CULTURA · LA MASA CORAL DE LA PALMA · I
La antigua «Masa Coral» de Santa Cruz de La Palma (I): el sueño de Elías Santos, la coral que nació de una guerra y el espaldarazo de la Bajada de 1930
Primera entrega de un retrato a fondo del orfeón más antiguo de Canarias en voces mixtas, escrito por José Guillermo Rodríguez Escudero a partir de la prensa palmera y canaria de la época. Del concierto del Circo de Marte de 1918 al estreno del Himno «A la Bandera del Orfeón» en la Bajada de 1930, una historia de oficio, paciencia y triunfo coral palmero.
La «Masa Coral» de La Palma —considerada una de las entidades culturales más populares e importantes de la isla y, además, la más antigua de Canarias en lo que a voces mixtas se refiere— nació gracias a la iniciativa de un joven palmero, Elías Santos Rodríguez (1888-1966), a quien una guerra europea retuvo en la capital insular y le hizo desplegar una de esas ideas hermosas que se le ocurren a quien no soporta el tiempo perdido. El Orfeón La Paz de La Laguna, fundado aproximadamente en torno a 1917 como la palmera, era únicamente de voces masculinas. La Masa Coral palmera fue, ya desde su origen, otra cosa.

La idea: una estancia obligada en Santa Cruz de La Palma
Don Elías cursaba estudios de ingeniería civil en Inglaterra como miembro del City and Guilds of London Institute’s Technical College de Finsbury. La Primera Guerra Mundial le hizo imposible regresar a Gran Bretaña, y durante varios años permaneció en su domicilio familiar de Santa Cruz de La Palma a la espera de que el conflicto bélico aflojara. Su extraordinaria inquietud musical había sido fomentada desde la cuna por sus padres, el célebre entomólogo palmero Elías Santos Abreu y su madre, María del Rosario Rodríguez Pérez. De aquella espera salió una idea: formar una masa coral.
La sociedad palmera aplaudió la iniciativa con entusiasmo. Un grupo de jóvenes —y no tan jóvenes— se puso a disposición de Elías, director artístico de la coral. Los duros ensayos se celebraban en el Teatro Chico de Santa Cruz, antes incluso de que el grupo tuviera nombre propio en la prensa o personalidad jurídica.
Presentación en el Circo de Marte: el debut de 1918
La presentación pública llegó en 1918 en el otro teatro de la capital, el Circo de Marte. Fue un concierto extraordinario, rotundamente exitoso para los componentes y triunfo personal para su creador. El programa interpretó piezas de Chapí, Fernández Caballero, Mascagni, Offenbach y Vives —el repertorio coral popular que sostenía las temporadas de los grandes teatros peninsulares de la época—.
Aquella primera plantilla la formaban veintisiete voces que conviene recordar por nombre y cuerda, porque son los cimientos de todo lo que vino después:
Tiples primeras: Manuela Pérez Pérez, María Hernández, María Sánchez, Isabel Brito, Asunción Díaz Sicilia y Antonia Morales. Tiples segundas: Dolores Hernández Acosta, Zeneida Felipe Rodríguez, Amelia Morales y María Dolores Sanjuán. Tenores primeros: Guillermo Castro Ramos, Avelino Acosta Guión, Fidelio Cabrera Algarradas, Buenaventura de León Carballo, Ricardo Nieto González y José Francisco Ramos. Tenores segundos: Manuel Álvarez López, Gregorio Lorenzo Ramos, Gregorio Gómez Hernández, Francisco Cruz Sicilia y Blas Afonso Vidal. Bajos: Celestino Cabrera Marrero, José Pérez Rodríguez, José Domingo Ventura, Hipólito Lorenzo Mederos, Augusto Brito Ferraz y Antonio Guardia Espinosa.
Entre todos ellos destacó pronto Antonio Guardia Espinosa, por la extraordinaria potencia y timbre de su voz y por unas especiales condiciones para la declamación que lo convirtieron, desde el principio, en figura de relieve en las numerosas actuaciones del grupo y en las veladas artísticas de las Fiestas Lustrales de la Bajada de la Virgen. Guardia fue autor de un monólogo lírico-dramático, Más que amor, y de poemas como Un triunfo más, Desengaño, Materialismo, A Voltaire, Indiferencia o Anochecer. Llevado por sus inquietudes políticas, llegó a presidir la Agrupación Socialista de La Palma.
Pausa, regreso y constitución legal en 1927
La actividad de la Masa Coral quedó interrumpida en 1919, cuando Elías Santos regresó a Londres para acabar sus estudios. Su vuelta a la capital palmera lo trajo otra vez al primer plano de la vida cultural: ejerció como director y profesor del Colegio Santa Catalina y como profesor de inglés en el Instituto de Segunda Enseñanza de Santa Cruz de La Palma, y reorganizó su querida agrupación coral, ahora con carácter legal.
La inscripción tuvo lugar en el Gobierno Civil de Santa Cruz de Tenerife el 10 de marzo de 1927, bajo la denominación de Sociedad Coral de Santa Cruz de La Palma. Tres días después se constituyó la primera Junta Directiva, presidida por Manuel Sánchez Rodríguez. La entidad contaba con 129 socios: 65 artísticos y 64 protectores. El Tiempo, el 17 de enero de 1928, publicaba que la cifra ya había crecido a 147 (71 protectores y 76 artísticos).
El Reglamento de la Sociedad Coral —siete capítulos y treinta y seis artículos— ordenaba con detalle objeto, régimen y organización (la finalidad complementaria era cultivar el arte de la Música en todos sus órdenes; el domicilio social, la casa número 37 de Álvarez de Abreu); clasificación de socios (artísticos obligatorios, protectores no obligatorios y de mérito por servicio relevante); Junta General y Junta Directiva; procedimiento interno; distribución del producto de las funciones —el 75% al elenco artístico cuando no se destinase a fines benéficos o «patrióticos»— y capital social, además de las cláusulas para reformar el propio reglamento o, llegado el caso, disolver la entidad.
Debut como Sociedad: 15 de julio de 1927
El flamante Teatro Circo de Marte fue testigo de excepción del nuevo debut. Sucedió el 15 de julio de 1927, y fue un éxito que dio aliento a la reorganización del grupo. Las pruebas de cariño desbordadas de los aficionados confirmaron lo que se sospechaba: La Palma era pueblo de orfeón. Desde 1928, y ante la insistencia popular, se incluyó en la programación la representación de numerosas piezas de un género tan querido y famoso como la zarzuela. Así llegaron a la capital las escenas de Doña Francisquita, La Tempestad o La Viejecita, con detalle minucioso de los vestidos de época para una ambientación impecable.

El Diario de Avisos del 7 de febrero de 1928 anunciaba el primer concierto de la temporada con estas palabras: «La Sociedad Coral de esta ciudad tiene el gusto de poner en conocimiento del público, por medio del presente aviso, que el jueves próximo, a las nueve de la noche y en el Circo de Marte, se celebrará el primer concierto correspondiente a la actual temporada […], con un programa […] en el que a lo selecto de las obras que habrán de ser interpretadas se unirá la puesta en escena, con trajes adecuados, de la mayor parte de los números».
Cuatro días más tarde, El Tiempo editaba con todo lujo de detalles la actuación de la noche anterior: «Un triunfo más tiene que apuntarse la Masa Coral, que está llevando a cabo una hermosa cruzada en pro de la cultura artística de esta ciudad y los aplausos clamorosos, entusiastas, que escuchara anoche, le demostrarán a su inteligente e infatigable director, Don Elías Santos Rodríguez, alma y voluntad de la Masa Coral, que sus esfuerzos no han sido vanos».
Visitas a Los Llanos: la coral en caravana
La agrupación llegó a actuar en varios lugares de La Palma contribuyendo desinteresadamente a realzar las fiestas patronales. Fue muy sonada su actuación extraordinaria en las fiestas de Los Remedios de Los Llanos en 1928, 1929 y 1932. El Tiempo del 2 de julio de 1929 narraba el comienzo de la visita a Los Llanos con una mirada literaria que vale la pena rescatar:
«A las ocho de la mañana partió la alegre caravana de la Avenida de Cuba. Delante, abriendo marcha en un coche de turismo, iban el presidente, el director artístico, las primeras partes y algunos directivos de la importante agrupación artística. Le seguían varios autobuses que parecían grandes canastillas de flores en movimiento, con las bellas tiples acompañadas por otras señoritas; más atrás, el elemento masculino de los coros y, por último, cerrando el cortejo, un autobús con la impedimenta: músicos y periodistas malhumorados, a quienes se confió la delicada misión de recoger el polvo que por la carretera iba levantando la caravana».

Un año antes, el mismo rotativo había escrito que «el trayecto hasta Los Llanos transcurrió entre ingeniosas bromas, chistes y canciones, sin que hubiera que lamentar ningún incidente desagradable. Al filo del medio día entró en Los Llanos la caravana, recibida con millares de cohetes».
Las invitaciones comenzaron a llegar desde todo el archipiélago. El Tiempo del 9 de noviembre de 1928 contaba que la Comisión organizadora de los festejos del Cristo de La Laguna había insistido «entusiastamente» para que el grupo se diera a conocer en la Ciudad de los Adelantados —aunque no fue posible aquella temporada—. Las clases de solfeo de la propia Sociedad permanecieron, mientras tanto, abiertas sin interrupción, y se aprovechó el verano para adquirir partituras, arreglar particellas y copiar papeles.
El espaldarazo: la Bajada de 1930
La Bajada de la Virgen de 1930 cambió de escala la historia de la coral. Manuel Henríquez Pérez —recogido por Sixto Manuel Massieu en su obra clásica sobre la Coral— lo resumía así: «La Bajada de la Virgen de 1930 reveló al Archipiélago canario que La Palma poseía un excelente conjunto coral. Era el producto de la constancia de buenos aficionados y del trabajo incansable de su Director don Elías Santos Rodríguez».
El 22 de junio de 1930, año de Bajada, se produjo la esperada Coronación Canónica de Nuestra Señora de las Nieves en la Rambla de Cuba, ante más de veinte mil personas. La Masa Coral cantó la Salve de Esnaola y vivió una de sus actuaciones extraordinarias más multitudinarias y emotivas. Constituyó, en palabras de Domingo Acosta Pérez, su «espaldarazo artístico».
«
Un día juniero de 1930 tuvo lugar la coronación canónica de la Virgen de Las Nieves. En ese mismo día y en ocasión de tan solemne acto, la Masa Coral cantó magistralmente la Salve de Esnaola. Dos acontecimientos que se engarzan en el tiempo y en la distancia, ya que la imagen morena no ha cesado de proteger a la agrupación, ni ésta ha visto disminuir su fe.
»
DOMINGO ACOSTA PÉREZ
El Diario de Avisos del 23 de junio dedicaba grandes elogios al primer y segundo concierto de gala de la Masa Coral durante la Bajada. Ambos tuvieron lugar en el abarrotado Teatro Circo de Marte, y el periódico no dejó de informar a sus lectores sobre cada acto. Hubo incluso una nota de la Junta Directiva pidiendo a los socios que dejasen butacas libres para los visitantes —«a ello obligan las leyes de la hospitalidad, siempre guardadas por nuestro pueblo»—, y un descuento de cincuenta céntimos en la localidad de los protectores en compensación por esa cesión.
El estandarte y el estreno del Himno «A la Bandera del Orfeón»
En aquel primer concierto de la Bajada de 1930, el presidente Juan Martín Pérez entregó al orfeón un magnífico estandarte, emblema de la Masa Coral, bordado con gusto y arte por las primorosas manos de doña Emilia Morales, Vda. de Pinto de la Rosa. El concierto se abrió, precisamente, con el estreno del Himno A la Bandera del Orfeón, compuesto por Elías y Domingo Santos a seis voces mixtas sobre letra del poeta palmero Domingo Acosta Guión:
«Bandera danos aliento / Tu abanico tricolor / Si erguida sales al viento / Igual que un grito de amor. / / Nuestro canto te precisa / Y al lucir tu majestad ¡Majestad! / Un beso de libertad. / / Para el arte pregonera / Sin mácula has de ondear / Bandera que inspiras nuestro cantar. / / Noble bandera despliega / Tu abanico tricolor (bis) / Siempre en la lírica brega / De la paz y del amor (bis) / ¡Oh, noble bandera!».

Henríquez Pérez distinguía en este himno «tres partes bien diferenciadas: tema brillante y enérgico que inician todas las voces simultáneamente, una parte central de movimiento más lento que calificaríamos de “trío” y, finalmente, las voces masculinas presentando un tema de marcha triunfal, con un final de sonoridad extraordinaria donde las notas largas de tiples y tenores modulan hacia el registro agudo en grandioso calderón».
Para hacerse idea de la importancia que llegó a tener en la sociedad palmera de entonces esta agrupación coral, baste un detalle. La prensa informaba de que, en el acto multitudinario de la Subida de la Bandera de la Virgen al Castillo de La Encarnación, «tras las secciones de los niños de las Escuelas públicas con sus respectivas banderas, al frente de las cuales iban los maestros, a continuación la Bandera de la Masa Coral de esta Agrupación Artística, seguía la Bandera de la Virgen, extendida horizontalmente». Una posición protocolaria que dice más que cualquier crónica.

La premonición de J. Delgado en la prensa local, días después, anunciaba el siguiente capítulo de la historia: «Sigan los simpáticos orfeonistas su señalado progreso, pero no deben limitarse a esta población. Se está en condiciones de ir a otras islas del archipiélago para darse a conocer, y, desde ahora, auguro a esta entidad artística, que el exitazo sería una realidad». Apenas un mes más tarde, en julio de 1930, la Masa Coral embarcaría hacia Tenerife.
Esa gira por el archipiélago —y todo lo que siguió hasta el silencio de la guerra de 1936— es la historia que cuenta la segunda entrega.
SOBRE EL AUTOR
José Guillermo Rodríguez Escudero es investigador y divulgador palmero, especializado en historia, patrimonio, religiosidad y memoria de La Palma. Sus trabajos para El Faro de La Palma rescatan tradiciones, instituciones y figuras clave de la vida cultural insular a partir del estudio sistemático de la prensa local de la época y de los fondos documentales accesibles.
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PRÓXIMA ENTREGA
La segunda y última parte de este retrato a fondo recorrerá la apoteósica gira de la Masa Coral por Tenerife y Gran Canaria en julio de 1930, la consagración de Micaela Francisco como diva palmera, el quinto aniversario de 1932, el regreso al archipiélago en 1933, el lento declive durante la Guerra Civil y los intentos de resurrección que culminaron en 1950 con el impulso de Sixto Massieu.
Texto: José Guillermo Rodríguez Escudero. Investigación realizada a partir de la prensa local y regional de la época, los trabajos de Jaime Pérez García, Domingo Acosta Pérez, Manuel Henríquez Pérez y la obra de referencia de Sixto Manuel Massieu González (Gobierno de Canarias, 1988). Fotografías cedidas por el autor.



