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Los mascarones de Santa Cruz de La Palma (II): de la Bajada de la Virgen al incendio del Casino

by José Guillermo Rodríguez Escudero
junio 9, 2026
in Cultura, La Palma, Opinión
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OPINIÓN · LOS MASCARONES · II

Los mascarones de Santa Cruz de La Palma (II): de la Bajada de la Virgen al incendio del Casino

Segunda entrega. Los gigantes y cabezudos pasan a danzar en la Bajada de la Virgen: los gigantes traídos de Tetuán en 1860, el origen del querido Biscuit y el fuego de 1931 que obligó a rehacerlos todos.

Por José Guillermo Rodríguez Escudero · Historiador

Los mascarones danzan en la Bajada de la Virgen

La primera alusión a los mascarones dentro de los festejos en honor a la patrona palmera, ya desligados del Corpus, está fechada en 1815. El dato aparece en la Descripción de todo lo que pasó en la Bajada de Nieves en La Palma de 1815. Así, el domingo 22 de enero «fue el concurso mucho mayor pues las gentes de los campos inmediatos, a la noticia de que había gigantes, ocurrieron muchos». La danza se ejecutaba por estas figuras grotescas para diversión de todo el pueblo, y continúa el manuscrito: «hizo seña el morro de venir ya el trono que siempre es uso traerlo dicho día; a este tiempo llegaron los gigantes al barranco y después de haber bailado allí fueron a encontrar el rancho».

La comparsa de mascarones por las calles de Santa Cruz de La Palma.
La comparsa de mascarones por las calles de Santa Cruz de La Palma.

En 1833, el sacerdote Manuel Díaz (1774-1863) promovió una danza de mascarones en los festejos programados para la proclamación de Isabel II como reina de España. De esa manera, el 28 de diciembre de 1833 salieron desde el domicilio del venerable beneficiado dos gigantes vestidos de turcos, y otros dos desde la casa de José García Pérez; este vecino, según las crónicas locales, había costeado sus vestidos confeccionados a la última moda. Se bailaron por calles y plazas con gran concurrencia de público, sobre todo de jóvenes.

Gigantes de la comparsa palmera durante la Bajada de la Virgen.
Gigantes de la comparsa palmera durante la Bajada de la Virgen.

Ya en la Bajada de la Virgen de 1860 se estrenaron cuatro gigantes, dos parejas. Habían sido adquiridos en Tetuán y aderezados por el escultor Aurelio Carmona López (1826-1901), que los adornó y vistió con gran lujo antes de que se lanzaran a bailar por las empedradas calles de la ciudad. Los había encontrado bastante deteriorados en un almacén de aquella ciudad marroquí. Sobre ellos, José María Fernández Díaz (1806-1877) reseñó: «seguidamente salieron los gigantes (célebres porque viajaron). Estos son cuatro, dos de cada sexo. Estaban bellamente restaurados, pues según oímos, los sacaron de un almacén de Tetuán algo desfigurados por abandono». Habían sido vestidos lujosamente, en especial las mascaronas. El programa señalaba que salieron por la tarde, acompañados por una banda de música, y recorrieron la Calle Santiago hasta la Alameda, donde el Castillo realizó un disparo ceremonial con uno de sus cañones.

«

Seguidamente salieron los gigantes, célebres porque viajaron… los sacaron de un almacén de Tetuán algo desfigurados por abandono.

»

JOSÉ MARÍA FERNÁNDEZ DÍAZ · BAJADA DE 1860

Medio siglo más tarde, el programa de la Bajada de 1890 anunciaba que el domingo 13 de abril, a las cuatro de la tarde, se ejecutaría una danza de cuatro gigantes y un monstruoso enano, con salida desde la plaza de la Constitución. En una crónica de las fiestas lustrales de 1895, su anónimo autor escribía que el 21 de abril la danza estuvo «como nunca», por lo bien que se habían bailado los gigantes y el pequeño mascarón, y por lo bien vestidas que iban las gigantas: una había sido ataviada por las Srtas. de Lugo y Massieu con un vestido rosado, y otra con un ropaje azul por las Srtas. de Pérez Camacho, conocidas como las «conejas». Los gigantes salieron desde la plaza de España (entonces «de la Constitución») por las calles O’Daly, Álvarez de Abreu y Santiago (actual Pérez de Brito) y regresaron al punto de partida. Volvieron a salir el 25 de abril de 1895, en un paseo vespertino muy concurrido, saludado por las salvas del Castillo y el Navío.

Biscuit, el histórico bastonero de la Danza de Mascarones.
Biscuit, el histórico bastonero de la Danza de Mascarones.

Biscuit, el querido bastonero

Tal y como reflejan antiguas fotografías, aquel «monstruoso enano» se corresponde con el entrañable mascarón Biscuit: un elegante caballero cabezón con enorme gorro negro napoleónico, porte majestuoso y bastón. Según Poggio Capote, probablemente se llame así por su parecido con una pieza de porcelana conservada en la casa de Miguel Salazar Pestana (1864-1938), quien ideó la transformación actual de los Enanos en la Bajada de 1905. Anelio Rodríguez aporta otra explicación: dado que en el habla palmera vale tanto Biscuit como Biscuí, Bicuí o Micuí, se dice que uno de quienes portaron este mascarón, Estanislao San Juan, era conocido popularmente como Micuí por su pasión por unas chocolatinas inglesas de nombre similar, hoy caídas en el olvido. De ser así, el mascarón sería heredero de un apodo humano. Este delicioso mascarón sucumbió en el pavoroso fuego del Casino.

Mascarones de Santa Cruz de La Palma (archivo).
Mascarones de Santa Cruz de La Palma (archivo).

El incendio del Casino y la reposición de 1935

En efecto, en 1931 se había producido un pavoroso incendio del antiguo edificio de la Sociedad Investigadora-Casino de Santa Cruz de La Palma, y se perdieron todas las figuras. Debido a su gran aceptación, el Ayuntamiento se vio en la necesidad de reponer las añoradas piezas siniestradas para la Bajada de 1935. Así, se encargó un grupo de cinco muñegotes a la afamada firma alemana Eilers & Mey, fundada en 1832. Las cabezas que llegaron son las popularmente conocidas como las Mendozas (o las Damas Bobas), el Asmático y su gemelo, y el recientemente recuperado Liliputiense. Las cuatro primeras se usaron al principio con candeleros de gigantes y más tarde se adaptaron para cabezudos. Otro personaje icónico, la Luna de Valencia, había sido adquirido en Sudamérica a comienzos del siglo XIX por Andrés Pérez Castro (1899-1998).

El Asmático, una de las cabezas llegadas tras el incendio del Casino.
El Asmático, una de las cabezas llegadas tras el incendio del Casino.

En 1935 se elaboró, además, una nueva figura de cabezudo bastonero, cuya aparición no pudo ser más celebrada. La banda de música fue a buscarlo al taller del artesano Félix Martín Pérez (1908-1989), conocido por todos como Félix «Castilla», y el altivo cabezudo salió del local de la calle Jorós entre grandes aplausos y el griterío de los chavales que lo aguardaban. Sobre este segundo Biscuit, Poggio Capote apunta que «aún se conserva en un almacén anejo al taller de su hijo, Luis Martín Rodríguez». Poco después se añadieron nuevas figuras: de 1940 son la malvada Bruja y cuatro nuevos gigantes.

Cabezudos de la comparsa palmera.
Cabezudos de la comparsa palmera.

El periódico local Acción Social publicaba con ironía, el 24 de junio de 1935, que en el programa oficial figuraba un cortejo anunciador «que debió salir a las 9 de la mañana y todavía estamos esperando», además de una danza de gigantes y cabezudos. La comparsa la componían también el cabezudo y «el liliputiense fenómeno», una innovación de la danza, aclarando que los demás, «aunque peinan canas, son nuevos también, pues los antiguos se quemaron en el incendio del Casino». La crónica consideraba que el cabezudo era la mejor de las seis figuras, obra del artista palmero Félix Martín Pérez, y lamentaba que su talento aún no fuera debidamente valorado. Una década después, el Diario de Avisos del 25 de junio de 1945 describía una celebración muy especial en la que los mascarones llenaban las calles de alegría y la chiquillería corría emocionada ante estas coloridas figuras.

La Danza de Mascarones, estampa festiva de la capital palmera.
La Danza de Mascarones, estampa festiva de la capital palmera.

Otras festividades

De forma excepcional, los mascarones participaron, en 1902, en los festejos por la entronización del rey Alfonso XIII. Otras fiestas capitalinas en las que hacían acto de presencia eran las de San Francisco de Asís, en octubre. En 1924 empezaron a danzar en una comparsa formada por algún elemento del grupo lustral, como Biscuit, junto a otros personajes propios: algunos gigantes, Cantinflas o Luis Sandrini. Estas fiestas franciscanas pujaban por ser más espectaculares que las de Naval, en honor a Nuestra Señora del Rosario, cuya imagen aún se venera en la iglesia del antiguo convento dominico de San Miguel de las Victorias. Una rivalidad que mantenía ocupados a buena parte de los cofrades de San Francisco y El Rosario.

Un cabezudo de la comparsa de Santa Cruz de La Palma.
Un cabezudo de la comparsa de Santa Cruz de La Palma.

Poggio Capote señala que «tanto una como otra, así como la correspondiente a las fiestas de la Bajada, alcanzaron tal arraigo que el músico local Felipe López Rodríguez (1909-1972) compuso una partitura para ser interpretada durante sus desfiles: la Polka de los mascarones». La comparsa de Naval, por su parte, se formó en 1951 con la Luna de Valencia, Blancanieves, el Príncipe y los siete Enanitos, las llamadas sorpresas y vasijas de barro, o el Rey de Bastos y la Reina. Unas fiestas memorables, hoy lamentablemente perdidas, en las que sobresalían loas representadas en elegantes templetes, animados paseos musicales, desfiles de carrozas y comparsas de mascarones.

(Continúa en la tercera entrega: la recuperación de los mascarones, la Asociación Amigos de la Danza y las figuras de hoy.)

LA SERIE · LOS MASCARONES

  • I. Los pregoneros de la fiesta — leer la primera entrega
  • II. De la Bajada de la Virgen al incendio del Casino (esta entrega)
  • III. Los mascarones de hoy y su salvaguarda — próxima entrega

SOBRE EL AUTOR

José Guillermo Rodríguez Escudero es historiador y colaborador habitual de El Faro de La Palma. Firma en estas páginas artículos sobre patrimonio, arte y memoria de La Palma.

Fotografías proporcionadas por el autor, José Guillermo Rodríguez Escudero.

Tags: Bajada de la VirgenFiestas LustralesGigantes y CabezudosmascaronesPatrimoniosanta cruz de la palma
José Guillermo Rodríguez Escudero

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