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Los mascarones de Santa Cruz de La Palma (I): los pregoneros de la fiesta

by José Guillermo Rodríguez Escudero
junio 7, 2026
in Cultura, La Palma, Opinión
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OPINIÓN · LOS MASCARONES · I

Los mascarones de Santa Cruz de La Palma (I): los pregoneros de la fiesta

Primera entrega de una serie sobre los gigantes y cabezudos palmeros. José Guillermo Rodríguez Escudero rastrea el origen del nombre «mascarón», su raíz marinera y la presencia de estas figuras en el antiguo Corpus Christi.

Por José Guillermo Rodríguez Escudero · Historiador

Son muchas las personas que participan para «dar vida» a esas sorprendentes figuras tan queridas por los palmeros: los mascarones. Así es como conocemos a nuestros enigmáticos Gigantes y Cabezudos. No es fácil ni cómodo; incluso diría que se trata de una experiencia claustrofóbica, una sensación de agobio. Pero todo se vence cuando el que porta la figura es absorbido por el personaje y lo hace partícipe de un evento tan especial. El sufridor se siente, ante todo, afortunado por estar allá adentro, en sus entrañas, siendo el portador, aunque no sea el alma del figurón. Pertenece al conjunto y se deja llevar por la música, por el ambiente festivo que lo rodea. No hay nada más agotador, pero tampoco nada más reconfortante, tras la transformación, que pertenecer al bullicio y ser la causa de tal regocijo callejero. Por fortuna, aquellas estructuras pesadas han ido sustituyéndose por otras más ligeras y los gigantes son más llevaderos. No solo se divierten los pequeños al verlos: también los adultos, que vuelven a ser niños, y a la inocencia se le añade la melancolía de regresar a los recuerdos olvidados, de tanta gente querida que ya no está. No hay nada más festivo y emotivo que la Danza de Mascarones.

Los cabezudos de la comparsa, durante la danza por las calles de la capital palmera.
Los cabezudos de la comparsa, durante la danza por las calles de la capital palmera.

En este sentido, el escritor palmero Anelio Rodríguez Concepción subraya que «la ciudadanía palmera siente especial fascinación por este tipo de actos públicos, en parte paralela a la que siente por la transmisión oral de su propio y abigarrado anecdotario, pleno de ironía […] En La Palma, la idea de persona y la de personaje están íntimamente ligadas gracias a ese gusto idiosincrásico por contar, retener, adornar y transmitir buenas historias». Sobre estos personajes, la etnógrafa palmera María Victoria Hernández Pérez escribía: «los gigantes bailaron con su clásico revoloteo circular; el entrañable y viejo Biscuit con su gran sonrisa, ojos saltarines de color azul, bicornio napoleónico y diente de oro, y la bruja corriendo y dando golpes a los niños con su escoba mágica. Por unas horas, todos volvimos a ser niños».

«

…y es que en las manos de los mascarones queda, nada menos, la posibilidad de recobrar nuestra propia infancia.

»

MANUEL POGGIO CAPOTE (2007)

Mascarones de Santa Cruz de La Palma, pregoneros de la fiesta.
Mascarones de Santa Cruz de La Palma, pregoneros de la fiesta.

¿Qué es un mascarón?

Si buscamos la palabra «mascarón» en el diccionario de la Real Academia Española encontraremos dos acepciones: «cara disforme o fantástica que se usa como adorno en ciertas obras de arquitectura» y «figura colocada como adorno en lo alto del tajamar de los barcos». Por su parte, el Diccionario diferencial del español de Canarias recoge «persona vestida de gigante o cabezudo en las fiestas de la Bajada de la Virgen». Así es como el palmero conoce desde tiempo inmemorial a los gigantes y cabezudos, o papahuevos («papagüevos»), como se denominan en las islas orientales. Aunque el inicio de esta denominación es algo impreciso, desde 1895 consta su uso en nuestro léxico popular para designar a un cabezudo concreto: el que ejercía de director de la danza o bastonero de los gigantes. Se trata del conocido, querido y respetado Biscuit. Después, el nombre alcanzó a todos los integrantes de la agrupación, y desde entonces se les conoce como «mascarones».

Gigantes y cabezudos, en plena Danza de Mascarones.
Gigantes y cabezudos, en plena Danza de Mascarones.

Para encontrar el origen de esta peculiar denominación hay que remontarse, probablemente, al memorable pasado naval de Santa Cruz de La Palma, cuyo puerto se convirtió en uno de los más relevantes de la monarquía hispánica durante el siglo XVI. Una tradición marinera que posiblemente dejó su huella en la definición de nuestros festivos muñecos. Recordemos que, en el museo naval de la capital palmera, se conserva uno de esos mascarones en forma de busto de mujer que dominaba la proa de uno de tantos navíos fabricados en los extintos astilleros locales.

La comparsa recorre las empedradas calles de Santa Cruz de La Palma.
La comparsa recorre las empedradas calles de Santa Cruz de La Palma.

Hemos encontrado algunas fuentes documentales y antiguas referencias que recogen el empleo de la voz «mascarones» con el significado específico que tiene en La Palma, es decir, para aludir a lo que en otros lugares llaman gigantes y cabezudos, papagüevos, etc. Así, en el rotativo El Time, primer periódico editado e impreso en la capital palmera, el 7 de febrero de 1868, en la sección «Diversiones públicas» y en referencia a los festejos carnavaleros, se publica que «concurrirán mascarones con narices de kilómetro».

Un cabezudo de la comparsa palmera.
Un cabezudo de la comparsa palmera.

Los mascarones en el Corpus Christi

El 25 de diciembre de 1900, el Heraldo de La Palma, en referencia a los bailes de las sociedades Amor Sapientiae y La Dramática en Santa Cruz de La Palma, recoge que «muchas y distinguidas mascaritas y gran número de mascarones tomaron por asalto, en las primeras horas de la noche, los amplios salones de las simpáticas sociedades, abandonándolos muy cerca de las tres de la madrugada».

Los mascarones, una de las estampas más queridas de las fiestas palmeras.
Los mascarones, una de las estampas más queridas de las fiestas palmeras.

En diversas regiones de Castilla, Aragón y Navarra, las danzas de gigantes son una tradición arraigada. En España, los gigantes y cabezudos alcanzaron su máximo esplendor durante las solemnes procesiones del Corpus Christi: desde 1424 hasta finales del siglo XVIII, estas figuras danzaban anualmente al inicio de la comitiva. Su presencia simbolizaba la idea de que todas las cosas, grandes o pequeñas, estaban bajo el dominio del Creador. Además, se ha interpretado que representan el mal huyendo ante la presencia de Dios, que se manifestaba en la sagrada forma y, bajo palio, «perseguía» a los gigantes desde atrás, cerrando la larga comitiva. Estos gigantones, junto con otros elementos del bestiario y mascarones, se situaban al frente del fastuoso desfile religioso, acompañados por personajes como los diabletes, la tarasca o la bicha.

Gigantes de la comparsa de Santa Cruz de La Palma.
Gigantes de la comparsa de Santa Cruz de La Palma.

En Santa Cruz de La Palma se documenta la presencia de gigantes durante la primera mitad del siglo XVII y, también, en 1745 y 1774. El historiador Alberto José Fernández García (1928-1984) se refería a esta celebración en el Corpus y afirmaba que los gastos de los festejos corrían a cargo del cabildo de la isla, que había acordado la adquisición de unos gigantes. Nuevas referencias apuntan a que el diputado de las fiestas del Corpus en 1745, Nicolás Massieu van Dalle, insistió en la importancia de fabricar nuevos gigantes, pues los existentes se hallaban muy deteriorados: «que se hagan cabezas nuevas de papelón del mayor útil que se pueda y sus vestidos de brocatel por ser cosa decente y no de mucho coste». En 1774 se registran, además, figuras de diablos portando «vejigas atadas a unas largas varas y de cuya indumentaria pendían cencerros».

Cabezudos de la Danza de Mascarones.
Cabezudos de la Danza de Mascarones.

Carlos III (1716-1788), en su afán de modernizar el reino, prohibió en 1780 que estas danzas se ejecutaran en las procesiones eucarísticas. Sin embargo, en La Palma, como en otros lugares, no se cumplió del todo la disposición y los gigantes y cabezudos continuaron bailando. El pueblo, sabio —ya que no podía disfrutar de estas figuras en un acto tan esperado como la procesión sacramental—, les ideó otra ubicación. Probablemente las autoridades, influidas por la Ilustración, impidieron la presencia de estos figurones en las comitivas del Corpus, lo que obligó a buscarles un nuevo hueco en otras fechas del calendario festivo para preservarlos de la extinción. De esa manera, en las fiestas por la reinstauración en el trono de Fernando VII, el Deseado, en 1814, aparecen unos gigantes. Y al año siguiente, en la Bajada de la Virgen de 1815, las crónicas recogen la presencia de gigantones «a fin de que el concurso fuera mayor».

(Continúa en la segunda entrega: la Danza de Mascarones se traslada a la Bajada de la Virgen.)

LA SERIE · LOS MASCARONES

  • I. Los pregoneros de la fiesta (esta entrega)
  • II. De la Bajada de la Virgen al incendio del Casino — próxima entrega
  • III. Los mascarones de hoy y su salvaguarda — próxima entrega

SOBRE EL AUTOR

José Guillermo Rodríguez Escudero es historiador y colaborador habitual de El Faro de La Palma. Firma en estas páginas artículos sobre patrimonio, arte y memoria de La Palma.

Fotografías proporcionadas por el autor, José Guillermo Rodríguez Escudero.

Tags: Bajada de la VirgenCorpus ChristiFiestas LustralesGigantes y CabezudosmascaronesPatrimoniosanta cruz de la palma
José Guillermo Rodríguez Escudero

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