asiento de la unión entre la tierra y el cielo: un axis mundi o imagen del mundo que quisieron proyectar como un cosmos.

«

Construir un efequén era fundar un centro del mundo, un axis mundi entre la tierra y el cielo.

»

MIGUEL A. MARTÍN GONZÁLEZ

La idea de cosmos entre los majos era muy distinta a la actual. En la antigüedad, el cosmos se estructuraba en capas: tierra, cielo e inframundo. La tierra es el estrato intermedio donde se desarrolla la vida humana, animal y vegetal, cubierta de alimento para la subsistencia y de conexión estrecha con otros seres espirituales que también la habitan. El cielo es el espacio superior, cargado de simbolismo; es circular, con cualidades cíclicas, atemporales e infinitas, donde habitan los seres superiores, reconocibles en los astros. De su limbo llega la luz y la lluvia, aunque también la oscuridad y la aridez que influyen en el espacio terrenal. La franja más profunda del cosmos la representa el inframundo, vinculado al mito de la negatividad, aunque también se presenta como morada de los antepasados, que son introducidos en el interior de la tierra.

No deberíamos obsesionarnos con buscar un solo significado (aspecto que hemos asimilado desde la ciencia como significado unívoco y que excluye otras soluciones): su construcción está concebida como polivalente. Como templos dominantes en Fuerteventura, debieron ser el origen y centro de las principales manifestaciones de lo sagrado. Cuando la ciencia encuentra una contradicción en su análisis, lo asume como error; sin embargo, para el pensamiento antiguo, esta aparente contradicción no es un error, sino el descubrimiento de una realidad más profunda, no traducible a nuestra lógica.

El círculo, el espacio y el tiempo

Podemos confirmar que los efequenes no se fijaban en el terreno de manera azarosa, sino pensada; surgen de un principio de sincronicidad, donde la temporalidad cíclica va implícita. El círculo es la perfección, el equilibrio con el entorno, la armonía y la totalidad, pues integra tanto el espacio como el tiempo y llega a traspasar la línea del horizonte. El espacio era elegido mayoritariamente por la tradición de orientarse armónicamente con la montaña y los astros en los tiempos señalados.

El mundo es espacio y tiempo. Ambos reflejan la unidad, el cosmos. Los círculos de piedras como fenómeno religioso forman parte de un diseño simbólico de templo abierto, como espacio sagrado que incluye el argumento del ritual mediante la repetición de acontecimientos cosmológicos. Los antiguos vivían en un mundo circular en relación con el tiempo. Son dos aspectos indiferenciables, pues su proyección es la unidad de la tierra con el cielo. Dentro del círculo, el mundo es seguro; fuera, no. Por eso se volvía varias veces durante el ciclo solar y/o lunar para experimentar el orden cosmológico, puesto que algo debía reunirse allí adentro.

El efequén concentra todo el poder que la imaginación de nuestros ancestros podía proyectar. Esos círculos servían para fijar el espacio y conquistar el tiempo, la mejor herramienta para controlar el mundo. Lo circular, opuesto a lo lineal, representa la idea de totalidad, del poder del mundo.

Arqueoastronomía y equivalencias en las islas

Los primeros efequenes de Fuerteventura interpretados desde la arqueoastronomía se los debemos a Hoskin y Belmonte (2002). Se trata del conjunto del Tablero de los Majos, situado en la vertiente de barlovento de la Península de Jandía, en Cofete, que otorga el protagonismo al Pico de La Zarza y a los equinoccios astronómicos.

En «La memoria sagrada de los antiguos canarios» (Martín González, 2024, editorial Bilenio) se recogen diferentes muestras del estrecho vínculo entre el espacio y el tiempo como modelo de armonía y orden cósmico entre los majos de Fuerteventura.

Su equivalencia en el resto de las islas son los conocidos como tagorores, o simplemente círculos de piedras. En la isla de Gran Canaria existen algunos casos que cumplen el perfil analógico de lo que se denominan efequenes; en concreto, los descubiertos sobre la Montaña de Horgazales, la Montaña de Tauro, el techo del macizo de Güi Güi, los Llanos de Gamona y Mogarenes. En el resto de las islas también se registran magníficas muestras de tagorores.

SOBRE EL AUTOR

Miguel A. Martín González es investigador palmero de la prehistoria y la religiosidad de los antiguos canarios y autor de «La memoria sagrada de los antiguos canarios» (editorial Bilenio, 2024). Divulga su trabajo a través de sus blogs sobre la prehistoria de La Palma y de Canarias. En El Faro de La Palma firma una serie sobre la mitología y la religiosidad de los aborígenes del archipiélago.

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Tags: culturaEfequenesFuerteventuraMajosmiguel a. martín gonzálezMitología canariaOpiniónReligiosidad canaria
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