Por Manuel Marcos Pérez Hernández
El silencio se envuelve entre las palmeras y las casonas que adornan el recorrido de la Villa de San Andrés cada mañana de Viernes Santo. Es el escenario donde el Cristo de la Victoria procesiona ante la mirada de los fieles, repitiendo su salida en la solemne Procesión Magna durante la tarde-noche del mismo día.
Esta tradición se asienta sobre una historia secular. La Semana Santa de la Villa de San Andrés es una celebración de gran antigüedad, confirmada por la fundación del capitán Andrés Lorenzo, natural de Portugal y vecino de La Galga. En un codicilo otorgado (cláusula testamentaria) ante el escribano Gaspar Simón, el 14 de enero de 1586, Lorenzo mandaba que se efectuara un reparto de pan entre los pobres de la Villa en cada Cuaresma.
El vínculo atlántico: de México a Canarias
La presencia de los “Cristos de caña” en el archipiélago representa el punto de unión física entre la cultura hispana y la americana. Debido a su posición estratégica, Canarias se convirtió en el receptor natural de las obras de los talleres americanos —especialmente de México— que, a partir del siglo XVIII, sustituyen a los centros productores de Flandes y la Península Ibérica.
La técnica tiene un origen prehispánico, concretamente en la región purhépecha (Michoacán). Aquella civilización de cazadores y guerreros utilizaba el maíz (millo) para fabricar las imágenes de sus dioses; al ser figuras de peso reducido, podían transportarlas fácilmente al campo de batalla para infundir temor al enemigo y sentirse protegidos de sus deidades. Tras la conquista, los españoles adoptaron esta técnica precolombina para fines evangelizadores, creando imágenes ligeras para las procesiones.
El Cristo de la Victoria
Aunque el ejemplar de San Juan de Telde es el más mencionado, el Cristo de la Victoria de San Andrés destaca como una de las piezas más representativas de este arte en La Palma, junto a los de Argual y El Planto.
Al igual que sus homólogos mesoamericanos, está realizado con caña de maíz, papel y madera. Su interior es hueco, lo que permite sus dimensiones de tamaño natural con un peso mínimo. Se estima que fue creado en el último tercio del siglo XVI. Presenta una estética renacentista de proporciones clásicas y una expresión serena y ojos cerrados, encajando en la tipología de los llamados “Cristos dormidos”.
La llegada de la imagen a la parroquia parece ser tardía, ya que no figura en los inventarios del siglo XVII y principios del XVIII. Es muy probable que se trate del “crusifixo grande” que se menciona como nueva adición en el inventario de la sacristía parroquial en el año 1748.
Hoy, el Cristo de la Victoria no es solo una reliquia artística conservada en su sacristía, sino el protagonista de la procesión, en horas de la mañana del luctuoso Viernes Santo, en la compañía de San Juan y María Magdalena.
Bibliografía:
- Los Cristos de caña en Canarias. Ángeles Alemán Gómez y Laura Calderón Ojeda (ULPGC).
- Un Cristo de caña de maíz y otras obras americanas y flamenca. Jesús Pérez Morera.
- Semana Santa en la Villa de San Andrés y otras noticias histórico religiosas. Alberto José Fernández García. (Marzo de 1967).



