OPINIÓN · COROS Y DANZAS · I
Coros y Danzas de La Palma (I): de la Sección Femenina de 1948 a la conquista de Europa
Primera entrega de la historia de la agrupación folclórica más veterana de la isla. Sus orígenes en 1948, la recuperación del sirinoque y los Aires de Lima, los primeros premios en Madrid y la gira que la llevó a actuar ante los Reyes de Bélgica en 1958.
Por José Guillermo Rodríguez Escudero · El Faro de La Palma · 20 de junio de 2026
La historia de Coros y Danzas de Santa Cruz de La Palma constituye una de las páginas más destacadas del patrimonio cultural de La Palma. Fundada en 1948 y establecida en la capital palmera, la agrupación se convirtió muy pronto en la más veterana de la isla y en una de las principales embajadoras del folclore canario dentro y fuera del Archipiélago.
A lo largo de medio siglo desarrolló una intensa labor de investigación, recuperación y difusión de las tradiciones populares palmeras, destacando tanto por el rigor de su trabajo como por la riqueza de su indumentaria y la calidad artística de sus interpretaciones. Su actividad quedó reflejada en numerosas actuaciones, grabaciones discográficas y participaciones en programas de televisión, obteniendo importantes reconocimientos nacionales e internacionales. Desde sus inicios, el grupo asumió como objetivo fundamental la conservación del patrimonio etnográfico insular en todas sus manifestaciones: música, canto, danza, costumbres e indumentaria tradicional.

Los orígenes de la agrupación
Coros y Danzas de La Palma fue creado por la Sección Femenina del Movimiento Nacional el 5 de mayo de 1948. En aquel momento ejercía como delegada insular en Santa Cruz de La Palma Carmen Monteverde Martín, impulsora de una iniciativa que habría de dejar una profunda huella en la vida cultural palmera. La dirección artística y las labores de investigación recayeron desde el principio en dos grandes conocedores de las tradiciones insulares: Emilio Cayetano Rodríguez Santiago y Domingo González Hernández, conocido popularmente como Domingo «Garufa».
Conviene recordar que durante la Segunda República (1931-1939) florecieron las agrupaciones folclóricas por todo el país. En La Palma surgió entonces el grupo Mensajero. Loló Fernández informaba en su estudio que, tras la contienda de 1936, su labor encontró continuidad en una nueva agrupación que recogió su legado: los Coros y Danzas de la Sección Femenina de Santa Cruz de La Palma, que mantuvieron viva esta herencia apoyándose en el trabajo de sus predecesores y en la rica tradición oral que seguía arraigada en la isla.

Investigación y recuperación de la indumentaria tradicional
Los primeros años estuvieron marcados por el entusiasmo y el esfuerzo de sus integrantes. Mientras se desarrollaban los ensayos, los responsables recorrieron distintos puntos de la isla en busca de las manifestaciones más auténticas del folclore palmero. Esta labor contó con la colaboración de numerosas familias, vecinos y amigos, que facilitaron antiguas prendas conservadas en baúles, cómodas y arcones. Muchas sirvieron de modelo para los primeros trajes.
Especial relevancia tuvo el municipio de Garafía, donde se confeccionaron las primeras indumentarias bajo la supervisión de expertas artesanas y bordadoras. Los gastos eran sufragados por la Sección Femenina, que también financiaba los instrumentos musicales. Pese a las limitaciones económicas de la época, siempre se procuró emplear tejidos de gran calidad, entre ellos seda, lana y lino.
Los primeros éxitos
Las actuaciones comenzaron en distintos escenarios de La Palma y poco después se extendieron a Tenerife. En 1949 la agrupación realizó su primer viaje a la Península para participar en un concurso nacional celebrado en el Teatro Español de Madrid. El grupo obtuvo el primer premio, compartido con la representación de Zaragoza, y apenas ocho días más tarde volvió a actuar en la capital española, en el prestigioso Teatro María Guerrero.
Coros y Danzas desempeñó un papel fundamental en la difusión del ancestral sirinoque, convirtiéndose en la agrupación pionera en darlo a conocer dentro y fuera del archipiélago y en presentarlo por primera vez en Madrid, en 1949. En esa labor de campo destacaron Cayetano Rodríguez y Domingo «Garufa», que recopilaron variantes en municipios como Garafía, Puntagorda, Barlovento y Puntallana. El éxito abrió nuevas actuaciones, entre ellas un festival benéfico en el Teatro Buenos Aires de Bilbao a favor de la campaña «Navidad de los Humildes».
Otro ejemplo del valioso trabajo de recuperación fue el de los singulares Aires de Lima. Recogidos en Tijarafe, uno de los enclaves de mayor riqueza folclórica de la isla, fueron llevados por primera vez a los escenarios por Coros y Danzas en noviembre de 1949, en Santa Cruz de La Palma, hasta convertirse en uno de los símbolos más representativos del folclore palmero. La agrupación que protagonizó aquellos primeros triunfos estaba integrada por los instrumentistas Emilio Cayetano, Domingo González y León Felipe; las bailadoras Leda y Rosalía Samblás, Rosario Díaz, Amparito Castro, Carmen Martín, Nela Castro, Gloria del Carmen, Obdulia Díaz y Manola Brito; y los cantantes Emilio y Lolita Silva.

Entre dificultades y triunfos: la consolidación
En 1952 se incorporaron nuevas integrantes al cuerpo de baile: Teresa Lorenzo, Lolita Sosvilla, Aída Martín, Julieta Guerra y Celina Matas. Ese mismo año la agrupación obtuvo el primer puesto en la Fase Provincial del Teatro Guimerá de Santa Cruz de Tenerife. El triunfo, compartido con el grupo de La Gomera, les permitió representar de nuevo a Canarias en el concurso nacional de Madrid, donde lograron el máximo galardón, destacando después la actuación en el Teatro Manuel de Falla de Cádiz.
Pero aquellos años no estuvieron exentos de contratiempos. Coros y Danzas de La Palma fue apartada de los festivales folclóricos que debían celebrarse en Europa. Según quedó constatado, esta exclusión obedeció a las maniobras del grupo de Santa Cruz de Tenerife, una circunstancia que causó una profunda decepción entre los integrantes palmeros, que habían sido los designados para representar a Canarias. El desencanto fue tal que el grupo llegó a disolverse temporalmente durante aproximadamente año y medio.
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Ellos, que iniciaron la senda de «Taifa y Candil», vuelven a la palestra. Y seguirán estando en ella a pesar de que algunos se molesten y se sorprendan de que todavía existan desde aquel año de 1948. Pues sí, Coros y Danzas existe y seguirá existiendo por largo rato.
MANUEL PÉREZ RODRÍGUEZ · ETNÓLOGO (1992)
El renacer de 1954
La reorganización llegó en 1954. Nuevos integrantes aportaron entusiasmo y energías renovadas: entre las incorporaciones figuraban Arturo Pérez, Agustín Francisco de Las Casas, Berta Pérez, Dolores Guerra, Náyade Hernández, Julio Guerra, Ana Lavers, Rosario Duque, Carmen Gutiérrez, Ana Daranas y Araceli Pombrol, entre otros. Desde entonces, las actuaciones se multiplicaron por toda la isla y también en Tenerife: romerías, ofrendas florales, fiestas patronales y celebraciones tan significativas como el Primero de Mayo o la festividad de la Santa Cruz. Ese mismo año regresaron a Madrid para participar en el Concurso Nacional del Teatro María Guerrero.

Tenisca, Acerina y la identidad del grupo
Durante aquellos años la agrupación principal era conocida como Tenisca, mientras que el grupo infantil recibía el nombre de Acerina. Ambos apelativos procedían de la cultura benahoarita: Tenisca era un antiguo cantón prehispánico y Acerina, el nombre legendario atribuido a una princesa de la isla. La denominación cambiaría en 1957: antes del XIII Concurso Nacional de Coros y Danzas, la Delegación Nacional remitió instrucciones para que todos los grupos pasaran a denominarse oficialmente «Coros y Danzas de la Sección Femenina de…» seguido del lugar de procedencia, insistiendo en que debían estar vinculados a la vida de sus pueblos —romerías, procesiones, fiestas— y no convertirse en agrupaciones creadas únicamente para competir.
1957: un año de cambios
El año 1957 quedó marcado por dos acontecimientos. El primero, profundamente doloroso: la muerte en accidente de tráfico de Cayetano Rodríguez Santiago, fundador, investigador, músico y principal impulsor de la agrupación. Al mismo tiempo se produjo una transformación en el cuerpo de baile: hasta entonces los hombres habían desempeñado funciones de cantadores e instrumentistas, y a partir de ese momento comenzaron a incorporarse también como bailarines. El bailador Matías López Remón, uno de los veteranos que más años permaneció en activo, rememoraba sus primeros pasos en el aprendizaje del Santo Domingo.
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Era tal la ilusión, que me sentía como una especie de intérprete que tenía que dar rienda suelta a los afectos del alma. Cuando algo se desea con tanta seguridad, no hay resistencia que lo detenga; todo parece fluir como en un buen sueño.
MATÍAS LÓPEZ REMÓN · BAILADOR
La conquista de Europa
Si 1957 estuvo marcado por el cambio, 1958 sería recordado como uno de los años más extraordinarios de la historia de Coros y Danzas. La agrupación emprendió una extensa gira internacional que la llevó a participar en la Exposición Universal de Bruselas, donde recibió uno de los reconocimientos más destacados de toda su trayectoria: la Medalla de Oro de la capital belga. El viaje continuó por Ostende, Lieja, Hasselt, Charleroi, Namur, Lovaina, Ámsterdam, Hamburgo y Burdeos. También ese año participaron en la Feria de Verano de Valencia, en la Plaza Porticada de Santander y en Madrid.
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Otro momento que recuerdo de manera especial fue la actuación ante los Reyes de Bélgica, Balduino y Fabiola, en Bruselas. Ese viaje supuso que estuviéramos fuera de nuestra isla durante tres meses, conviviendo ocho grupos y unas ciento treinta y cinco personas. El ambiente que se creó resulta difícil explicarlo con palabras.
ARTURO PÉREZ FELIPE
La gira europea supuso un auténtico hito y confirmó que el trabajo desarrollado durante una década estaba alcanzando una dimensión internacional impensable en 1948. Lo que había comenzado como un proyecto de recuperación cultural se había convertido ya en una embajada artística de La Palma, capaz de emocionar tanto en una plaza de la isla como ante los monarcas de Bélgica. Una segunda etapa arrancaría en 1963 con la reorganización del grupo, con Agustín Francisco de las Casas al frente de los bailes y Felipe Vargas de Paz en la parte musical, bajo el tutelaje de María Lourdes Herrera Sicilia.
LA SERIE · COROS Y DANZAS
- I. Los orígenes: de la Sección Femenina de 1948 a la conquista de Europa (esta entrega).
- II. La apertura al mundo: América, el nombre «Nambroque» y el traje palmero.
- III. Prestigio internacional y el cincuentenario, 1983-1998.
SOBRE EL AUTOR
José Guillermo Rodríguez Escudero es historiador y colaborador habitual de El Faro de La Palma. Firma en estas páginas artículos sobre patrimonio, arte y memoria de La Palma.
Texto: José Guillermo Rodríguez Escudero. Fotografías cedidas por el autor y del archivo de Coros y Danzas Nambroque.



