Iván Díaz, docente de Economía, reflexiona sobre la profunda brecha que genera la falta de hábito lector entre los jóvenes. Más allá de los números y las calculadoras, el profesor advierte que la incapacidad de comprender lo que se lee bloquea el pensamiento crítico y convierte a los futuros ciudadanos en personas vulnerables a la manipulación.
Por Iván Díaz
Recientemente, con motivo del Día del Libro, un alumno me confesó algo que me dejó pensando: «En mi casa no hay libros, nunca se ha leído». Esa frase es el reflejo de una brecha invisible pero profunda. Muchos jóvenes hoy no solo no tienen el hábito de leer por placer, sino que están perdiendo la capacidad de interpretar la realidad que les rodea.
Como docente de Economía, veo las consecuencias de esto a diario. Existe la falsa creencia de que nuestra materia es puramente numérica, pero nada más lejos de la realidad. El gran obstáculo de muchos alumnos no es la falta de destreza con la calculadora, sino la incapacidad de comprender lo que leen.
Lo vemos constantemente en los exámenes: el problema no es que no sepan aplicar un concepto, es que no comprenden el enunciado de un supuesto práctico o no saben extraer la idea principal de una noticia económica. La falta de comprensión lectora bloquea el pensamiento analítico y les impide conectar la teoría con la vida real.
Los Planes Lectores en los institutos no son un capricho. Son una herramienta de justicia social para compensar la ausencia de libros en muchos hogares. Leer es lo que permite a un estudiante:
- Interpretar de forma crítica la información financiera.
- Analizar las causas y consecuencias de los problemas sociales.
- Argumentar con rigor y vocabulario preciso.
- Decidir con autonomía en su vida adulta.
Reivindicar la lectura es, en última instancia, reivindicar la libertad. Un alumno que no comprende lo que lee es un ciudadano vulnerable a la manipulación. Hagamos de la lectura una prioridad para que el día de mañana, además de resolver problemas, sepan entender el mundo en el que viven.



