MEMORIA PALMERA
El capitán que pagó la iglesia de Puntallana desde La Habana: la historia de Melchor Pérez Calderón
Más de tres siglos después, las fiestas de San Juan Bautista invitan a recordar al puntallanero que, emigrado a Cuba, costeó la reconstrucción del templo parroquial y sus retablos barrocos.
Por Manuel Marcos Pérez Hernández
Cuando junio llega a Puntallana, el municipio se viste de fiesta para honrar a su patrón, San Juan Bautista. Son días de encuentro, de tradición y devoción que culminan cada 24 de junio, fecha en la que la iglesia celebra la festividad del Precursor. Detrás de estas celebraciones se encuentra una historia de fe, identidad y generosidad que ha marcado profundamente la vida del pueblo durante más de tres siglos.
Un templo del barroco isleño
Puntallana, uno de los municipios más antiguos y pintorescos de la isla de La Palma, conserva un rico patrimonio histórico y artístico que testimonia la importancia que tuvo desde los primeros tiempos de la colonización castellana. Como se pone de manifiesto en las Constituciones Sinodales del obispo Arce, una amplia zona de la isla que abarcaba los lugares conocidos como La Puntallana y La Galga fue rápidamente colonizada. Entre sus tesoros destaca la iglesia parroquial de San Juan Bautista, considerada entre los mejores ejemplos del barroco isleño y del arte mudéjar de influencia andaluza y portuguesa.
Un capitán de El Granel que hizo fortuna en La Habana
La construcción del magnífico templo que hoy contemplamos se debe, en gran medida, a la generosidad de una sola persona: el capitán Melchor Pérez Calderón. Nacido en el pago de El Granel, en Puntallana, el 8 de noviembre de 1674, siguió el camino de tantos canarios que emigraron a América en busca de oportunidades. Se estableció en La Habana, donde logró amasar una considerable fortuna, sin olvidar nunca la tierra que le vio nacer.
A comienzos del siglo XVIII, la antigua parroquia de San Juan resultaba ya insuficiente para atender a la creciente población del municipio. Fue entonces cuando Melchor Pérez Calderón decidió asumir personalmente el coste de su reconstrucción.
La reconstrucción, costeada desde Cuba
El 8 de septiembre de 1717, sus apoderados, el capitán Domingo Francisco de Paz y el rector de la parroquia de El Salvador, Gaspar Machado y Barros, firmaron el contrato de ejecución con los maestros de obra por un importe de 33.000 reales. En el documento se expresaba que el capitán Melchor Pérez Calderón, vecino de La Habana y natural de Puntallana, había determinado dedicar parte de su caudal para que la parroquia donde fue bautizado estuviera «con toda decencia».

Las obras comenzaron por la cabecera del templo, que fue completamente demolida para levantar la nueva estructura. Los trabajos concluyeron en 1719, fecha que aún puede leerse en la inscripción de la techumbre del presbiterio.
Los retablos de Bernabé Fernández
Finalizada la reconstrucción arquitectónica, quedaba pendiente la ornamentación interior. Nuevamente, la comunidad acudió en apoyo de don Melchor Pérez Calderón y, una vez más, la ayuda llegó desde Cuba. En 1733, a través de su apoderado se contrató al prestigioso maestro Bernabé Fernández, considerado el más destacado retablista palmero del siglo XVIII, para la ejecución de los tres magníficos retablos barrocos de la capilla mayor y de los altares colaterales. La obra fue ajustada en 11.000 reales, tras haber remitido previamente al benefactor los diseños correspondientes para su aprobación.
En junio de 1745 llegó desde La Habana la noticia del fallecimiento de quien había sido el gran benefactor del municipio. El cura de la parroquia de San Juan Bautista dejó constancia en el libro de defunciones de los oficios religiosos y de la misa cantada celebrada por el eterno descanso de su alma. Su recuerdo quedó para siempre unido a la historia de la iglesia y del pueblo.
Una memoria que perdura
Hoy, más de trescientos años después, cuando las campanas anuncian las fiestas de San Juan Bautista y las calles de Puntallana se llenan de alegría, música y tradición, resulta oportuno recordar la figura de Melchor Pérez Calderón.
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Su legado no sólo permanece en la piedra, la madera y los retablos del templo parroquial, sino también en la memoria colectiva de un pueblo que continúa reuniéndose cada mes de junio bajo la protección de su patrón.
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MANUEL MARCOS PÉREZ HERNÁNDEZ
SOBRE EL AUTOR
Manuel Marcos Pérez Hernández es colaborador habitual de El Faro de La Palma, donde firma la serie «Memoria palmera», dedicada a la historia, los oficios, la emigración y el patrimonio de la isla, con especial atención a San Andrés y Sauces y al norte de La Palma.
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Fuentes documentales: estudios del profesor Jesús Pérez Morera y «Puntallana: historia de un pueblo agrícola», de Manuel Garrido Abolafia. Fotografías: «Casco antiguo de Puntallana» (1885, Rodrigo de la Puerta, TEA), restaurada y coloreada por Abraham Tomás Díaz Abreu; y el Retablo Mayor de la iglesia de San Juan, obra de Bernabé Fernández (siglo XVIII).



