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Recuerdos que me sostienen: Concepción y su casa (VI)

by Mauro Castro
abril 3, 2026
in Cultura, Municipios
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Recuerdos que me sostienen: Concepción y su casa (VI)
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En esta sexta entrega, Mauro Castro nos traslada al pago de Franceses para rescatar la imponente figura de Concepción Castro y su hacienda señorial, un escenario de piedra y tea donde el tiempo parece haberse detenido entre baúles de tesoros y guardianes de madera.

POR MAURO CASTRO. 3 de abril de 2026.

De los tres hijos solo llegué a conocer al mayor de los varones; José. Rosario y Arturo ya no vivían en Franceses cuando yo empecé a recolectar vivencias y recuerdos. Pero su casa… su casa siempre estuvo ahí, como un escenario detenido en el tiempo. Quizá por eso la visitaba tanto: porque parecía sacada de un cuento, de esos que uno no quiere que terminen.

Aún hoy puedo ver aquellas camas de hierro con dibujos de nácar en los cabeceros, brillando como si guardaran secretos. Y las cajas de tea enormes, que eran despensa, ropero, baúl… tesoros. Yo me quedaba mirándolas, imaginando qué guardarían dentro, qué manos las habrían llenado, qué historias dormirían allí.

Y aquella caja en la que aparece sentada en la foto, con la palabra TEXACO grabada en un lateral… todavía me pregunto cómo llegó hasta allí, quién la trajo, qué contenía antes de convertirse en asiento, en apoyo, en parte del paisaje de su vida.

Hoy traigo a mi memoria a Concepción Castro. Alta, de porte firme, gesto elegante, como si el tiempo hubiera decidido no discutir con ella. Recuerdo su tic al hablar, cómo pasaba la lengua por los labios antes de hilar sus palabras, y ese pañuelo en la cabeza que no era adorno: era identidad.

No me cuesta imaginarla en su juventud: erguida, resuelta, con una mirada que sabía de silencios, de días largos, de trabajo duro y de historia vivida. Fue madre de tres hijos: José, Rosario y Arturo. Yo solo conocí a Pepe, “Pepe Concepción”, como todos lo llamaban. Pero más allá de ella, de su físico o sus gestos, lo que más me atraía era su casa.

Aquella hacienda, majestuosa, hoy abandonada al olvido, fue durante años mi verdadero motivo para visitarla. Dos construcciones de alto y bajo, de piedra noble, con techos y suelos de tea que crujían como si hablaran. Escaleras que subían y bajaban como caminos secretos. Balcones que parecían vigilar el barranco. Un patio central donde la luz caía distinta, más lenta, más dorada, como si allí el sol también respetara la historia.

La custodiaban una palmera altísima y un drago que aún hoy parecen como dos guardianes silenciosos del tiempo. Y en la parte baja, entre enormes cajas de tea, siempre estaba ella. Sentada, tranquila, como un personaje de novela anclado al paisaje, sin prisa por pasar de página.

Hace algunos años intenté recuperar la memoria de Franceses, casa por casa, fotografía por fotografía, palabra por palabra. Y muchas veces, al preguntar por las imágenes, la respuesta era siempre la misma:

—No, no son familia de Concepción. Lo que pasa es que su casa era tan imponente, que el fotógrafo prefería hacer allí sus sesiones. Incluso ella prestaba joyas, sacaba sillas, un baúl… lo adornaba todo con gusto.

Y entonces entendí algo: Concepción no solo vivía en aquella casa. Era parte de ella. Parte del escenario y también del alma del lugar. Su figura y su casa forman hoy un mismo recuerdo, un mismo sueño. Siguen ahí, en mi memoria, como un capítulo que no quiero cerrar.

Y tal vez no se trate de cerrar nada, sino de seguir imaginando, soñando, recordando. Porque hay historias que no se olvidan. Simplemente porque no se pueden.

El próximo domingo abriré otra puerta a mi memoria, porque aún quedan muchas casas por habitar.


Aquí tienen el comienzo de la historia :Recuerdos que me sostienen – El Faro de La Palma

Aquï tienen la segunda parte:Recuerdos que me sostienen: Un homenaje a quienes hicieron de mi infancia un hogar (II) – El Faro de La Palma

Aquí la tercera parte: Recuerdos que me sostienen: Un homenaje a quienes hicieron de mi infancia un hogar (III) – El Faro de La Palma

La cuarta parte:Recuerdos que me sostienen: Un homenaje a quienes hicieron de mi infancia un hogar (IV) – El Faro de La Palma

La quinta parte: Recuerdos que me sostienen: el patio de doña rosario (V) – El Faro de La Palma

Si quieren más información de Mauro Castro y de su sitio en facebooK:(20+) Facebook

Tags: arquitectura canariaculturaFrancesesGarafíamauro castrorecuerdos que me sostienenTradiciones
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