OPINIÓN · LA MIRADA
Caminos para la vida: I Jornadas Musicales Matías Hernández Pérez
Belén Lorenzo recrea, con su mirada literaria, las I Jornadas Musicales en homenaje al clarinetista Matías Hernández Pérez en Los Llanos de Aridane: el requinto entregado a su familia, las ponencias sobre los archivos musicales y un pasodoble de 1960 rescatado del olvido. Una crónica sobre la música, la memoria y los caminos que deja un buen maestro.
Como muchos músicos nacidos en Los Llanos de Aridane, había sido alumno del clarinetista Matías Hernández Pérez. Dejó de tocar con frecuencia cuando el trabajo y la familia ocuparon la mayor parte de su tiempo, pero la música jamás se alejó de él. Siempre ha disfrutado escuchando piezas para banda y cada vez que oye un instrumento de viento recuerda los buenos momentos que pasó junto a sus compañeros, y las acertadas enseñanzas de su profesor. Porque un buen maestro no solo transmite contenidos, también muestra caminos para la vida.
Acudió a la casa de la cultura llanense movido, tal vez, por esa necesidad de dirección vital o de reencuentro con lo que fue. Nada más llegar se dejó envolver por el ambiente alegre y familiar que se respiraba en aquellas primeras jornadas en homenaje a su maestro, organizadas por la asociación La Filarmónica. Allí estaba la familia del músico, pero también la de la banda y la que forman todos los que se sienten vinculados a la música del lugar.
Se acomodó en una butaca y aguardó pacientemente. Enseguida tomó la palabra Gabriel Santiago para inaugurar el acto y obsequiar a la familia de Matías Hernández con un regalo muy especial: el requinto que el homenajeado tocó durante tantos años, convertido ahora en un símbolo de todo lo que hizo por el municipio.
Escuchó con atención las dos ponencias programadas: la de Francisco Javier García García y la de Miguel Ángel Santiago Pérez, ambas sobre el patrimonio y la gestión de los archivos musicales. El primero de ellos, como archivero de la Unidad de Música del Mando Aéreo de Canarias, remarcó la importancia de que las bandas cuenten con medios humanos y materiales para que sus archivos funcionen adecuadamente. El segundo, como archivero municipal, hizo un repaso de los fondos musicales custodiados en el ayuntamiento.
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Porque un buen maestro no solo transmite contenidos, también muestra caminos para la vida.
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BELÉN LORENZO
Cuánta razón tienen ambos, pensó, qué importante es conservar las partituras y darlas a conocer para que la música no muera. De hecho, la mañana terminó con la presentación de la edición del pasodoble J.M.R., escrito por Domingo González Ferrera en 1960, y recuperado ahora gracias a la familia de Matías Hernández. Repasó mentalmente lo que guarda en casa, entre sus papeles, por si hubiera algo de interés, y se prometió comprobarlo en cuanto llegara.
Cuando bajó a la calle y se reencontró con el sol, recordó que está previsto un concierto el martes día treinta en el parque Antonio Gómez Felipe, ese lugar tan especial al que suele acudir junto a su nieta. Pensó en ella, en su capacidad para bailar cualquier melodía con tan solo quince meses de vida, y también en los caminos que la música y un buen profesor podrían ofrecerle.
SOBRE LA AUTORA
Belén Lorenzo (Santa Cruz de La Palma, 1980) es escritora y archivera municipal en el Ayuntamiento de San Andrés y Sauces. Licenciada en Historia del Arte y en Historia y Ciencias de la Música, ha publicado los libros de microrrelatos «Breve historia de un cuento que soñaba con ser un título» y «Etéreos», el poemario «Leo en las calles» y el libro de aforismos «A pesar de todo». Su obra fue incorporada a la Biblioteca Básica Canaria como autora esencial de la literatura del archipiélago. Colabora de forma ocasional con El Faro de La Palma con crónicas de mirada literaria sobre la vida y la gente de la isla.
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