OPINIÓN · SAN BARTOLO DE LA GALGA · III
San Bartolo, el alma de La Galga (III): el pueblo que compró su tierra y levantó su plaza
En 1912 un emigrante retornado avaló con 15.000 pesetas la compra de las tierras del pago. Sesenta años después, cada familia puso siete mil pesetas y seis jornadas de trabajo para ganarle al risco la plaza de la ermita.
Esa capacidad de organización comunitaria no se limitaría a la ermita.
Cuando un pueblo construye con sus propias manos
La historia de La Galga ofrece otro episodio extraordinario que ayuda a entender el carácter de sus habitantes. A comienzos del siglo XX, buena parte de las tierras del lugar se encontraba en manos de grandes propietarios, la saga familiar Poggio. En 1912, cuando la Casa Cabrera —aoderada de los terratenientes locales— estos terrenos salieron a la venta, los vecinos carecían de recursos suficientes para adquirirlos.

Fue entonces cuando intervino José Hernández Hernández, un emigrante retornado que actuó como avalista de sus paisanos y depositó una fianza de 15.000 pesetas, una fortuna en ese momento. Gracias a aquella iniciativa del héroe indiano pudo constituirse una sociedad que permitió adquirir las tierras, que posteriormente quedaron repartidas entre numerosos vecinos. La relevancia histórica de este benefactor local y el recuerdo de esta acción que salvó el futuro de los galgueros fue el motivo por el cual tiene un monumento en la plaza del barrio. Esta estatua en piedra volcánica tallada fue realizada en 2005 por el escultor santanderino Jorge Beda.
El episodio resulta revelador. La comunidad que durante siglos había reunido limosnas para mantener su ermita fue capaz también de organizarse para defender el acceso a las tierras de las que dependía su subsistencia.
La plaza que se le ganó al risco
Décadas después volvería a demostrar esa misma capacidad.

La pequeña plaza de San Bartolo, hoy inseparable de la imagen de la ermita, fue ganada al risco. Antes había allí poco más que un descampado. El proyecto para convertirlo en plaza se redactó en 1951, aunque el proceso se prolongaría durante años y encontraría su verdadero impulso con la movilización vecinal.
Una comisión formada por habitantes del pago asumió el cometido de hacer realidad aquella aspiración. Fueron los propios galgueros quienes recaudaron el dinero y realizaron con sus propias manos buena parte de las obras menores.

Un informe de la Agencia de Extensión Agraria de San Andrés y Sauces que apoyaba aquella iniciativa popular reflejaba el sacrificio que los vecinos estaban dispuestos a realizar.
La obra fue finalmente sufragada por ellos mismos. Cada familia aportó una media de «siete mil pesetas en metálico y seis jornadas de trabajo, las cuales habrían de detraer el tiempo dedicado a sus faenas». La referencia aparece en el Libro de Actas, con fecha de 21 de abril de 1971.

El esfuerzo quedó finalmente reconocido en la lápida situada a la derecha de la puerta de entrada, donde puede leerse:
LA LÁPIDA DE LA PLAZA
«Plaza San Bartolomé realizada por Ismael Martín (párroco) en colaboración con el Barrio de La Galga y varias entidades oficiales. 01-10-1976».

La plaza es, por ello, algo más que una explanada. Es la expresión material de una manera de entender la vida en comunidad: aportar dinero cuando se puede, trabajo cuando hace falta y voluntad cuando los recursos escasean.
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La plaza es algo más que una explanada. Es la expresión material de una manera de entender la vida en comunidad.
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José Guillermo Rodríguez Escudero
SOBRE EL AUTOR
José Guillermo Rodríguez Escudero es historiador y colaborador habitual de El Faro de La Palma. Firma en estas páginas artículos sobre patrimonio, arte y memoria de La Palma.
SAN BARTOLO DE LA GALGA, ENTREGA A ENTREGA
- San Bartolo, el alma de La Galga (I): el lugar, el barranco y el origen de un nombre
- San Bartolo, el alma de La Galga (II): cinco siglos de obras, limosnas y pleitos
- San Bartolo, el alma de La Galga (III): el pueblo que compró su tierra y levantó su plaza (esta entrega)
- San Bartolo, el alma de La Galga (IV): el retablo barroco y las imágenes que guarda la ermita
- San Bartolo, el alma de La Galga (V): el santo del cuchillo y la cadena de ceniza del volcán
- San Bartolo, el alma de La Galga (VI): el perro maldito y la noche en que el demonio sale a pasear
- San Bartolo, el alma de La Galga (VII): la fiesta, el arco y la leyenda del Salto del Enamorado
- San Bartolo, el alma de La Galga (y VIII): mientras haya quien lo lleve a hombros
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Colaboración de José Guillermo Rodríguez Escudero para El Faro de La Palma. Fotografías cedidas por el autor.



