MEMORIA PALMERA · SAN ANDRÉS Y SAUCES
Las carreras de caballos de las fiestas de Montserrat: la pasión ecuestre que movilizaba a toda La Palma
Durante buena parte del siglo XX, las carreras de las fiestas de Nuestra Señora de Montserrat, en San Andrés y Sauces, eran un acontecimiento social que atraía a cientos de personas de toda la isla. Retamar, Araña Negra, la Veloz, el Jerezano o el Mulo Amarillo: nombres legendarios de unos septiembres que hacían latir a todo un pueblo.
Por Manuel Marcos Pérez Hernández. Manuel Marcos rescata las legendarias carreras de caballos de las fiestas de Montserrat: de los duelos de Retamar y Araña Negra al gran enfrentamiento entre la Veloz y el Jerezano en 1969, y la celebración del Mulo Amarillo a las puertas del Bar Caribe.
In memoriam de mi querido amigo, Isidro Miguel Concepción Lorenzo.
Durante buena parte del siglo XX, las carreras de caballos constituyeron uno de los actos más esperados de las fiestas de Nuestra Señora de Montserrat, en San Andrés y Sauces. Más que una simple competición, eran un auténtico acontecimiento social que atraía a cientos de personas de toda la isla y generaba una expectación difícil de imaginar hoy. Propietarios, cuidadores, apostadores y aficionados seguían con pasión las evoluciones de los mejores caballos, yeguas y mulos del momento, convirtiendo las fiestas de septiembre en una cita ineludible para el mundo ecuestre palmero.
Cada año acudían a San Andrés y Sauces vecinos procedentes de todos los municipios, especialmente de Los Llanos de Aridane y El Paso, de donde provenían muchos de los animales que participaban en las carreras. En Los Sauces alcanzaron gran popularidad ejemplares como el «Mulo Chico» y el célebre «Mulo Amarillo», entre otros animales que todavía permanecen en el recuerdo de las generaciones mayores.
La importancia de estas carreras quedaba reflejada en los programas festivos de la época. En las fiestas de 1942, por ejemplo, el Diario de Avisos anunciaba un premio de quinientas pesetas para el vencedor de las carreras de los tres días festivos, una cantidad considerable para aquellos años y una muestra de la relevancia que tenía esta competición en los festejos.
La llegada de los caballos: el espectáculo comenzaba días antes
La fiesta empezaba mucho antes de la carrera. Los caballos y yeguas llegaban a San Andrés y Sauces aproximadamente una semana antes de la celebración y eran alojados en cuadras improvisadas, habilitadas en pajeros y dependencias agrícolas para acoger a los animales.
Una de las grandes atracciones para los vecinos consistía en observar los entrenamientos. Durante los días previos era habitual ver a los jinetes ejercitando sus monturas por la carretera, despertando la curiosidad de los más jóvenes y alimentando las conversaciones y los pronósticos de los aficionados.
Las carreras se disputaban en el tramo comprendido entre la curva del Valle y la plaza de Montserrat, sobre una vía que en sus primeros tiempos era de tierra y que posteriormente fue asfaltada. A lo largo del recorrido se concentraban cientos y, en ocasiones, miles de espectadores.
Entre las muchas carreras celebradas a lo largo de los años, pocas despertaron tanta expectación como la anunciada en el Diario de Avisos del 8 de septiembre de 1948 entre las famosas bestias Retamar, de El Paso, y Araña Negra, de San Andrés y Sauces.
La rivalidad entre ambos animales trascendió el ámbito local y fue seguida con enorme interés por aficionados de toda la isla. Durante semanas se discutieron sus posibilidades, se cruzaron apuestas y se alimentó una expectación que convirtió aquella carrera en uno de los acontecimientos más recordados de las fiestas de aquel año.
El gran duelo de 1969: Veloz contra Jerezano
Si la carrera de 1948 quedó grabada en la memoria colectiva, la celebrada en septiembre de 1969 alcanzó una dimensión aún mayor.
Aquel año llegó de Las Palmas de Gran Canaria la prestigiosa yegua Veloz, considerada una de las mejores monturas de su categoría. Frente a ella se alineó el caballo Jerezano, representante de El Paso y orgullo de los aficionados palmeros.
La noticia despertó un interés extraordinario en toda la isla. Durante días apenas se habló de otra cosa. Los entrenamientos fueron seguidos con mucha expectación y la picaresca del jinete de la yegua llevó a inclinar las apuestas a favor del caballo.
La afluencia de público fue masiva. Muchos recordamos todavía aquella jornada como una de las más concurridas de la historia de las carreras de las fiestas de septiembre. Al final se impuso la Veloz, frente al Jerezano.
El Mulo Amarillo y la celebración de la victoria
La fotografía que acompaña este artículo nos muestra uno de esos momentos de gloria que formaban parte inseparable de las carreras. En ella aparece el célebre Mulo Amarillo, propiedad de don Santiago Francisco, conocido popularmente como don Santiago «Alegría», rodeado de vecinos y admiradores tras una de sus victorias, entre ellos el propietario y su hijo, Alfredo.
Aunque no disponemos de la fecha exacta de la imagen, todo indica que fue tomada a finales de los años cuarenta. La escena se desarrolla a las puertas del histórico Bar Caribe, lugar de reunión habitual de propietarios, aficionados y apostadores.
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Aquellos septiembres en los que el estruendo de los cascos sobre la carretera hacía latir al mismo ritmo a todo un pueblo.
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FIESTAS DE MONTSERRAT · SAN ANDRÉS Y SAUCES
Las fiestas de Montserrat continúan siendo hoy un acontecimiento festivo en La Palma y mantienen actividades ecuestres. Sin embargo, el tiempo ha transformado profundamente este mundo.
Desaparecieron las cuadras improvisadas en los pajeros, dejaron de verse los entrenamientos por la carretera durante los días previos y se fue apagando aquella intensa afición que movía importantes apuestas en metálico y congregaba a multitudes a lo largo del recorrido.
Lo que permanece es la memoria. La memoria de nombres legendarios como Retamar, Araña Negra, Veloz, Jerezano, Mulo Chico o el inolvidable Mulo Amarillo; la memoria de los propietarios, jinetes —como Carmelo Felipe— y aficionados que dieron vida a una de las tradiciones más singulares de las fiestas palmeras; y la memoria de aquellos septiembres en los que el estruendo de los cascos sobre la carretera hacía latir al mismo ritmo a todo un pueblo.
Porque las carreras de septiembre fueron mucho más que una competición. Fueron una forma de entender la fiesta, motivo de encuentro entre los habitantes de toda la isla y una de las expresiones más genuinas de la historia popular de San Andrés y Sauces.
SOBRE EL AUTOR
Manuel Marcos Pérez Hernández es investigador y divulgador palmero, especialmente vinculado a la memoria de San Andrés y Sauces. Sus artículos para El Faro de La Palma rescatan oficios, paisajes, arquitecturas y celebraciones tradicionales que forman el sustrato cultural de la isla.
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