OPINIÓN · SAN BARTOLO DE LA GALGA · VII
San Bartolo, el alma de La Galga (VII): la fiesta, el arco y la leyenda del Salto del Enamorado
Un arco de helechos, flores, panes y brezo; la fiesta de los Hombres en agosto y la de las Mujeres en septiembre; la faya galguera que viajó a Tejina; y el pastor que se jugó la vida sobre el barranco por amor.
La fiesta de San Bartolomé comienza mucho antes de que el santo salga de su ermita.
Una fiesta que une generaciones y gentes de otros lugares
Un enorme arco de medio punto confeccionado con helechos, flores, panes, brezo, cintas de papel y frutos adorna la calle que conduce al pequeño oratorio. La vegetación del entorno se convierte en decoración y el paisaje pasa a formar parte de la celebración.

Los festejos reúnen numerosos actos —que incluye una famosa romería y eventos culturales, deportivos, musicales, etc.— y concluyen tradicionalmente el último fin de semana de agosto con una gran fiesta de hermandad amenizada por una orquesta en el cercano Cubo de La Galga, uno de los espacios de laurisilva más representativos de las islas.
Aunque la onomástica del patrón se celebra el 24 de dicho mes, en algunas ediciones las fiestas se han trasladado al fin de semana más próximo para favorecer la asistencia de vecinos, visitantes y personas que regresan al barrio con motivo de estas fechas.
La fiesta de los Hombres y la fiesta de las Mujeres
En La Galga, los festejos dedicados al Santo reciben tradicionalmente el apelativo de «fiesta de los Hombres». En septiembre, las celebraciones en honor de la Virgen de la Piedad toman el relevo bajo la denominación de «fiesta de las Mujeres», debido a que son tradicionalmente las mujeres de la comarca quienes asumen su organización.
Pero la influencia de San Bartolo ha trascendido incluso los límites de La Galga.

En 2023, por ejemplo, los montes puntallaneros proporcionaron la faya utilizada para elaborar los tradicionales Corazones de Tejina, en Tenerife. La colaboración se produjo en el contexto del hermanamiento entre La Galga y este pueblo tinerfeño, dos comunidades unidas también por su devoción y sus celebraciones en torno al Apóstol mártir.
Es un detalle aparentemente pequeño, pero extraordinariamente simbólico: la tradición que nació en un pequeño barrio del norte de La Palma ha servido también para tender puentes entre vecindades de distintas islas.
Dos procesiones y un manto rojo

El santo patrón sale en procesión dos veces durante las celebraciones galguenses. En la víspera recorre la calle principal acompañado por cuatro faroles encendidos y por los fuegos de artificio que iluminan la noche. En su onomástica, después de la función religiosa, procesiona de nuevo y es llevado hasta el Calvario de la Carretera General del Norte antes de emprender el camino de regreso.
San Bartolomé avanza cubierto por un gran manto rojo y un cíngulo dorado, sobre unas sencillas andas de madera. En fotografías antiguas se aprecia cómo procesionaba entronizado bajo un baldaquino. En la actualidad, el trono se adorna con flores frescas, generalmente anturios rojos, cuyo color evoca su condición de mártir.
Son los vecinos devotos quienes lo llevan a hombros, cumpliendo promesas y manteniendo viva una tradición que, generación tras generación, sigue formando parte de la identidad del pueblo.
Y en ese recorrido corto, aparentemente sencillo, se concentra buena parte de la esencia de la fiesta.
Porque no es únicamente una procesión religiosa. Es también el regreso de quienes un día emigraron, el reencuentro de las familias, la memoria de quienes ya no están y la oportunidad de reconocerse nuevamente como parte de una misma comunidad, orgullosa y luchadora.
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No es únicamente una procesión religiosa. Es también el regreso de quienes un día emigraron, el reencuentro de las familias, la memoria de quienes ya no están.
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José Guillermo Rodríguez Escudero
La leyenda del Salto del Enamorado
Al hablar de las fiestas de San Bartolo de La Galga y de su entrañable ermita, resulta inevitable detenernos en una de las leyendas más conocidas y evocadoras de este rincón de La Palma. Una historia de amor, desafío y tragedia que, según cuenta la tradición, tuvo como escenario los vertiginosos riscos que hoy conocemos como el Mirador del Salto del Enamorado, un lugar donde el paisaje y la leyenda parecen fundirse para mantener vivo, generación tras generación, el recuerdo de aquel pastor que se jugó la vida por amor.

Se cuenta que un humilde y valiente muchacho vivía profundamente embelesado por una hermosa joven de La Galga, pero todos sus intentos por conquistarla eran rechazados una y otra vez. Cansada de la insistencia del pretendiente, la doncella decidió plantearle un desafío que creía imposible, con la intención de alejarlo de ella para siempre. Le prometió que se casaría con él si conseguía dar tres vueltas sobre el vacío, al borde del precipicio, ayudándose únicamente de su lanza, el tradicional instrumento empleado en el salto del pastor canario.
Cegado por el amor y dispuesto a cualquier cosa por conseguir a su amada, el mancebo aceptó el arriesgado reto. En su primer salto, elevó la voz y exclamó: «¡En el nombre de Dios!», logrando regresar sano y salvo. Para el segundo salto reunió de nuevo todo su valor y gritó: «¡En el nombre de la Virgen!». Una vez más, la fortuna estuvo de su lado y consiguió superar la prueba.
Llegó entonces el tercer y definitivo salto. Lleno de emoción, pensando ya en la mujer que amaba, el joven lanzó su última exclamación: «¡En el nombre de mi amada!». Pero esta vez, agotado por el esfuerzo o quizá víctima de un fatal desequilibrio, la lanza no respondió como esperaba. El pastor perdió el control y cayó al fondo del barranco, encontrando la muerte de forma instantánea.

La tradición cuenta que la desconsolada muchacha, horrorizada por lo sucedido y consumida por la culpa, pasó el resto de sus días llorando sin consuelo y lamentando aquella prueba que terminó cobrándose la vida de quien la amaba.
Desde entonces, el risco donde, según la leyenda, tuvo lugar este trágico episodio recibe el nombre de Mirador del Salto del Enamorado, situado en las proximidades de la ermita de San Bartolo. Allí se levantó en 2004 una estatua de bronce —obra del escultor palmero Fran Concepción— en recuerdo del pastor y de su inseparable lanza, convirtiendo este lugar en uno de los rincones más emblemáticos para disfrutar de las impresionantes vistas del norte de La Palma.
En las fiestas patronales de La Galga, son muchas las personas que cada año ascienden la cuesta del montículo donde se alza el monumento, siguiendo, quizá sin saberlo, los pasos de aquella antigua historia de amor que el lugar todavía parece guardar.
LA FIESTA, EN DATOS
- Dónde: La Galga, en el norte del municipio de Puntallana.
- Onomástica del patrón: 24 de agosto.
- Cierre de los festejos: el último fin de semana de agosto, con la fiesta de hermandad en el Cubo de La Galga.
- Fiesta de la Virgen de la Piedad: en septiembre, organizada tradicionalmente por las mujeres del barrio.
SOBRE EL AUTOR
José Guillermo Rodríguez Escudero es historiador y colaborador habitual de El Faro de La Palma. Firma en estas páginas artículos sobre patrimonio, arte y memoria de La Palma.
SAN BARTOLO DE LA GALGA, ENTREGA A ENTREGA
- San Bartolo, el alma de La Galga (I): el lugar, el barranco y el origen de un nombre
- San Bartolo, el alma de La Galga (II): cinco siglos de obras, limosnas y pleitos
- San Bartolo, el alma de La Galga (III): el pueblo que compró su tierra y levantó su plaza
- San Bartolo, el alma de La Galga (IV): el retablo barroco y las imágenes que guarda la ermita
- San Bartolo, el alma de La Galga (V): el santo del cuchillo y la cadena de ceniza del volcán
- San Bartolo, el alma de La Galga (VI): el perro maldito y la noche en que el demonio sale a pasear
- San Bartolo, el alma de La Galga (VII): la fiesta, el arco y la leyenda del Salto del Enamorado (esta entrega)
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Colaboración de José Guillermo Rodríguez Escudero para El Faro de La Palma. Fotografías cedidas por el autor.



