JOSÉ GUILLERMO RODRÍGUEZ ESCUDERO , 13 DE MARZO DE 2026.
Entre las manifestaciones más singulares del humor insular se encuentra una curiosa tradición que aún pervive en la memoria cultural de Santa Cruz de La Palma: la Archicofradía de la Santa Mueca. Esta peculiar confraternidad satírica constituye uno de los episodios más sorprendentes del ingenio palmero del siglo XIX, una mezcla de ironía, crítica social y parodia de las solemnidades religiosas.
El investigador Víctor Hernández Correa la definió como:
«uno de los actos más sorprendentes y divertidos de los que existen o han existido en Santa Cruz de La Palma durante los períodos festivos».
Y no es para menos: bajo la apariencia de una cofradía, se escondía en realidad una sofisticada broma colectiva.
📜 Un hallazgo inesperado en la Cosmológica
La investigadora María Régulo Rodríguez descubrió de forma fortuita en la Biblioteca Cervantes de la Real Sociedad Cosmológica un conjunto de manuscritos titulados Protocolo de la Santa Mueca. Los documentos también aparecían bajo otras denominaciones: La Mueca, La Santa Mueca o La Santísima Mueca.
El hallazgo sorprendió profundamente a la investigadora. Se trataba de un conjunto de manuscritos —27 hojas en cuarto y 61 folios— fechados entre 1834 y 1876, perfectamente conservados. Para Régulo Rodríguez, estos textos constituían un testimonio excepcional de «la capacidad intelectual e imaginativa, amplia cultura y espíritu liberal, amén de sentido del humor» de quienes idearon esta singular broma colectiva. Los documentos revelan que la llamada confraternidad era, ante todo, un juego entre amigos, un círculo de cómplices que decidieron burlarse no solo de los demás, sino también de sí mismos.
🎭 Humor erudito y parodia de los documentos oficiales
El poeta y ensayista Andrés Sánchez Robayna coincidió con Régulo Rodríguez en las salas de la Cosmológica mientras estudiaba el curioso legajo. Para él, el Protocolo de la Santa Mueca representa «un sugestivo capítulo de la vida social y cultural canaria del siglo XIX».


Los textos muestran una curiosa mezcla de erudición y humor. Abundan las expresiones en latín —no siempre correctas—, las referencias bíblicas y las alusiones históricas. También aparecen nombres de personajes y lugares utilizados con total libertad, siempre con una clara intención lúdica. Una de las características más llamativas es la parodia del lenguaje burocrático. Las actas y documentos imitan con precisión la solemnidad de los escritos oficiales, pero con un contenido delirante.
🎖️ Los cargos más absurdos de una cofradía imaginaria
Los manuscritos enumeran una interminable lista de cargos y títulos que caricaturizan las jerarquías religiosas y administrativas. Entre ellos se encuentran denominaciones tan extravagantes como:
- Escupidor Mayor para el quinto día de la Semana Negra.
- Caballero nato de la Orden de los Tres Milagros.
- Bigotero y Escupidor Mayor de la Suma Inocencia.
- Gran Mandarrio de reglamento.
- Espumador Mayor de la Confraternidad.
- Maestro Mayor de Ceremonia y Director del Género Humano.
- Primogénito del Gran Lagarto y primer llamado a la Mueca Tremenda.
Estos títulos aparecen en cartas, decretos y solicitudes redactadas con el más riguroso formalismo administrativo, lo que intensificaba el efecto humorístico.
🃏 La gran broma de Semana Santa
La Santa Mueca no se limitaba a la escritura. También tenía una dimensión performativa durante la Semana Santa de Santa Cruz de La Palma. Los miembros de la confraternidad enviaban invitaciones formales —redactadas en papel de calidad y con membrete adornado por una calavera y fémures cruzados— a determinados personajes de la vida pública: médicos, jueces, militares, registradores o recaudadores de impuestos.

Procesión del Señor Muertito
Muchos de ellos eran forasteros procedentes de la Península, conocidos en el lenguaje popular como «godos». El término se aplicaba a quienes llegaban con cierto aire de superioridad y nostalgia por su tierra de origen, despreciando las islas y a sus habitantes. Las cartas invitaban solemnemente a los destinatarios a participar en la misteriosa ceremonia de la Mueca, normalmente durante el Viernes Santo, en la plaza principal de la ciudad.
🎩 La ingenuidad de los invitados
En aquellos días era costumbre que los distinguidos caballeros de la ciudad asistieran a los actos religiosos con rigurosa etiqueta: levita, zapatos de charol y chistera. Las invitaciones de la Santa Mueca se aprovechaban de esa solemnidad. A los invitados se les pedía acudir vestidos de una manera determinada o realizar acciones absurdas: presentarse con alpargatas blancas, colaborar en dar sebo a una cuña, o subirse a una gavia. Algunos debían ejecutar movimientos ridículos como el «paspié», el «salto atrás» o el «espirrido mayor».
Muchos destinatarios, confiados en la seriedad de los oficios recibidos, acudían puntualmente al lugar indicado. Solo entonces descubrían que habían sido víctimas de una elaborada broma pública. Mientras en el interior de la iglesia se celebraban los solemnes oficios del Sermón de las Tres Horas, fuera del templo los jóvenes palmeros —esperando la salida de la Magna Procesión del Santo Entierro— observaban divertidos la llegada de los incautos invitados.
⚖️ Entre la irreverencia y la crítica social
La Santa Mueca representaba algo más que una simple broma. En cierto modo, invertía las jerarquías sociales de la época. Durante unos instantes, los personajes más respetados de la comunidad podían convertirse en objeto de risa colectiva. Incluso en los días más solemnes de la liturgia, como el Jueves o el Viernes Santo, el ingenio popular encontraba espacio para el humor.
El historiador Luis Van de Walle y Carballo recordaba el contraste entre los fieles recogidos dentro del templo escuchando el sermón y, en el exterior, la multitud entretenida con «la fiesta de la mueca».
🔚 El final de una tradición
El político y escritor palmero Armando Yanes Carrillo afirmaba que esta curiosa hermandad era conocida «desde tiempo inmemorial». Sin embargo, el artista e investigador Alberto-José Fernández García situaba su origen documental en marzo de 1834.
Con el paso del tiempo, la tradición fue desapareciendo. Ya a mediados del siglo XX se consideraba una costumbre extinguida, aunque todavía se recordaban algunos casos de víctimas tan ofendidas que abandonaron la isla tras descubrir la burla. Para Andrés Sánchez Robayna, la Santa Mueca constituía un testimonio extraordinario de la cultura insular. En ella se revelaba «la risa como una de las bellas artes»: una forma de entender las relaciones humanas en una comunidad donde el humor actúa como contrapunto de la solemnidad.
BIBLIOGRAFÍA
- FERNÁNDEZ GARCÍA, Alberto José. «Notas históricas de la Semana Santa en Santa Cruz de La Palma». Diario de Avisos (1963).
- HERNÁNDEZ CORREA, Víctor. «La letra palmera en la Semana Santa. Apuntes históricos y perspectivas futuras». (2000).
- NEGRÍN, Ignacio. «Actos conmemorativos del 108 aniversario de La Cosmológica». (1989).
- RÉGULO PÉREZ, Juan. «Preámbulo: crítica, sátira e ironía en La Palma». (1989).
- SÁNCHEZ ROBAYNA, Andrés. «La Santa Mueca». (1989).
- VAN DE WALLE CARBALLO, Luis. «Las Tres Horas: una devoción de la antigua Semana Santa palmera». (1958).
- YANES CARRILLO, Armando. «El buen medero y sus amigotes». (1954).



