Un homenaje a las mujeres que durante décadas caminaron largas distancias para lavar la ropa en el barranco del Agua, en Pajares o en el molino de los Señores y el Corral Viejo”.
MANUEL MARCOS PÉREZ HERNÁNDEZ. EL FARO DE LA PALMA, 17 de febrero de 2026.
En el norte de La Palma, el agua ha marcado históricamente el paisaje y la vida de sus habitantes. En San Andrés y Sauces, hasta bien entrado el siglo XX, muchas mujeres debían recorrer largos caminos para lavar la ropa en los cauces naturales del barranco del Agua, en su desembocadura de San Andrés; en las acequias de Pajares y el molino de los Señores – parte alta de Los Sauces – o en el Corral Viejo -Los Galguitos- entre otros lugares. Su esfuerzo cotidiano forma parte de la memoria social del municipio y constituye hoy un patrimonio humano poco reconocido.
Antes de la llegada del agua corriente a las viviendas, lavar la ropa era una tarea dura y prolongada; había que transportarla hasta el lugar de lavado, restregar las prendas manualmente, aclararlas en el agua corriente y regresar con la carga húmeda. La ropa se llevaba en baldes, palanganas, grandes baños de metal o zinc o en lebrillos. En San Andrés no existió un depósito para recoger agua de abasto hasta 1925; sus aguas procedían del manantial del barranco del Agua, denominado “El Chorrito”.
En algunos de los testimonios orales que hemos podido recuperar se nos cuenta: “Salíamos temprano con el baño en la cabeza. El camino era largo y a la vuelta la ropa mojada pesaba mucho, pero había que hacerlo”. El barranco del Agua fue, durante décadas, un espacio cotidiano de trabajo y encuentro; se utilizaban los lavaderos que se habían construido – hasta hace poco permanecían sus vestigios – o las charcas de agua cristalina.
En la zona de Pajares, a la izquierda del molino El Regente, bajaba la acequia en cuyos laterales se habían colocado piedras planas y lisas las <<lajes>> y en el molino de Los Señores. Hasta allí se llevaba la colada del mismo modo que en el barranco del Agua: en baldes y baños, subiendo por la calle de Los Molinos.
En otras zonas de secano como Los Galguitos, donde no existía agua continua, iban al Corral Viejo y a los Barbuzanos no solo para lavar sino también para recoger el agua en baldes para llevar a la casa y hacer la comida. A finales del siglo XIX, se construyeron los lavaderos del Corral Viejo por don Manuel Gorgonio, propietario de aguas de fuentes y manantiales, vecino de San Andrés quien fue alcalde en dos ocasiones (1900-1903 y 1909-1912). (Patrimonio del agua en el barrio de Los Galguitos. Eugenio Manuel González Exposito).
Paradójicamente, en San Andrés y Sauces, donde se regaba con las aguas de Marcos y Cordero o donde no existía por ser zonas de secano, la vida giró en torno al agua; así surgió una cultura de cooperación y esfuerzo compartido. En el caso de Los Sauces, para hacer la obras de canalización y en el resto del municipio para aprovechar y encauzar el agua de las fuentes, localizadas en las vertientes más profundas de los barrancos.
Hoy estos usos han desaparecido, pero el paisaje y la memoria colectiva conservan su huella. Recordar los lavaderos del barranco del Agua, de Pajares, del molino de los Señores y del Corral Viejo, supone reconocer una parte esencial de la historia social de San Andrés y Sauces que no está en los libros. En el rumor del agua permanece la memoria de aquellas mujeres que desde el trabajo silencioso, sostuvieron la vida familiar y comunitaria.
Nota sobre la imagen: Fotografía de los lavaderos de Corral Viejo en Los Galguitos, construidos por don Manuel Gorgonio, a finales del siglo XIX. Cedida por Eugenio Manuel González Exposito.



