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El Galeón de San Telmito (I): la ermita del puerto y la cofradía de los hombres del mar

by José Guillermo Rodríguez Escudero
agosto 28, 2026
in Cultura, La Palma, Opinión
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OPINIÓN · EL GALEÓN DE SAN TELMITO · I

El Galeón de San Telmito (I): la ermita del puerto y la cofradía de los hombres del mar

En lo alto del Risco de la Luz, sobre el puerto de Santa Cruz de La Palma, una pequeña ermita del siglo XVI dio techo a la Cofradía de Mareantes: pescadores y marinos que rescataban cautivos, enterraban a sus compañeros y sostenían a las viudas del mar.

Una ermita sobre el puerto

En Santa Cruz de La Palma, como en otras capitales y poblaciones insulares —Las Palmas de Gran Canaria, Santa Cruz de Tenerife, Puerto de la Cruz, Puerto de la Estaca en El Hierro, etc.— el Santo Patrono de los Navegantes tiene su templo propio.

En lo alto del risco que domina el puerto la capital de La Palma, en el barrio sureño que lleva su nombre, cara al mar y en el vértice del Risco de la Luz, se encuentra la pequeña ermita dedicada a San Pedro González Telmo, misionero dominico nacido en Frómista (Palencia) en 1190 y fallecido en Tuy (Pontevedra) en 1246.

Según su hagiografía, Telmo abandonó su carrera académica para dedicarse a la vida religiosa y a la predicación. Fue confesor del rey Fernando III el Santo y elocuente orador en el norte de Portugal y Galicia. Con el tiempo, su figura quedó especialmente vinculada a los marineros y pescadores, a quienes se atribuyó su protección frente a las dificultades del mar y las tempestades.

Vista antigua de Santa Cruz de La Palma con la ermita de San Telmo y el puerto
Vista de Santa Cruz de La Palma en el siglo XVIII, con el entorno de la ermita de San Telmo y el puerto.

Efectivamente, durante sus andanzas apostólicas manifestó una singular predilección por los hombres de la mar, a quienes congregó e impulsó mediante diversas instituciones gremiales. Su figura fue venerada a lo largo de los litorales español, portugués y sudamericano como Patrono de los Navegantes Hispánicos, y reconocida en los distintos ámbitos marítimos como precursora de las cofradías y asociaciones de mareantes y pescadores.

El nombre Telmo significa «el que protege» o «el yelmo protector», según su raíz germánica, o «bien amado», si se considera su evolutiva conexión histórica con el nombre griego Erasmo.

La construcción de la ermita dedicada a San Telmo —«templo palmero marinero por excelencia»—se remonta a la primera mitad del siglo XVI, antes de 1551, muy cerca del antiguo convento dominico de San Miguel de las Victorias. De esa fecha data el testamento de un flamenco natural de Amberes, quien dispuso entregar como limosna dos reales a cada una de las ermitas de San Sebastián y San Telmo, con el propósito de contribuir a las obras que se estaban realizando en ellas.

La ermita de la Virgen de la Luz y San Telmo, en el barrio marinero de Santa Cruz de La Palma
La imagen de la Virgen de la Luz, venerada en la ermita de San Telmo.

Las primeras noticias documentales que conocemos de este recinto —también conocido como ermita de la Virgen de la Luz— aparecen en el Libro de Visitas de la parroquia matriz de El Salvador. En 1574, cuando el licenciado Juan Salvago —Salgado, según Alberto-José Fernández—, visitador general del obispado en sede vacante, recorrió la ciudad, el pequeño templo ya estaba construido.

En marzo de 1640, Alonso de Vargas, mareante y mayordomo de la ermita, manifestó ante el vicario que había iniciado la construcción de un muro, incorporando en él unos asientos, con la intención de habilitar una plaza frente a la ermita.

De apariencia sencilla, el templo está formado por una sola nave de unos doce metros y medio de longitud y algo más de seis de anchura. El presbiterio, de planta rectangular, alcanza casi siete metros de largo por seis de ancho. En la capilla mayor destaca su armadura de cuatro faldones, cuyo almizate conserva, en palabras de la doctora Fraga, una marcada pervivencia de la tradición mudéjar.

Cofradía de Mareantes

La devoción a San Telmo quedó estrechamente unida desde muy temprano a los hombres del mar. Según Lorenzo Rodríguez y otros historiadores, la Cofradía de Mareantes se fundó en 1591. Fernández García señalaba que aquel año visitó La Palma el provisor del obispado, licenciado Sotín de Sarabia, y que fue entonces cuando se constituyó la hermandad en el templo dedicado al santo.

No era una cofradía meramente religiosa. Los mareantes constituían una verdadera comunidad de ayuda y protección. En ella convivían pescadores, marinos y comerciantes vinculados al tráfico marítimo, unidos tanto por sus intereses profesionales como por la necesidad de afrontar juntos las dificultades de la vida en el mar.

La hermandad atendía a sus miembros más necesitados, socorría a pobres y ancianos y protegía a viudas e hijos de quienes perdían la vida durante las faenas pesqueras. También intervenía en cuestiones relacionadas con el comercio y la navegación. No es extraño, por tanto, que alcanzara una notable importancia en una ciudad cuyo puerto llegó a convertirse en el tercero en relevancia del imperio de Carlos V, después de Amberes y Sevilla.

Grabado histórico de la procesión de San Telmo por su calle en 1857
Procesión de San Telmo por su calle, en un grabado de 1857.

Entre 1675 y el verano de 1680, la cofradía decidió ampliar y reformar la ermita. El templo se había quedado pequeño para acoger a todos los devotos. Para financiar las obras se incrementaron las cuotas de los hermanos y se estableció además la aportación del uno y medio por ciento de las ganancias obtenidas en cada viaje de sus barcos y bajeles. Con ello se pretendía concluir la ampliación, celebrar dignamente las fiestas del patrón y sufragar los funerales y sufragios de los cofrades y sus familiares. El coste final alcanzó los 31.704 reales y 80 maravedíes. La licencia había sido concedida por el célebre obispo Bartolomé García Ximénez, el mismo prelado que, en 1680, había impulsado la primera edición de las Fiestas Lustrales de la Bajada de la Virgen de las Nieves.

La solidaridad de estos hombres de la mar alcanzó también a quienes sufrían cautiverio. El 12 de febrero de 1673, la hermandad fundó una obra pía destinada a rescatar a mareantes cautivos. Para ello, los miembros se comprometieron a aportar de cada flete una cantidad destinada exclusivamente a este fin. El dinero se guardaba en un arca de tres llaves, custodiadas respectivamente por el beneficiado de El Salvador, el capitán de la mar que presidiera la cofradía y el mayordomo de la ermita.

Gracias a este fondo pudieron rescatarse, entre otros, los palmeros Gonzalo de Acosta y Pedro Marcelino, cautivos de los moros, por 400 reales en 1686. Diez años después fueron liberados Juan Rosado, Francisco Martín y Silvestre Mamparle, apresados en la costa africana, mediante el pago de 600 reales.

Pero ni siquiera aquel fondo estuvo a salvo de la delincuencia. Durante la Visita de 1680 se descubrió que las cerraduras del arca habían sido limadas y que había desaparecido el dinero destinado a los rescates. A pesar de las investigaciones, nunca se llegó a conocer quién había cometido el robo.

La documentación más antigua de la propia ermita no ha llegado hasta nosotros, aunque se conserva en la Real Sociedad «Cosmológica» otro valioso libro, la Concordia y Junta de Mareantes, iniciado en 1708.

En 1838 ya se había constituido un nuevo gremio de marinos, según recuerda el político, escritor y constructor naval palmero Armando Yanes Carrillo (1884-1962), como consecuencia de la profunda decadencia en la que se encontraba el anterior. Su principal finalidad era prestar ayuda a los asociados que se hallaban desvalidos o enfermos. Tanto ellos como sus familiares recibían asistencia médica, se sufragaban los medicamentos que necesitaban y se les proporcionaba una cantidad de dinero en efectivo equivalente a un jornal diario, con el propósito de que pudieran atender a su alimentación.

«

«Templo palmero marinero por excelencia».

»

Asimismo, Yanes Carrillo señalaba que, cuando alguno de los miembros fallecía, el gremio se hacía cargo también de los gastos del entierro y aquellos compañeros que podían hacerlo lo acompañaban hasta su última morada.

Altar festivo de la Virgen de la Luz en la ermita de San Telmo
El altar festivo de la Virgen de la Luz, engalanado para sus fiestas.

Los recursos económicos de esta asociación procedían, entre otras fuentes, de un porcentaje del dinero obtenido por los pescadores con la venta de su pescado. A esta aportación se añadían las cuotas mensuales que, de forma voluntaria, entregaban numerosas personas con recursos económicos de la ciudad, quienes colaboraban de buen grado con esta asociación, considerada caritativa y de carácter cercano. La entidad funcionaba de manera independiente y no mantenía relación con las cofradías existentes en otras provincias.

Para formar parte de la dirección de la hermandad se elegía también a personas ajenas al ámbito marítimo, pero en las que los propios miembros confiaban por considerar que podían desempeñar adecuadamente las tareas de dirección y administración de la cofradía. Gracias a esta organización, y una vez atendidas satisfactoriamente las necesidades de sus asociados, pudieron destinar recursos a la ampliación y prácticamente reconstrucción de la ermita de La Luz y San Telmo.

En la histórica calle de la Marina, engullida por la actual Avenida Marítima, se levantó una pequeña edificación destinada a albergar la primera pescadería. Aquel espacio olvidado fue también objeto de reivindicación por parte del fallecido artista palmero José Alberto Cabrera, empeñado en recuperar su memoria. Su interesante proyecto, presentado en sociedad en 2012, pretendía devolverle su antiguo sabor marinero. «La Marina era la calle de los pescadores, donde se vendía el pescado salado y se fabricaban barcos. Era la calle de la gente del mar».

Efectivamente, allí acudían diariamente los pescadores para vender sus capturas. En ocasiones, la cantidad de pescado era tan abundante que los tableros habilitados para su exposición resultaban insuficientes, por lo que se colocaba también sobre esteras extendidas en la propia calle, donde los vecinos acudían para adquirirlo.

Esta pescadería quedó destruida por el mar durante el conocido temporal de Santa Catalina, ocurrido el 25 de noviembre de 1879. Posteriormente, el Ayuntamiento se encargó de reconstruirla y asumió también su administración.

Yanes Carrillo destacaba, asimismo, la cuidadosa gestión de esta benemérita cofradía, que, después de atender regularmente todas las necesidades de sus asociados, consiguió reunir algunos ahorros. Sus directivos consideraron más conveniente invertir ese dinero en títulos de la deuda pública que mantenerlo en caja, por lo que adquirieron varios de estos valores, que permanecieron durante muchos años bajo la custodia de los tesoreros.

Exterior de la ermita de la Virgen de la Luz y San Telmo en Santa Cruz de La Palma
La Virgen de la Luz, ataviada para sus fiestas.

Sin embargo, el escritor recordaba con cierta nostalgia y enfado haber escuchado a los ancianos de su juventud relatos desagradables acerca de determinados acontecimientos que provocaron que aquellos títulos terminaran en otras manos. Como consecuencia, los pescadores, humildes y desamparados, perdieron unos recursos que habían conseguido reunir con grandes sacrificios. Aunque Yanes conocía con detalle lo sucedido, decidió mantenerlo en silencio, según sus propias palabras.

Con el transcurso del tiempo, pescadores y marinos fueron organizándose en diferentes formas asociativas, entre ellas cabildos, juntas y hermandades, hasta llegar a las actuales cofradías de pescadores, vinculadas al Instituto Social de la Marina.

SOBRE EL AUTOR

José Guillermo Rodríguez Escudero es historiador y colaborador habitual de El Faro de La Palma. Firma en estas páginas series documentadas sobre patrimonio, arte y memoria de La Palma.

EL GALEÓN DE SAN TELMITO, ENTREGA A ENTREGA

  • El Galeón de San Telmito (I): la ermita del puerto y la cofradía de los hombres del mar (esta entrega)
  • El Galeón de San Telmito (II): el santo de la vela encendida y las dos tallas del barrio
  • El Galeón de San Telmito (III): un exvoto de madera dorada tallado al detalle
  • El Galeón de San Telmito (IV): las réplicas de Madrid, la fiesta de septiembre y la restauración de 1999
  • El Galeón de San Telmito (y V): un barco que sigue navegando por la historia de La Palma

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  • La basílica que nunca se levantó (I): seis siglos de historia del Santuario de Las Nieves

Colaboración de José Guillermo Rodríguez Escudero para El Faro de La Palma. Fotografías cedidas por el autor.

Tags: El Galeón de San TelmitoErmita de la Luz y San TelmoJosé Guillermo Rodríguez Escuderola palmasan telmosanta cruz de la palma
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