OPINIÓN · MEMORIA PALMERA
Los Galguitos: cinco siglos de viñas, una iglesia de San Juan que viene de ermita y unas fiestas con raíces en el solsticio
Manuel Marcos Pérez Hernández rescata, en su nueva crónica para El Faro, los repartimientos del Adelantado, las escrituras del siglo XVI que vinculan a los vecinos del nordeste con sus viñas, las primeras donaciones a la ermita y las fiestas patronales tal como aparecen en la prensa palmera de 1944.
Desde los primeros repartimientos de tierras realizados por el Adelantado Alonso Fernández de Lugo tras la conquista de la isla, las fértiles tierras de Los Galguitos comenzaron a poblarse y a cultivarse. Viñas, cereales y frutales configuraron desde muy temprano un paisaje agrícola que marcó la vida y la economía de este enclave del nordeste palmero.
Los repartimientos del Adelantado y las viñas del XVI
Los protocolos notariales conservan numerosos testimonios sobre la actividad agrícola de la zona y nos permiten conocer algunos de los antiguos topónimos vinculados al cultivo de la vid, así como diversas transacciones realizadas por sus habitantes. Entre ellas destaca una escritura de 1554, por la que Antonio Afonso y María Texera, su mujer, vecinos de Los Galguitos, vendieron a Marcos Ruberto, regidor y uno de los administradores del Ingenio de Benavent en Los Sauces, un conjunto de propiedades compuesto por una viña, un terreno de secano, una parcela helechera y una casa de morada con bodega, construidas con piedra y barro y cubiertas de paja. Todo ello por el precio de 315 doblas de oro (115.150 maravedíes).
Asimismo, en 1551 encontramos el testamento de Alonso Abreo, quien deja en dote a su hermana Ana de Abreo «una viña e heredad de tierra calma que es en el barranco que dizen Balsordo, que linda por arriba con el camino que dizen Balsordo e por otra parte la tierra que dizen la Corujera».
Una iglesia que viene de la ermita de San Andrés
La iglesia de San Juan posee también una larga historia. Aunque no se conserva ningún documento que acredite con exactitud la fecha de su fundación como ermita de San Andrés, los documentos notariales de los siglos XVI y XVII contienen numerosas referencias que evidencian su existencia y arraigo entre los vecinos.

Así, en 1564, Andrés Lorenzo realizó una donación a la iglesia de San Juan del término de Los Galguitos consistente en dos doblas de oro de tributo que pagaba Baltasar Díaz cada Pascua de Navidad por determinados andenes de tierras situados en el barranco de San Juan. La donación llevaba aparejada la obligación de celebrar anualmente, y de forma perpetua, una misa de réquiem el día siguiente a la festividad de San Juan de junio.
Más de un siglo después, en 1693, encontramos otra donación destinada a la ermita de San Juan de Los Galguitos por valor de cien reales, con el fin de contribuir a las reparaciones y aseo del templo.
Las fiestas: del solsticio al chamelote del altar
La devoción al santo precursor se manifestaba especialmente con la llegada del solsticio de verano. Cada año, la comunidad se preparaba para celebrar las fiestas en honor de San Juan Bautista, procurando que la ermita contara con todos los ornamentos necesarios para el culto. En el testamento de María Rodríguez, esposa de Andrés Lorenzo, se deja a la iglesia de San Juan de Los Galguitos «…una de chamelote colorado, guarnecido de terciopelo con que se haga … onta que sirva en su altar», muestra del interés de los fieles por embellecer el templo y honrar a su patrón.
El chamelote era un tejido muy apreciado entre los siglos XVI y XVIII, fabricado con mezclas de seda, lana y otras fibras, utilizado para prendas de vestir, colgaduras y ornamentos religiosos. Sugiere que la donante estaba legando una pieza de tela roja adornada con terciopelo para confeccionar algún elemento destinado al altar.
Las fiestas en el Diario de Avisos de 1944
Ya en el siglo XX, las fiestas de San Juan aparecen reflejadas en la prensa insular. El Diario de Avisos del 21 de junio de 1944 informa de los actos organizados para los días 24 y 25 de junio, que incluían solemnes funciones religiosas y la tradicional procesión del santo. Los conciertos eran amenizados por la Banda de Música y, al caer la noche, los fuegos artificiales iluminaban el recorrido procesional. La función religiosa del día 25 estuvo presidida por el párroco de San Andrés, don Juan González Hernández, mientras que los bailes populares ponían el broche final a unas celebraciones profundamente arraigadas en la vida del pueblo.
Un templo reconstruido en los años veinte
La actual iglesia de San Juan fue reconstruida y ampliada durante la década de 1920-30. En 1929 recibió la visita pastoral del obispo de la diócesis Nivariense, fray Albino, un acontecimiento que quedó grabado en la memoria colectiva de sus habitantes. Desde entonces, gracias al esfuerzo constante de vecinos y vecinas, el templo ha sido objeto de sucesivas mejoras y restauraciones que le permiten lucir hoy como un auténtico faro espiritual para la comunidad.
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La historia de Los Galguitos se representa como un extraordinario testimonio de continuidad entre el pasado aborigen, manifestado en la Cueva del Tendal, la colonización y las generaciones que han mantenido vivo este lugar a través de los siglos.
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Manuel Marcos Pérez Hernández — El Faro de La Palma
Del Tendal a hoy: una continuidad palmera
De este modo, la historia de Los Galguitos se representa como un extraordinario testimonio de continuidad entre el pasado aborigen, manifestado en la Cueva del Tendal, la colonización y las generaciones que han mantenido vivo este lugar a través de los siglos. Sus tierras, su iglesia y sus fiestas constituyen hoy una parte esencial de la memoria histórica y del patrimonio cultural de San Andrés y Sauces y de La Palma.
Fondo documental: Protocolos de los escribanos públicos de la Villa de San Andrés (siglos XVI y XVII), de Luis Agustín Hernández Martín y Horacio Concepción García. Fiestas de San Juan en Los Galguitos, Diario de Avisos, 1944. Fotografías sugeridas por el autor: iglesia y plaza de San Juan de Los Galguitos; montaña de Balsordo en Los Galguitos.
SOBRE EL AUTOR
Manuel Marcos Pérez Hernández firma en El Faro de La Palma sus crónicas de memoria palmera, con especial dedicación a San Andrés y Sauces y al nordeste de la isla. Trabaja sobre fuentes documentales (protocolos notariales, prensa histórica) para devolver al lector lugares, fechas y nombres que sostienen el patrimonio cultural común.
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