OPINIÓN · SAN BARTOLO DE LA GALGA · II
San Bartolo, el alma de La Galga (II): cinco siglos de obras, limosnas y pleitos
El enladrillado de 1602, una sacristía que tardó treinta años en terminarse, las paredes que amenazaban ruina una y otra vez y unos vecinos que, generación tras generación, pusieron el dinero para volver a levantar su ermita.
La historia del pequeño templo es también la historia de sus continuas necesidades de conservación.
El enladrillado de la capilla ya se había realizado en 1602, según recoge la Visita del prelado Francisco Martínez Cenicero. En 1610, otro visitador, Gaspar Rodríguez del Castillo, ordenó construir la pequeña sacristía, obra que no concluiría hasta 1642. El investigador palmero Garrido Abolafia señala que para su construcción se trajeron las piedras y maderas necesarias de los montes colindantes.

En 1651 se produjeron nuevas obras. El mayordomo, el capitán Andrés de Valcárcel y Lugo, se ocupó de la hechura de un lienzo de pared, de la ventana de la capilla y de la puerta lateral de acceso, así como de su arco de cantería, en el que quedó esculpida aquella fecha.
Treinta años después, tras la visita de José Tovar, se ordenó reconstruir el recinto debido a la precaria situación en la que se encontraba. Las paredes amenazaban ruina y el pequeño templo necesitaba nuevamente de la intervención de quienes, durante generaciones, habían conseguido mantenerlo en pie.
Los vecinos, con licencia para pedir limosna
No se conoce con certeza quiénes costearon la construcción original. Sí sabemos, sin embargo, que serían los propios vecinos de La Galga quienes asumirían buena parte de los gastos posteriores.

El obispo les había concedido previamente la facultad de pedir limosna, consciente de la pobreza en la que estaban inmersos. Se derribaron los dos altares, considerados innecesarios, se encalaron las paredes y se acometieron distintas obras menores.
Pero la historia volvería a repetirse. A comienzos del siglo XVIII la ermita amenazaba de nuevo ruina y el albañil José de Paz fue el encargado de rehabilitarla. Otra vez los humildes vecinos aportaron el dinero, ayudados por el mayordomo.

En 1795, Domingo Alfaro dejaba constancia de la situación de precariedad del templo y denunciaba «el grado de indecencia de algunos ornamentos y la suma pobreza en que se halla esta fábrica y siendo como es sumamente urgente el proveer de remedio».
La distancia con la parroquia de Puntallana
La distancia entre La Galga y la parroquia de San Juan Bautista seguía condicionando la vida religiosa. El párroco era quien debía celebrar misas, bodas, bautismos y entierros, pero la lejanía y la pobreza de los vecinos motivaron una progresiva dejación de algunas obligaciones por parte de los beneficiados.

El visitador Alfaro llegó a sugerir que los religiosos del convento de La Piedad de Los Sauces fueran los encargados de los ritos litúrgicos, al tiempo que ordenaba una auditoría de las cuentas de la ermita.

Pleitos, impagos, ruinas y rehabilitaciones continuarían sucediéndose a lo largo de los siglos. Pero hay una constante que permanece: la voluntad de los vecinos de conservar su templo.
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Pleitos, impagos, ruinas y rehabilitaciones continuarían sucediéndose a lo largo de los siglos. Pero hay una constante que permanece: la voluntad de los vecinos de conservar su templo.
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José Guillermo Rodríguez Escudero
SOBRE EL AUTOR
José Guillermo Rodríguez Escudero es historiador y colaborador habitual de El Faro de La Palma. Firma en estas páginas artículos sobre patrimonio, arte y memoria de La Palma.
SAN BARTOLO DE LA GALGA, ENTREGA A ENTREGA
- San Bartolo, el alma de La Galga (I): el lugar, el barranco y el origen de un nombre
- San Bartolo, el alma de La Galga (II): cinco siglos de obras, limosnas y pleitos (esta entrega)
- San Bartolo, el alma de La Galga (III): el pueblo que compró su tierra y levantó su plaza
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- San Bartolo, el alma de La Galga (V): el santo del cuchillo y la cadena de ceniza del volcán
- San Bartolo, el alma de La Galga (VI): el perro maldito y la noche en que el demonio sale a pasear
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Colaboración de José Guillermo Rodríguez Escudero para El Faro de La Palma. Fotografías cedidas por el autor.



