OPINIÓN · EL GALEÓN DE SAN TELMITO · III
El Galeón de San Telmito (III): un exvoto de madera dorada tallado al detalle
Metro y medio de eslora, catorce cañones por banda y madera de cedro dorada al fuego: el retrato en miniatura de un galeón español del XVII, y el precedente casi olvidado de la Virgen del Buen Viaje y su navío de plata.
El galeón: un barco convertido en devoción
Yanes Carrillo recordaba que, durante su infancia, contemplaba la procesión del venerado «san Telmito» por las calles, llevado a hombros por aquellos marineros de carácter firme y gran devoción, si bien había alguno «templado». Con profundo fervor, transportaban sobre sus andas a un Santo que, al igual que ellos, había sido también hombre de la mar durante su vida terrenal.
Pérez Morera recoge en su estudio sobre esta ermita que, en 1681, el visitador Pinto de Guisla había ordenado hacer unas andas doradas para los traslados de la efigie, circunstancia que llevó al investigador palmero Alberto-José Fernández García a suponer que fue entonces cuando «surgió la bella e ingeniosa idea de construir el barco para los recorridos procesionales».
La nueva imagen de San Telmo fue realizada para ocupar un lugar muy especial: el fabuloso galeón procesional que sirve de parihuelas para transportar al querido santito por su populoso barrio del sur de la ciudad. Se trata de una extraordinaria pieza de madera dorada al fuego, concebida como una reproducción de un galeón español de finales del siglo XVII y entendida como un auténtico exvoto marinero.
El Galeón de San Telmo pertenece a una etapa, entre los siglos XVII y XVIII, en la que los navíos fueron, más que nunca, verdaderas obras de arte. No destacaban únicamente por su belleza intrínseca, derivada de su propia función, sino, sobre todo, por la riqueza de su ornamentación y por una profusión decorativa como pocas veces se ha visto sobre las aguas.

Nuestro galeón constituye una hermosa muestra de aquella concepción artística: las proas podían rematarse con la figura de un león dorado o con un elaborado mascarón barroco, mientras que las popas se reservaban para auténticas galerías de imágenes, ángeles, escudos, guirnaldas y otros muchos recursos ornamentales, acordes con el gusto barroco o, posteriormente, neoclásico.
El galeón estaba destinado tanto al comercio como a la guerra, y, en muchos casos, ambas funciones se ejercían simultáneamente. Su incorporación a la Carrera de Indias, tras el descubrimiento de América, hizo que España empleara estos grandes bajeles como naves mercantes para transportar oro, plata, sedas, muselinas, porcelanas y otras mercancías, convirtiéndolos, al mismo tiempo, en codiciadas presas de la piratería anglosajona, francesa y holandesa.
Aunque nuestra maqueta contiene posiblemente una pequeña dosis de fantasía, el elevado número de piezas de artillería evoca el medio centenar de cañones que podía montar el galeón de mayor desplazamiento entre los numerosos navíos que integraron la Armada Invencible en las postrimerías de nuestro glorioso siglo XVI, cuando el poder naval español se extendía por buena parte del mundo.
Esta admirada representación reproduce con extraordinario detalle los principales elementos de un galeón español del siglo XVII: el casco, el aparejo, la artillería y las superestructuras. El anónimo autor de esta obra maestra no escatimó en el trabajo de la madera para dar forma a una extraordinaria recreación de un galeón de época. Todo parece haber sido estudiado al milímetro, desde la quilla hasta el espejo de popa; desde el calafateado, las tracas y el forro del casco hasta las bitas y las escotillas. La arboladura reproduce con precisión los palos mayor, trinquete y mesana, el bauprés, las velas y la compleja red de jarcias. No faltan tampoco las piezas de artillería, las anclas, las escalas ni otros pequeños detalles que convierten esta representación en una extraordinaria evocación de aquellos galeones españoles del siglo XVII.

Pedro M. Francisco de las Casas destaca que, junto al retablo mayor y prácticamente a los pies de la imagen para la que fue concebido, se alza este singular exvoto marinero, de metro y medio de eslora y más de dos metros de guinda, que reproduce, aunque de manera algo imaginativa, un galeón del siglo XVII. La pieza, concebida como andas procesionales y destinada a servir de peana al patrón de los navegantes, san Telmo, reúne en su cuidada talla y dorado un notable valor artístico y, al mismo tiempo, un extraordinario interés como testimonio histórico.
El galeón que hoy conocemos es mucho más que un elemento procesional. Sus dimensiones —46 centímetros de altura del casco, 157 de longitud y 49 de anchura—, sus mástiles, anclas, balaustradas, mascarón, jardín de popa y demás elementos tallados convierten la pieza en una pequeña obra de arte naval. Está realizada sobre un soporte de cedro de una sola pieza, de 11 centímetros de espesor, con los mástiles embutidos en el casco.
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Un notable valor artístico y, al mismo tiempo, un extraordinario interés como testimonio histórico.
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El trono, de 215 centímetros de altura total y 185 de longitud, está realizado en madera sobredorada, policromada y lienzo. Su estructura incorpora catorce pequeños cañones en cada costado con sus portas.

Esta joya marinera ha despertado siempre la atención y la admiración allá donde ha sido expuesta, al igual que durante su participación en las procesiones, donde ha suscitado el interés tanto de propios como de extraños.
Así ocurrió, por ejemplo, en diversas exposiciones de Arte Sacro, como la celebrada en 1967 en la iglesia de Santo Domingo de la capital palmera con motivo del IV Congreso Eucarístico Arciprestal de la Diócesis; en muestras dedicadas a las realizaciones marineras, como la I Exposición Marítima de Santa Cruz de Tenerife, en 1956; o durante la Bajada de la Virgen de las Nieves de 1970, año lustral en el que formó parte de la muestra retrospectiva organizada en una de las salas de la entonces recién inaugurada Aula de Cultura y Arte Elías Santos Abreu, del Cabildo de La Palma. Por cierto, la portada del programa de aquellas Fiestas Lustrales ofreció una hermosa fotocomposición a todo color en la que aparecía una antigua pintura de la Virgen morena junto a nuestro galeón. La imagen tuvo una amplia difusión en los distintos medios de comunicación, incluida la prensa diaria de la provincia, y se convirtió en una de las ilustraciones más habituales de numerosos ensayos y reseñas de temática ligada al mar.
Aquella exhibición ofreció una atractiva evocación de la tradición marinera de la isla y, en cierto modo, constituyó también un risueño anticipo de lo que estaba llamado a convertirse en el futuro Museo Naval de la ciudad capitalina.
Recordemos que su origen se encuentra en una tradición mucho más antigua. Desde la Edad Media, los barcos fueron utilizados como carros procesionales, triunfales y navales. Existen ejemplos documentados en distintas ciudades españolas, como Valencia, donde los gremios de pescadores llegaron a emplear carros en forma de nave para transportar imágenes religiosas.

Pérez Morera aportaba en su estudio sobre la pieza que nos ocupa un dato de especial interés. El investigador palmero señalaba que las descripciones de las fiestas celebradas en Valencia con motivo de la canonización de Santo Tomás de Villanueva, publicadas en 1651, incluían un grabado en el que se representaba un carro con forma de nave. En él se transportaba la imagen del santo religioso agustino, en una composición realizada por el gremio de pescadores de la ciudad levantina.
Virgen del Buen Viaje y su navío
En La Palma encontramos también un precedente especialmente significativo. En el inventario del Real Santuario de las Nieves, correspondiente a 1681, se menciona una «forma de navío por peana» para Nuestra Señora del Buen Viaje, así como otro barco de madera pintado y dorado que servía de andas a la imagen.
Es muy posible que aquella antigua nave de la Virgen «viajera», desaparecida en el siglo XVIII, sirviera de inspiración para el galeón de San Telmo. La profunda tradición marinera de San Miguel de La Palma y la estrecha relación del santuario de la Patrona con los navegantes explican que ya desde el siglo XVII existiera allí, como hemos visto, un altar dedicado a esta advocación mariana. Fue inventariada por primera vez en 1637.

La imagen de esta talla virginal, de influjo flamenco y vestida con ricos ropajes barrocos, sostiene en una mano una estrella de plata y en la otra un pequeño velero. No se trata de un simple adorno: el barco simboliza su condición de guía de los navegantes y enlaza con la antigua invocación mariana de Stella Maris, la Estrella del Mar de la Letanía Lauretana.
Resulta interesante señalar la existencia de un altar dedicado a la Virgen del Buen Viaje en la ermita de San Telmo, representada en un lienzo de colores vivos y cubierta con un manto azul. La imagen sostenía en una de sus manos al Niño Jesús sonriente, mientras que en la otra portaba, según describe Fernández García, «una graciosa nave de la época». La composición se completaba con una peana formada por «unas nubes oscuras y tormentoso mar». Tras permanecer durante años en un deficiente estado de conservación, se decidió finalmente quemar el lienzo, perdiéndose así esta representación de la Virgen vinculada a la protección de los viajeros y, especialmente, de quienes se aventuraban por mar.

SOBRE EL AUTOR
José Guillermo Rodríguez Escudero es historiador y colaborador habitual de El Faro de La Palma. Firma en estas páginas series documentadas sobre patrimonio, arte y memoria de La Palma.
EL GALEÓN DE SAN TELMITO, ENTREGA A ENTREGA
- El Galeón de San Telmito (I): la ermita del puerto y la cofradía de los hombres del mar
- El Galeón de San Telmito (II): el santo de la vela encendida y las dos tallas del barrio
- El Galeón de San Telmito (III): un exvoto de madera dorada tallado al detalle (esta entrega)
- El Galeón de San Telmito (IV): las réplicas del galeón, la fiesta de septiembre y la restauración de 1999
- El Galeón de San Telmito (y V): un barco que sigue navegando por la historia de La Palma
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Colaboración de José Guillermo Rodríguez Escudero para El Faro de La Palma. Fotografías cedidas por el autor.



