sábado, agosto 29, 2026
El Faro de La Palma
  • La Palma
  • Municipios
  • Deportes
  • Cultura
  • Canarias
  • El Mundo
  • Opinión
  • España
  • La Palma
  • Municipios
  • Deportes
  • Cultura
  • Canarias
  • El Mundo
  • Opinión
  • España
No Result
View All Result
El Faro de La Palma
No Result
View All Result

Recuerdos que me sostienen: el patio de doña rosario (V)

by Mauro Castro
marzo 29, 2026
in Cultura, Municipios
0
Recuerdos que me sostienen: el patio de doña rosario (V)
0
SHARES
528
VIEWS
Share on FacebookShare on Twitter

En esta nueva entrega, Mauro Castro nos invita a cruzar el umbral del patio de «Rosario Ruda». Un escenario de luz dorada, calados infinitos y una frontera de misterio tras una ventana alta, donde el cariño de la familia García Marrero construyó los cimientos de una infancia feliz.

POR MAURO CASTRO. 28 de marzo de 2026.

Patios…

Aquellos patios que unas veces eran escondite y otras camino, pero que siempre fueron mi mundo. Un mundo pequeño en tamaño, pero inmenso en posibilidades. Un mundo construido en patios ajenos que hice míos sin pedir permiso, porque ellos también parecían abrirse para recibirme.

Uno de esos patios era el de Doña Rosario, a quien todos llamaban Rosario Ruda. Nunca supe si el apodo venía de aquella planta grande y olorosa que crecía junto a la entrada, o de alguna historia que se perdió en el tiempo. Pero para mí, ella siempre fue simplemente Doña Rosario: la mujer que habitaba un patio que parecía detenido en una luz antigua.

El camino que unía la casa de mis abuelos con la de mis padres pasaba justo por su puerta. Bastaban unos escalones… y el mundo cambiaba. De pronto se abría ante mí aquel patio empedrado, largo, amplio, como un escenario preparado para que la vida sucediera.

Una baranda viva de flores y piedra

Por el lado del camino, como una baranda viva, crecían claveles, dalias, crisantemos, rosales… y al fondo, junto a la pileta, las calas, erguidas como si vigilaran el agua. El sol caía sobre las flores y las hacía brillar, y el empedrado devolvía una luz suave, casi dorada. Todo parecía colocado con un orden natural, como si el patio supiera exactamente dónde debía ir cada cosa.

La casa era terrera, de teja, salvo la cocina, que había sido añadida al fondo. Y era allí donde muchas veces la encontraba. La cocina tenía ese olor que solo tienen las cocinas de antes: un olor que no solo alimentaba, sino que abrazaba.

El humo escapaba por la chimenea en un hilo lento, azul, que se perdía en el aire. El hornillo, los cazos, las tazas de cerámica blanca con dibujos… todo parecía iluminado por una luz que entra desde una pequeña ventana alta, una luz que caía en diagonal y convertía la cocina en un cuadro. Siempre quise saber qué había al otro lado de aquella ventana. Pero nunca me dejó acercarme.

«Hay un estanque, es peligroso», me decía.

Y así, sin darme cuenta, aquella cocina se convirtió en mi frontera dentro de su casa. Hasta allí podía llegar. Más allá, solo la imaginación.

El milagro de las manos: el calado

A veces llegaba y la encontraba acompañada por sus hijas, con la almohadilla sobre las piernas. Entonces me sentaba en el suelo, sin hacer ruido, y me quedaba mirando. Las veía mover las manos con una destreza que parecía heredada, puntada a puntada, dando forma a manteles que olían a petróleo y a añil. Era como asistir a un pequeño milagro cotidiano: el de convertir hilo y tela en algo que duraría toda una vida.

Antes de la casa había un pajero de dos plantas, con techumbre de tablas. Abajo, las cabras y una mula; arriba, el pasto seco y las herramientas. Aquel era el territorio de Don Andrés, su esposo. Yo lo observaba desde la distancia, como quien mira un mundo que aún no entiende, pero que sabe que algún día recordará.

Tuvieron tres hijos. Del varón apenas guardo recuerdos, marchó para Venezuela, pero de sus hijas, Ceferina e Isabel, podría escribir un libro entero. No eran familia mía, al menos no en el árbol genealógico, pero sí lo fueron en el corazón. Porque guardo tantos momentos vividos con ellos como con aquellos que llevan mi sangre.

Lo que no debemos dejar de decir

Y es curioso cómo cambia la vida. Y lo hace cuando menos lo esperas…

Hace apenas dos años partía su última hija, Isabel. Recuerdo que la noche anterior subía hacia mi casa charlando con una de sus sobrinas, contándole que tenía pendiente responder a un mensaje suyo. Al día siguiente desperté con la noticia de su partida.

Y fue entonces cuando entendí algo. Que hay cosas que no debemos dejar sin decir. Que los recuerdos también necesitan ser contados. Que los patios que nos hicieron ser lo que somos no deben quedarse en silencio. Quizá por eso empecé a compartir mis recuerdos. Para poner en palabras lo que muchas veces me dejé dentro. Pero sobre todo, como un pequeño homenaje a quienes, sin saberlo, hicieron de mi infancia el lugar más feliz que he conocido.

Gracias, familia García Marrero. Gracias por aquel patio que aún me acompaña.

La próxima semana abriré otro rincón de mi memoria…

Aquí tienen el comienzo de la historia :Recuerdos que me sostienen – El Faro de La Palma

Aquï tienen la segunda parte:Recuerdos que me sostienen: Un homenaje a quienes hicieron de mi infancia un hogar (II) – El Faro de La Palma

Aquí la tercera parte: Recuerdos que me sostienen: Un homenaje a quienes hicieron de mi infancia un hogar (III) – El Faro de La Palma

La cuarta parte:Recuerdos que me sostienen: Un homenaje a quienes hicieron de mi infancia un hogar (IV) – El Faro de La Palma

Si quieren más información de Mauro Castro y de su sitio en facebooK:(20+) Facebook

Tags: calado palmeroculturafamilia García MarreroFrancesesGarafíala palmamauro castromemoriarecuerdosTradiciones
Mauro Castro

Mauro Castro

Next Post
Antonio Conde: El joven Capitán de aviación que surcó los cielos

Antonio Conde: El joven Capitán de aviación que surcó los cielos

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Cabildo de La Palma - Transformamos La Palma con el FDCAN 2026
Fiestas de Nuestra Senora de Candelaria 2026 - Ayuntamiento de Tijarafe - 17 agosto al 8 septiembre
Proyecto LIBERA Publicidad
Burger Fest Canarias 2026 - Parking Recinto Portuario, Santa Cruz de La Palma - 4, 5 y 6 de septiembre
  • Aviso legal
  • Política de privacidad
  • Política de cookies

© 2026 El Faro de La Palma. Todos los derechos reservados..

No Result
View All Result
  • La Palma
  • Municipios
  • Deportes
  • Cultura
  • Canarias
  • El Mundo
  • Opinión
  • España
Contacto

© 2026 El Faro de La Palma. Todos los derechos reservados..