Más allá del miedo inicial, la erupción de 1971 transformó el paisaje y la economía del sur de La Palma. Hoy, Fuencaliente mira su cicatriz volcánica con orgullo, convertida en viñedos premiados, atractivo turístico y símbolo de resiliencia.
Por: Director | El Faro de La Palma Fecha: 20 de octubre, 2025
FUENCALIENTE.- Hace 54 años, entre el 21 y el 25 de octubre de 1971, los temblores sacudieron Fuencaliente anunciando lo inevitable. El día 26, la tierra se abrió en Cumbre Vieja y nació el volcán Teneguía. La erupción cubrió casas, caminos y viñedos centenarios bajo un manto de ceniza, atrajo la atención de la prensa internacional y regaló al municipio el territorio más joven de España: unas 20 hectáreas ganadas al mar. El miedo inicial a la destrucción dio paso, con el tiempo, a un extraordinario proceso de adaptación y renacimiento.
Cuando la vida se adapta: La vid, la sal y el nuevo sur

La devastación inicial fue seguida por la resiliencia. Los viticultores locales, a pesar de haber perdido cosechas y terrenos, intuyeron que aquel nuevo malpaís podía ofrecer algo único. Probaron a plantar la malvasía volcánica sobre la ceniza, y el resultado superó las expectativas. Hoy, bodegas como Llanovid (con su marca Teneguía) y los productores de Llanos Negros elaboran vinos reconocidos internacionalmente, premiados precisamente por ese terroir mineral que les confiere el volcán. Un legado agrícola que sigue vivo y se refuerza con inversiones actuales, como el reciente proyecto del Cabildo de más de un millón de euros para modernizar el riego en Llanos Negros.


Pero Fuencaliente no se limitó a recuperar la vid. El municipio apostó por diversificar su economía aprovechando el nuevo paisaje. Las Salinas de Fuencaliente, rozadas por las coladas, se convirtieron en un atractivo etnográfico y gastronómico de primer orden. Las rutas de senderismo por los volcanes y el turismo de naturaleza pasaron a ser pilares de la oferta local. Y como hito reciente, la reapertura del hotel Teneguía Princess tras una inversión millonaria ha consolidado al municipio como polo turístico y principal generador de empleo en la comarca.
Fuente Santa: La eterna herida… y promesa
Quizás la herida más profunda que dejó el Teneguía no fue material. El volcán volvió a sepultar –como ya hizo el San Antonio en 1677– la Fuente Santa, el legendario manantial de aguas curativas que dio nombre y fama al municipio mucho antes que los volcanes. Tras décadas de búsqueda, la galería fue redescubierta. Aunque el sueño del balneario sigue pendiente, la fuente late bajo la lava como un símbolo poderoso de la memoria y de lo que aún queda por recuperar, una promesa de futuro vinculada a su pasado.

Demografía: Éxodo y renacimiento
El Fuencaliente de 1970 contaba con cerca de 2.800 habitantes. La erupción y los cambios económicos posteriores provocaron un descenso paulatino de la población, que hoy se estabiliza en torno a los 1.900 vecinos. Pero el pulso del municipio está lejos de apagarse. La llegada de nuevos residentes, el retorno de jóvenes y un panorama activo, donde la innovación agrícola, el turismo sostenible y la reivindicación de su identidad marcan la agenda, dibujan un futuro esperanzador.
Fuencaliente, resiliencia y futuro
Hoy, 54 años después, Fuencaliente mira a su volcán más joven con respeto, pero también con ambición. La sorpresa y el miedo iniciales dieron paso a la necesidad de crecer, adaptarse e inventar una nueva forma de vivir sobre la ceniza. El municipio se enorgullece de su cicatriz volcánica: viñedos únicos, paisajes lunares, playas negras y una historia de esfuerzo. La gran lección del Teneguía es esa: ninguna herida, por profunda que sea, borra la oportunidad de renacer mejor.



