Manuel Marcos Pérez Hernández nos descubre la figura de Don Matías de Abreu, el hombre que unió Canarias y América a través del arte, la fe y una profunda conciencia social.
Por Manuel Marcos Pérez Hernández
En el corazón de la Villa de San Andrés, late el legado de un hombre que no solo reconstruyó su templo sino que tendió puentes de plata entre Canarias y América. Don Matías de Abreu y Rexe (1641-1718), doctor en cánones y benefactor incansable, dejó tras de sí un testamento que es, en sí mismo, un mapa de devoción y arte del siglo XVIII.
Don Matías no era un clérigo común. Formado en las universidades de Castilla, regresó a su isla natal con una visión arquitectónica y social. Él fue el motor detrás de la reedificación de la parroquia, responsable de su actual configuración y de la imponente torre, de cinco plantas, que define la preeminencia de la misma en el norte palmero.
Una joya con alma caribeña
El punto culminante de su generosidad fue la donación de una custodia de plata sobredorada, una pieza de excepcional valor que Don Matías mandó a labrar en las Indias a su costa. Con un valor de 305 pesos de la época —una fortuna para el momento—, esta obra es un testimonio vivo del comercio transatlántico y la maestría artesanal cubana.

Se cree que el encargo fue gestionado en La Habana por su primo, el comerciante Luis Martín. El resultado fue una joya de la platería que, aunque inspirada en los cánones andaluces, posee el alma de la isla caribeña. El sol de la custodia que sostiene la sagrada forma está adornado con seis preciosas esmeraldas donadas por María Liberata de Guisla. Curiosamente, solo existe una pieza hermana, casi idéntica, en Santa Clara (Cuba).
La caridad como legado perpetuo
El testamento de 1713 revela también la profunda conciencia social de Abreu. Más allá de las tierras de La Hoya y las viñas de malvasía de La Pileta (hoy convertidas en plataneras en la desembocadura del barranco del Agua), Don Matías estableció un sistema de caridad perpetua.
Ordenó que, cada año, se repartieran tres fanegas de trigo en pan amasado entre los pobres de la Villa, sus distritos y el pueblo de Los Sauces. Este reparto debía hacerse en la puerta de la capilla de Nuestra Señora del Rosario, la que él mismo fundó y donde reposan sus restos.
Hoy, al observar la torre de la iglesia o la delicadeza de la plata labrada que recorre las calles y plazas en la solemnidad del Corpus Christi, recordamos a Don Matías de Abreu no solo como hombre de leyes y fe, sino como el arquitecto de una identidad. Defendió como nadie, en aquella época, a su querida villa natal que hoy le debe un reconocimiento.
Fondo documental:
- Testamento de Don Matías de Abreu. Año 1713. AGP.
- Protocolos de Blas Ximón (1546-1573). Luis Agustín Hernández Martín.
- El arte de la platería en Cuba. Dr. Jesús Pérez Morera.
Fotografías:
- La torre de la iglesia.
- Custodia cubana de plata sobredorada, en una procesión del Corpus Christi.



