CULTURA · LAS NIEVES
La Fiesta de las Madres (y II): el esplendor ceremonial y el lento desvanecimiento de una tradición palmera
Segunda entrega del reportaje de José Guillermo Rodríguez Escudero: el cuidado ceremonial de la jornada, el patrimonio de la Virgen de las Nieves y la reflexión sobre una tradición que hoy se desdibuja.
Por José Guillermo Rodríguez Escudero · Imágenes: archivo del autor · El Faro de La Palma
El esplendor ceremonial de la Fiesta de las Madres
La Fiesta de las Madres poseía un ceremonial extraordinariamente cuidado, organizado con un detalle y un esmero que durante décadas caracterizaron al pueblo palmero.
La jornada comenzaba tradicionalmente con un concierto matutino en la plaza del Santuario, generalmente interpretado por la Banda Municipal de Música San Miguel de Santa Cruz de La Palma, aunque en algunas ediciones participaron otras agrupaciones musicales de la isla. Más tarde, a las once y media de la mañana, daba comienzo la solemne eucaristía concelebrada en el interior del templo, considerada durante siglos el principal centro espiritual de La Palma.
La misa era presidida habitualmente por algún sacerdote invitado y retransmitida en directo por emisoras locales con la colaboración del Cabildo y del Ayuntamiento capitalino. La ceremonia reunía a autoridades, fieles y peregrinos en un ambiente de profundo recogimiento.
Uno de los instantes más esperados llegaba al término de las solemnidades intramuros: la salida procesional de la Virgen. La pequeña imagen era colocada sobre sus históricas andas de baldaquino de plata repujada, decoradas con motivos barrocos y fechadas en 1665, consideradas las más antiguas de Canarias.
La procesión permitía contemplar de cerca a la imagen más antigua y rica del archipiélago. Numerosos fieles se acercaban a sus andas para cumplir promesas, besar el manto o tocar el baldaquino de plata mientras sonaban las campanas, estallaban los voladores y los cañones del Morro acompañaban el recorrido. Era una ocasión excepcional para manifestar públicamente el cariño y la devoción del pueblo hacia su patrona.
La participación popular constituía uno de los rasgos más hermosos de la jornada. Tomaban parte rondallas folklóricas, corales, bandas de música, agrupaciones de cornetas y tambores y numerosos poetas de la isla que ofrecían composiciones y coplas dedicadas a la Virgen.
Especial emoción despertaba la ofrenda floral y poética celebrada antes de la entrada de la imagen al templo. Una pareja seleccionada representaba simbólicamente a los matrimonios de la isla y entregaba una rosa natural a la Virgen sobre un cojín de terciopelo rojo bordado en oro. La flor se colocaba junto a la célebre «Rosa Áurea» de oro macizo regalada en 1960 por la devota Manuela Sotomayor.
Mientras tanto, niños y niñas de las parroquias palmeras desfilaban portando cestas y ramos de flores frescas que luego serían bendecidas y repartidas entre todas las madres presentes en la plaza del Santuario.



El homenaje a las madres difuntas constituía otro de los momentos más conmovedores. El coro invitado interpretaba el Himno a la Madre, con letra de Gumersindo Galván de las Casas (1885-1981) y música de Felipe Damián López Rodríguez (1909-1972), dos figuras inolvidables de la cultura insular. No faltaban entonces las lágrimas entre muchos asistentes.
La fiesta conservaba además entrañables anécdotas, como aquella antigua costumbre de detener la procesión frente a la casa rectoral para que la Virgen saludara a la anciana madre de don Pedro Manuel, incapaz ya de acudir a la plaza debido a su avanzada edad.
La herencia viva de una devoción secular
La Fiesta de las Madres constituye también un extraordinario reflejo del patrimonio artístico, histórico y emocional vinculado a Nuestra Señora de las Nieves.
La imagen posee uno de los ajuares textiles más valiosos de Canarias. Desde finales del siglo XVI comenzó la costumbre de adornarla con mantos, tocas, sayas y joyas, hasta configurar la singular apariencia barroca con la que el pueblo la ha venerado durante siglos. El progresivo deterioro de la talla obligó a cubrirla mediante una estructura textil triangular que terminó definiendo definitivamente su iconografía.
Paz y Morales describía en 1920 esta peculiar configuración señalando que era «propia de las imágenes de la Edad Media». Desde entonces, la Virgen ha lucido espectaculares vestiduras históricas confeccionadas en ricos brocados, tisús y sedas bordadas en oro y plata.
Cada edición de la Fiesta de las Madres elegía cuidadosamente el atuendo de la imagen, muchas veces vinculado simbólicamente a los municipios homenajeados. Así ocurrió con los trajes verdes dedicados a San Andrés y Sauces o Villa de Mazo, el rojo ofrecido en honor a Puntallana o el espléndido tisú granate bordado en oro utilizado durante el año lustral de 2010.
La devoción popular también alimentó el misterio en torno al nombre de «ASIETA», con el que tradicionalmente se conoce a la Morenita. Las siglas han sido interpretadas como «Alma Santa Inmaculada En Tedote Aparecida» o «Alma Santa Inmaculada En quien Tenemos Amparo», aunque nunca pudo comprobarse documentalmente su supuesto origen legendario.
La Virgen de las Nieves ha sido, además, refugio espiritual del pueblo palmero en tiempos de dificultad. Epidemias, sequías, invasiones, plagas o erupciones volcánicas llevaron siempre a los habitantes de la isla a implorar su protección. Uno de los prodigios más recordados ocurrió en 1646, cuando —según las actas del Cabildo— tras extinguirse el volcán de Fuencaliente «amanecieron las cumbres de esta isla llenas de nieve».
A lo largo del tiempo, la patrona insular recibió también el título de Alcaldesa Honoraria y Perpetua de los catorce municipios de La Palma: Santa Cruz de La Palma (1942), Los Llanos de Aridane (1964), Fuencaliente de La Palma (1982), Breña Baja (1992), Breña Alta (1994), Puntallana (2004), Villa de Mazo (2005), San Andrés y Sauces (2005), Tijarafe (2005), Villa de Garafía (2010), Barlovento (2010), El Paso (2010), Puntagorda (2010) y Tazacorte (2010). Curiosamente también lo es del municipio tinerfeño de Güimar (1985), distinción que evidencia la magnitud de su arraigo sentimental y religioso.
Coros y Danzas Nambroque, agrupación fundada en 1948 y distinguida con la Medalla de Oro de Canarias, clausuró durante décadas esta emotiva jornada ante la venerada imagen. Aquellas celebraciones, organizadas con todo el primor, el interés y el orgullo de generaciones pasadas, formaban una parte imborrable del patrimonio inmaterial palmero.
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En aquellas celebraciones latía una manera muy palmera de entender la fe, la cultura y la convivencia: con elegancia, sensibilidad y un profundo sentido de pueblo
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JOSÉ GUILLERMO RODRÍGUEZ ESCUDERO



Hoy, inevitablemente, la memoria compara. El paso del tiempo ha transformado muchas de aquellas estampas que hicieron de la Fiesta de las Madres una de las celebraciones más delicadas y cuidadosamente preparadas del calendario palmero. Quedan aún la devoción sincera, la emoción íntima de los fieles y el profundo amor hacia la Morenita; sin embargo, se percibe también cómo se han ido desdibujando parte de aquel ceremonial minucioso, de aquella implicación de todos y de aquel esmero casi artesanal con que generaciones enteras engrandecieron esta jornada.
Hubo un tiempo en que cada detalle parecía pensado para honrar no solo a la Virgen, sino también la sensibilidad y el orgullo de un pueblo que entendía estas solemnidades como expresión de su identidad más profunda. La música, las flores, las danzas, las galas del Santuario, el repique de campanas, los voladores, los cañonazos, los aplausos, las alfombras, la participación de los municipios, la emoción contenida de los mayores y la ilusión de los niños componían una liturgia popular difícil de repetir en nuestros días.
No se trata de nostalgia estéril ni de reproche al presente, sino del reconocimiento sereno de una herencia que merece ser recordada y preservada. Porque en aquellas celebraciones latía una manera muy palmera de entender la fe, la cultura y la convivencia: con elegancia, sensibilidad y un profundo sentido de un pueblo unido en torno a su patrona.
Tal vez por eso, quienes alcanzaron a conocer aquella Fiesta de las Madres en todo su esplendor continúan evocándola con emoción. Porque muy poco queda ya de aquella celebración organizada con todo el primor, el interés y el legítimo orgullo que durante siglos han distinguido al pueblo de La Palma.
Primera entrega de este reportaje: El nacimiento de una tradición y el misterio de la Virgen de las Nieves.



