El 35% de las personas en exclusión sufre adicciones y un 27% trastornos mentales. El estudio denuncia el vacío asistencial para quienes padecen ambas cosas a la vez y revela que la esperanza de vida de este colectivo cae hasta los 52 años.
DIRECTOR. EL FARO DE LA PALMA, 24 de noviembre de 2025.
SANTA CRUZ DE LA PALMA. La exclusión social en La Palma no es solo un problema de vivienda; es una emergencia sanitaria. El informe ‘Exclusión Residencial Extrema 2024’ arroja una conclusión estremecedora: la calle enferma y mata. Según los datos recogidos por Cáritas y el Cabildo, la esperanza de vida de las personas sin hogar se reduce drásticamente, situándose en torno a los 52 años, lo que supone perder 30 años de vida respecto a la media nacional.
Detrás de esta mortalidad prematura hay un cóctel letal de enfermedades crónicas, falta de tratamiento y, sobre todo, el fenómeno de la «Patología Dual»: sufrir una adicción y un trastorno mental grave simultáneamente.
El laberinto de la Patología Dual Los datos son contundentes: el 35,3% de las personas atendidas tiene problemas de adicciones (principalmente alcohol) y un alto porcentaje sufre trastornos mentales (el 16,5% diagnosticados, más cuadros de depresión y ansiedad severa).
El cruce de ambos mundos es devastador. El informe identifica que un 12,8% del colectivo sufre esta «Patología Dual». El problema, denuncia el estudio, es que el sistema sanitario a menudo no sabe cómo tratarlos: se les exige una desintoxicación completa antes de atender su salud mental, dejándolos en un limbo asistencial donde sus condiciones se agravan.
Enfermos y solos a la intemperie Vivir sin techo impide curarse. Las cifras sobre el sufrimiento físico diario son impactantes:
- El 21,6% ha estado tan enfermo que los síntomas le impedían moverse del lugar donde dormía.
- Un 19,3% llegó a renunciar a comer o hacer sus necesidades fisiológicas por la imposibilidad de moverse o asearse.
- La adherencia al tratamiento es una utopía: solo el 7,3% logra cumplir con la pauta de medicamentos recetada. Sin dinero para farmacia, sin reloj para las tomas y sin agua para tragar las pastillas, la salud se deteriora a velocidad de vértigo.
Un sistema que llega tarde El diagnóstico del informe advierte de que la falta de recursos especializados en la isla (como comunidades terapéuticas o unidades de deshabituación específicas) está cronificando estas situaciones. «La calle no es una sala de espera», advierten los técnicos, recordando que para muchas de estas 322 personas, el tiempo no es dinero, sino vida.



