El patrimonio histórico y la seguridad de los vecinos de San Andrés y Sauces se encuentran en una situación crítica debido al avanzado estado de deterioro que presenta la Iglesia de Nuestra Señora de Montserrat. Miguel Perdigón, consejero del Grupo Popular en el Cabildo de La Palma, ha dado la voz de alarma ante el plenario insular, advirtiendo de que el mal estado del inmueble ya no es solo un problema estético o artístico, sino un riesgo real para los viandantes.
Redacción El Faro de La Palma | 23 de abril de 2026
Durante la sesión plenaria de este mes de abril, Perdigón ha denunciado que los daños estructurales del templo son visibles a simple vista. La gravedad de la situación es tal que, según la información recabada por el consejero, ya se prevé la instalación de mallas de protección en la torre de la iglesia para evitar la caída de cascotes a la vía pública. «El problema no es solo patrimonial, también es una cuestión de seguridad para quienes transitan por la zona», subrayó durante su intervención.
La Iglesia de Nuestra Señora de Montserrat no es solo un hito arquitectónico en el municipio norteño; es el corazón de la vida social y cultural de los vecinos de San Andrés y Sauces. Además de su valor espiritual, el templo custodia un importante legado artístico en su interior que corre el riesgo de verse afectado si no se frena la degradación del edificio.
Desde el Grupo Popular se critica que las administraciones se limiten a buscar parches provisionales en lugar de planificar una intervención definitiva. Perdigón insistió en que «no podemos limitarnos a tapar los problemas», exigiendo al área de Patrimonio del Cabildo un compromiso real y una hoja de ruta clara para rehabilitar el espacio. Para el consejero, el enmallado de la torre debe ser una medida de emergencia, pero nunca el sustituto de una restauración integral que garantice la supervivencia del inmueble.
Finalmente, el representante popular ha interpelado directamente a la responsable de Patrimonio para conocer si existe un plan de colaboración activa con el municipio. La protección de estos bienes, esenciales para la identidad palmera, se presenta como una «responsabilidad compartida» que no admite más demoras ante la amenaza de un deterioro irreversible.



