Un recorrido histórico por uno de los vergeles más emblemáticos de San Andrés y Sauces en la década de los sesenta.
Manuel Marcos Pérez Hernández
Uno de los rincones más emblemáticos de San Andrés y Sauces y por extensión de la isla de La Palma, fue, durante los años sesenta del pasado siglo, la finca de “Llano Clara”. Las crónicas y revistas de la época coinciden en el asombro de quienes la recorrían, subrayando que:
«Jamás nuestros ojos habían visto maravilla tan grandiosa producto de la naturaleza».
La extraordinaria fertilidad de estas tierras garantizaba cosechas de una abundancia tal que cautivó al célebre escultor, Pérez Comendador. Tras visitarla, el artista dejó para el recuerdo una frase que define su exuberancia:
«Los árboles tienen más frutas que hojas».
Don José Luis Albendea, cronista oficial de San Andrés y Sauces, describía la propiedad en un artículo de Diario de Avisos (1963) como una finca de recreo nacida de la paciencia y de un espíritu amante de lo bello. Equipado con todas las comodidades modernas de la época, este retiro cautivó incluso al Archiduque Otto de Habsburgo, quien llegó a declarar que, de haberla conocido antes, la habría elegido como lugar ideal de descanso.
Desde sus extensos dominios, el visitante podía deleitarse con panorámicas inolvidables. Hacia un lado, la costa se desplegaba bordeada por el azul inquieto del mar, abarcando desde La Galga al faro de Punta Cumplida. El paisaje se completaba con el contraste del ocre de la tierra y el verde profundo de las plataneras brillando bajo el sol palmero.
Un vergel abierto al mundo
En 1969, la revista Canarias Gráfica anunciaba la venta de esta propiedad de 64.000 metros cuadrados, dedicada a cultivos frutales en plena producción. La finca contaba con un caudal propio de aguas de gran pureza y cuatro estanques. Su relevancia era tal que, anualmente, atraía a más de mil turistas.

Una de las últimas visitas institucionales, guiada por su propietario, Don Juan Martín González, fue la del Vice-Rector de la Universidad de La Laguna junto a los alumnos del Curso para Extranjeros organizado por el Cabildo Insular.
El interés por conocer Llano Clara era generalizado, y Don Juan, en un gesto de generosidad, permitía el acceso de todo aquel que deseara admirarla. Aún conservo la nítida impresión de cuando la visité junto a mi padre; por aquel entonces la finca ya estaba en venta, pero se mantenía como un auténtico vergel gracias al esfuerzo de sus encargados, Santiago y Adriana.
Bibliografía y fuentes:
- Los Tilos: Esos desconocidos. José Luis Albendea. Cronista. Diario de Avisos 1963.
- Finca Llano Clara. Canarias Gráfica 1965.
- Fotografías de la Finca de Llano Clara y de la visita del Vice-Rector en 1969. (Coloreadas con IA).



