OPINIÓN · CRÓNICA
La magia de Luis Cobiella
Una crónica sobre la exposición «La magia del Ser: el humanista Luis Cobiella Cuevas (1925-2013)» en la Casa Salazar
Bailó el minué cuando tenía diecisiete años. Jamás había sentido interés por la danza o cualquier tipo de baile, pero cuando le comentaron que estaban buscando jóvenes para ese número de la Bajada de la Virgen decidió intentarlo. De esa manera, como ocurre a veces en la vida, lo que empezó siendo una prueba desembocó en una actividad que exigió un compromiso total y, de este, nació un interés genuino que no había experimentado antes.
Desde entonces, cada vez que escucha el «Minué de los Aires en Re» su mente vuelve a las noches de ensayo y al momento en el que pisó el escenario por primera vez, a la complicidad con sus compañeros, a los focos, a los nervios en el estómago, a la sensación de formar parte de algo más grande que él. Todos esos recuerdos lo visitaron de nuevo cuando se acercó a la Casa Salazar para ver la exposición «La magia del Ser: el humanista Luis Cobiella Cuevas (1925-2013)».
En la primera sala lo recibió su voz recitando versos. Allí encontró sus palabras: las del docente, las del defensor de los derechos, las del literato. Lo vio en escenas familiares, junto a amigos y colaboradores, junto a Concha. Sin duda, llegó a donde quería estar («¿Llegar es un momento? / ¿Llegar es un lugar? / Llegar es ir contigo / llegando o sin llegar»).
En la sala del fondo aguardaban su música y los vínculos que esta le propició («Cuando se hace música con otra persona, se comparte la vida»). Mientras leía los textos explicativos y observaba las partituras y fotografías, se dejó envolver por el sonido de la «Guajira» primero y por la serenidad de la «Nana para dormir a mi nieto Pablo» después, reproducidas a través de una televisión.
¿Sería capaz aún de recordar las figuras? Cuando estaba a punto de salir, dio comienzo el minué. Se quedó allí, de pie, observando la pantalla. Durante un instante pensó intentarlo, pero sonrió y desistió. Una parte de él echaba de menos todo aquello. Echaba de menos esos ratos y, viendo la exposición, experimentó una nostalgia más amplia, una añoranza de tiempos pretéritos que le hubiera gustado vivir con intensidad.
No tuvo trato personal con Luis Cobiella Cuevas ni estudió en el instituto que lleva su nombre, pero de alguna manera se siente unido a él. Se percibe como una mota de polvo de su universo, como algo extremadamente pequeño de su producción. Se encuentra contenido allí como muchos otros palmeros o la propia isla, formando parte de ese todo, de esa magia de Luis Cobiella.
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Se percibe como una mota de polvo de su universo, como algo extremadamente pequeño de su producción.
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Belén Lorenzo — Crónica
SOBRE LA AUTORA
Belén Lorenzo es colaboradora de El Faro de La Palma, donde firma crónicas de mirada literaria sobre la vida, el arte y la gente de la isla. En sus textos se detiene en lo cotidiano y en los pequeños detalles que, mirados de cerca, cuentan algo más grande.



