INTERNACIONAL · CUBA
Cuba se queda sin red: dos apagones nacionales en cinco días, 935 megavatios para mover un país entero y una isla que ya vive más a oscuras que con luz
El Sistema Eléctrico Nacional se desplomó por completo dos veces en cinco días —el 6 y el 10 de julio—, el cuarto colapso total del año. Con 935 megavatios para una demanda de 3.100, la red se cae al menor fallo. Sin luz no sube el agua ni sobrevive un negocio, el litro de gasolina supera los seis dólares en el mercado informal, y solo las remesas de la diáspora —más de 3.400 millones al año— mantienen viva la isla.
Redacción El Faro de La Palma · 12 de julio de 2026
En Cuba ya casi no es noticia que se vaya la luz; es noticia cuando vuelve. La isla ha encadenado en cinco días dos apagones nacionales completos —el cuarto colapso total del sistema en lo que va de año— y millones de personas llevan semanas midiendo el día no en horas de luz, sino en horas de oscuridad. Y cuando se va la luz, en Cuba se va casi todo lo demás: el agua, la comida de la nevera, el negocio que da de comer. La red que sostiene el país está tan al límite que basta un fallo en una sola línea para dejar a diez millones de personas a oscuras.
Dos caídas totales en cinco días
El lunes 6 de julio, a mediodía, el Sistema Eléctrico Nacional se vino abajo por completo y dejó sin corriente a toda la isla: era el tercer apagón general de 2026. Apenas cuatro días después, el viernes 10, volvió a ocurrir. A las cuatro y media de la tarde, la estatal Unión Eléctrica reconoció «un colapso total del sistema eléctrico nacional». Fue el cuarto derrumbe completo del año y el noveno desde finales de 2024.
El Ministerio de Energía y Minas explicó que todo empezó con un fallo en la línea de 220 kilovoltios entre Santa Clara y Sancti Spíritus, que partió la red en dos y arrastró consigo a varias centrales térmicas. Una avería que en cualquier país sería un incidente localizado, en Cuba tumbó el sistema entero.
Una red que ya no aguanta nada
El problema de fondo no es un cable ni una avería puntual: es que Cuba ya no tiene margen. Su red, de tecnología soviética y castigada por años de falta de inversión, funcionaba el viernes con apenas 935 megavatios disponibles para una demanda de unos 3.100. Sin reservas con las que amortiguar cualquier imprevisto, el sistema se desploma en cadena en cuanto una pieza falla. Y la recuperación es lentísima: un día después del apagón del viernes, solo el 12,6% de La Habana había recuperado la corriente.
Sin combustible, y a más de seis dólares el litro
Detrás del apagón hay un problema aún más difícil de resolver: no hay petróleo suficiente para mover las centrales. Cuba produce apenas el 40% del combustible que necesita y depende de importaciones que se han ido cerrando. La escasez se agravó en enero, cuando Estados Unidos amenazó con aranceles a cualquier país que vendiera o suministrara crudo a la isla; desde entonces apenas ha atracado algún petrolero.
El golpe se nota en la calle y en el bolsillo. Tras el fin de los precios fijos, el litro de gasolina se vende de forma oficial en divisas hasta a 2,60 dólares; pero en el mercado informal, donde muchos no tienen más remedio que comprar, supera los seis dólares el litro, y en pesos cubanos ha llegado a rozar los 6.000 por litro en las provincias donde más escasea. En un país donde el salario estatal medio no da ni para llenar un depósito, moverse se ha convertido en un lujo.
Cuando se va la luz, se va el agua
El apagón no se queda en la bombilla. En Cuba, el 87% del sistema de abastecimiento de agua depende de la red eléctrica para mover sus bombas, y de las 480 estaciones de bombeo esenciales del país solo 135 están en circuitos protegidos de los cortes. Así que cada vez que cae el sistema, el agua deja de subir a los depósitos y a las casas.
El resultado son unos 2,7 millones de cubanos sin agua estable y más de cuatro de cada diez hogares que reciben agua solo cada tres días o más. Sin luz no se conserva la comida, no se cargan los teléfonos ni los equipos médicos, y no sale nada del grifo. Es la vida en pausa que describe cualquiera que llame estos días a la isla.
Los negocios, a golpe de generador
Para el pequeño comercio privado, cada corte es dinero que se evapora. El 96% de las mipymes cubanas está en riesgo por la crisis energética. Las que pueden se han gastado lo que no tenían en paneles solares, plantas eléctricas o baterías —casi la mitad de las empresas ha invertido en algo así—; la otra mitad, simplemente, aguanta como puede.
Un ejemplo cuenta más que cualquier cifra: una pequeña empresa de lácteos perdió mil litros de leche en un solo apagón, echados a perder en plena maduración. Muchos negocios sobreviven a base de generador y de gas licuado, comprando el combustible a precio de oro y trasladando ese sobrecoste a unos precios que la gente ya casi no puede pagar.
Sin remesas, Cuba ya estaría muerta
Si la isla sigue en pie es, en buena medida, por el dinero que llega de fuera. Alrededor de un millón de cubanos emigrados envían remesas a sus familias —más de 3.400 millones de dólares al año, el 92% desde Estados Unidos—, y para muchísimos hogares ese giro es, literalmente, la diferencia entre comer o no comer, entre comprar la medicina o quedarse sin ella.
Es un salvavidas desigual: solo una minoría recibe dólares cada mes, y quien no tiene familia fuera queda a merced de un salario estatal que no alcanza. Pero el retrato de conjunto no deja lugar a dudas: sin las remesas de su diáspora, la economía cubana llevaría tiempo bajo tierra.
La otra orilla canaria
Para muchos en Canarias, y en La Palma, Cuba no es un país cualquiera. La isla caribeña fue uno de los grandes destinos de la emigración canaria: durante generaciones, miles de isleños cruzaron el Atlántico para trabajar la tierra —el tabaco, sobre todo— y levantar allí una nueva vida. De aquellas idas y venidas quedan apellidos compartidos, familias partidas entre las dos orillas y un cariño que no se ha apagado. Por eso, cuando Cuba se queda a oscuras, en muchas casas palmeras se sigue la noticia con el corazón encogido: al otro lado hay parientes, amigos y recuerdos.
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935 megavatios para mover un país que necesita 3.100: cuando algo falla, se cae entero.
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EL NÚMERO QUE EXPLICA EL COLAPSO
LAS CLAVES
- Dos apagones nacionales totales en cinco días (6 y 10 de julio), el cuarto colapso completo de 2026.
- 935 MW disponibles para una demanda de 3.100: sin reservas, la red se cae en cadena.
- El 87% del agua depende de bombas eléctricas: unos 2,7 millones de cubanos sin agua estable.
- El litro de gasolina supera los seis dólares en el mercado informal; hasta 2,60 en las gasolineras en divisa.
- El 96% de las mipymes, en riesgo; una empresa de lácteos perdió 1.000 litros de leche en un apagón.
- Más de 3.400 millones de dólares en remesas al año (92% desde EEUU) sostienen a las familias: sin ellas, la economía ya habría caído.
Fuente: Unión Eléctrica de Cuba, Ministerio de Energía y Minas e Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH), agencias (AP, AFP, EFE) y medios cubanos e internacionales (14ymedio, Diario de Cuba, CiberCuba, Infobae). Análisis de El Faro de La Palma con datos actualizados a 12 de julio de 2026.



