CULTURA · LAS NIEVES
La Fiesta de las Madres (I): el nacimiento de una tradición y el misterio de la Virgen de las Nieves
Primera entrega del reportaje de José Guillermo Rodríguez Escudero sobre la 56ª Fiesta de las Madres: su nacimiento en 1971 y la historia, la leyenda y el misterio de la patrona de La Palma.
Por José Guillermo Rodríguez Escudero · Imágenes: archivo del autor · El Faro de La Palma
El nacimiento de una celebración profundamente palmera
El pasado domingo 24 de mayo de 2026 volvió a celebrarse en el Real Santuario de Nuestra Señora de las Nieves una de las manifestaciones religiosas y sentimentales más entrañables del pueblo palmero: la 56ª Fiesta de las Madres, tributo dedicado a la Virgen de las Nieves «como Madre de todos los palmeros y, en general, a todas nuestras madres».
La festividad nació oficialmente en 1971, impulsada por el entonces rector del Santuario, Pedro Manuel Francisco de las Casas, conjuntamente con los antiguos Coros y Danzas de la Sección Femenina. Desde sus orígenes fue concebida como una celebración triple: homenaje a la Virgen, reconocimiento a las madres —vivas y difuntas— y exaltación de la propia isla de La Palma como símbolo de la Madre Naturaleza.
Con el paso del tiempo, aquella iniciativa adquirió un arraigo extraordinario entre los fieles y el pueblo palmero. La Fiesta de las Madres terminó convirtiéndose en una de las grandes solemnidades del calendario religioso insular, considerada la segunda celebración mariana más importante del Real Santuario tras las Fiestas Mayores de Agosto y, en los años lustrales, después de las multitudinarias fiestas de la Bajada de la Virgen.
Cada edición suponía mucho más que un acto religioso. Era una jornada de reencuentro colectivo, una cita marcada por la emoción familiar, la memoria compartida y el orgullo insular. En aquellos años en que no coincidían procesos electorales, la celebración tenía lugar el último domingo de mayo; en esta edición de 2026, sin embargo, se desarrolló el penúltimo domingo del mes. Una vez más, como tantas veces se ha dicho en La Palma, todos los caminos conducían a Las Nieves.
El Real Santuario, primer templo canario distinguido con el título de «Real» desde que Felipe IV lo acogiera bajo su patronato en 1649, se convertía así en el corazón espiritual de toda la isla. Peregrinos, romeros y devotos llegaban desde todos los municipios para participar en una jornada marcada por el fervor, la música, las flores y la emoción popular.



La Virgen de las Nieves: historia, leyenda y misterio
Hablar de la Fiesta de las Madres es hablar inevitablemente de la Virgen de las Nieves, patrona inmemorial de la isla de San Miguel de La Palma y una de las imágenes marianas más antiguas, veneradas y misteriosas del archipiélago canario.
Los orígenes de su culto se pierden en un pasado remoto, envuelto en tradiciones y relatos que durante siglos han alimentado la devoción popular. Ya en 1753 escribía el dominico palmero fray Luis Tomás Leal que «ignórase el cuándo, quién y de dónde vino aquel portentoso simulacro». Aquellas palabras reflejan perfectamente el halo legendario que rodea a la pequeña imagen de la Negrita.
El Papa Pío XII reconoció oficialmente en 1952 el Patronazgo Inmemorial de la Virgen de las Nieves y de San Miguel Arcángel sobre toda la isla de La Palma, mediante Breve Pontificio firmado en Roma el 13 de noviembre de aquel año. Sin embargo, la tradición insular sitúa su presencia en la isla mucho antes de la conquista castellana. Viera y Clavijo recogía ya en el siglo XVIII la creencia de que la imagen era venerada antes de la llegada de las tropas de Fernández de Lugo a finales del siglo XV. Incluso existe una bula de Martino V fechada en 1423 donde aparece mencionada una capilla dedicada a «Santa María de La Palma».
Diversos investigadores han señalado además la posibilidad de que el santuario cristiano se levantara sobre un antiguo espacio sagrado aborigen. Pérez Morera apuntaba en este sentido «que el santuario fue fundado o superpuesto sobre algún lugar que los aborígenes consideraban sagrado».
La imagen, de apenas 57 centímetros de altura, está realizada en barro cocido y responde estilísticamente al románico tardío, aunque algunos especialistas sitúan su cronología entre los siglos XIII y XIV. Fernández García la describía como «una obra gótica con reminiscencias románicas», mientras otros estudios la vinculan a talleres sevillanos influenciados por escultores flamencos y franceses activos en la Sevilla bajomedieval, como Lorenzo Mercadante o Miguel Perrín.



Precisamente el investigador Martín Sánchez atribuyó la autoría de la talla al imaginero Lorenzo Mercadante de Bretaña. Otros cronistas antiguos, como el Marqués de Cubas en 1694, afirmaban que estaba realizada en «barro portugués con letreros en la orla o manto que no pueden leerse».
La tradición popular, sin embargo, fue todavía más lejos. La beata María de San José aseguraba en 1680 haber recibido la revelación de que la imagen había sido formada por los ángeles con fragmentos de «la columna en que fue azotado el Señor». Leyenda y fe terminaban así fundiéndose en torno a una devoción que atraviesa los siglos.
El propio rostro de la Virgen ha fascinado siempre a historiadores y fieles. Pérez Morera afirmaba que la imagen posee «una poderosa atracción sobre quien lo contempla», mientras fray Diego Henríquez escribía en 1714: «el rostro es perfecto y lleno; los ojos, rasgados y abiertos que parecen mirar a todas partes; las mejillas rosadas; el color moreno, no con exceso obscuro; ostenta majestad y mueve a veneración y devoción».
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Ignórase el cuándo, quién y de dónde vino aquel portentoso simulacro
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FRAY LUIS TOMÁS LEAL · 1753



