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Barcelona: una decisión que cambió su vida (II)

by José Guillermo Rodríguez Escudero
julio 12, 2026
in Cultura, La Palma, Opinión
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Barcelona: una decisión que cambió su vida (II)
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CARLOS MANUEL LORENZO HERNÁNDEZ · II

Barcelona: una decisión que cambió su vida (II)

Segunda entrega de la semblanza de Carlos Manuel Lorenzo Hernández, escrita por José Guillermo Rodríguez Escudero

La vida de Carlos Manuel Lorenzo dio un giro decisivo cuando la salud de su madre, doña Josefa, comenzó a deteriorarse progresivamente a causa de una grave enfermedad ocular. A pesar de los tratamientos recibidos en Tenerife, su estado no mejoraba y la preocupación familiar iba en aumento. Finalmente, los especialistas recomendaron acudir a Barcelona para consultar al prestigioso doctor Ignacio Barraquer Barraquer (1884-1965), considerado una de las máximas autoridades mundiales en oftalmología.

Aquel viaje suponía mucho más que una consulta médica. Para la familia significaba abandonar temporalmente la tranquilidad de La Palma e instalarse durante una larga temporada en una ciudad completamente distinta a la que conocían.

Carlos tenía entonces apenas veintidós años y acompañó a sus padres en aquel desplazamiento. Se alojaron en un pequeño hotel situado en La Rambla, en pleno centro de Barcelona. La ciudad, dinámica, cosmopolita y llena de actividad cultural, contrastaba profundamente con el ritmo pausado de la isla. Lo que en principio iba a ser una estancia motivada por razones de salud terminó convirtiéndose también en una experiencia personal y artística que dejaría una profunda huella en su vida.

Uno de los episodios más recordados de aquellos meses fue el primer encuentro entre don Gregorio y el doctor Barraquer. Hombre discreto pero firme, el padre de Carlos insistió en conocer personalmente al célebre oftalmólogo. Tras varios intentos, una enfermera facilitó finalmente la entrevista.

Nada más saludarse se produjo una circunstancia inesperada. Don Gregorio realizó discretamente un gesto de reconocimiento utilizado en la masonería, una señal que el médico identificó de inmediato. Ambos pertenecían a la misma institución y aquella coincidencia creó una conexión inmediata entre los dos hombres. A partir de entonces, la relación adquirió un carácter mucho más cercano y el doctor decidió ocuparse personalmente del caso de doña Pepa, algo que supuso un cambio importante en el seguimiento de su tratamiento.

Los meses siguientes estuvieron marcados por consultas, revisiones y una constante mezcla de esperanza e incertidumbre. Mientras sus padres afrontaban aquella difícil situación, Carlos comenzó a descubrir una ciudad que despertaba cada vez más su interés.

Carlos Manuel Lorenzo Hernández. Archivo familiar cedido por José Guillermo Rodríguez Escudero.

Muy cerca de donde se alojaban se encontraba el Gran Teatro del Liceo, uno de los grandes templos de la ópera europea. Para un apasionado de la música como él, aquella cercanía resultó irresistible. Poco a poco empezó a acercarse al ambiente musical barcelonés y a explorar nuevas posibilidades.

Fue entonces cuando surgió una oportunidad que pudo cambiar por completo el rumbo de su vida.

A través de distintos contactos relacionados con el mundo musical logró llegar hasta una profesora vinculada a las audiciones del Liceo. Carlos tenía una inquietud muy concreta: quería saber cuál era realmente su rango de notas vocales y conocer la opinión de una profesional cualificada. Sin embargo, la docente se mostró inicialmente reticente a escucharlo.

Lejos de desanimarse, insistió durante varios días con educación y perseverancia. Siempre repetía la misma petición: «Solo quiero que usted me escuche y me diga qué tesitura vocal tengo».

Finalmente, la profesora aceptó. Se sentó al piano y le pidió que interpretara algunas piezas. Carlos llevaba varias preparadas y comenzó a cantar. Desde los primeros compases, la actitud de la profesora cambió por completo. Lo que esperaba que fuera una simple prueba se transformó en una auténtica sorpresa.

Su afinación natural, la facilidad con la que se movía por distintos registros y su comprensión intuitiva del repertorio llamaron inmediatamente la atención. A medida que avanzaba la audición, la profesora fue proponiéndole nuevas pruebas, y Carlos respondía con una naturalidad que parecía impropia de alguien sin formación profesional especializada.

Al finalizar, la conclusión fue clara. Aquella voz poseía un potencial extraordinario.

Carlos Manuel Lorenzo Hernández. Archivo familiar cedido por José Guillermo Rodríguez Escudero.

Convencida de que estaba ante un talento poco común, la profesora comenzó a mover contactos para facilitarle una beca de estudios en Italia, el gran referente mundial de la formación lírica de la época. La propuesta abría ante él una oportunidad excepcional y la posibilidad real de iniciar una carrera profesional en el mundo de la ópera.

Sin embargo, aquel prometedor horizonte coincidía con uno de los momentos más delicados de su vida familiar.

La salud de su madre seguía siendo muy frágil y el vínculo que mantenía con sus padres era especialmente estrecho. Carlos se encontró entonces ante una auténtica encrucijada: apostar por una posible carrera internacional o permanecer junto a su familia.

La decisión no fue sencilla, pero terminó inclinándose por aquello que consideraba más importante.

Renunció a la beca, a Italia y a la posibilidad de desarrollar una trayectoria operística profesional en condiciones privilegiadas. Lo hizo sin dramatismos ni arrepentimientos, con la serenidad que siempre caracterizó su forma de entender la vida. Para él, la familia ocupaba un lugar prioritario y ninguna aspiración personal estaba por encima de ese compromiso.

Con el paso de los años, aquella elección sería interpretada por muchos no como una oportunidad perdida, sino como una decisión coherente con sus valores y con la persona que siempre fue.

Sin embargo, otros amigos, como Alfredo Kraus, entre la admiración y el reproche le llegó a decir, con tono directo, que había sido un «pecador» por no haber aprovechado lo que consideraba un don de Dios: su voz. Le insistía en que, habiendo sido escuchado y alabado, e incluso propuesto para una beca en Italia, no debía haber dejado pasar esa oportunidad, ya que los problemas familiares podían haberse resuelto de otro modo.

Mientras tanto, la enfermedad de doña Josefa continuó su evolución. Durante algún tiempo se alternaron momentos de esperanza con nuevas recaídas, pero finalmente la dolencia siguió avanzando hasta provocar la pérdida total de la visión y una situación de dependencia cada vez mayor.

Los tratamientos aplicados, algunos de ellos de carácter experimental, no consiguieron frenar el proceso. Con el tiempo aparecieron nuevas complicaciones y, en 1968, una grave afectación circulatoria obligó incluso a la amputación de uno de sus pies. Pese a todas aquellas dificultades, doña Pepa afrontó la adversidad con una notable fortaleza y alcanzó una longevidad cercana a los noventa y cuatro años.

Toda esta experiencia reforzó aún más los lazos familiares. Lejos de alejarlo de su entorno, la estancia en Barcelona consolidó en Carlos un profundo sentido de la responsabilidad y del compromiso con los suyos.

De regreso a La Palma continuó cultivando su pasión por la música, aunque ya desde una perspectiva diferente. El camino que había elegido no era el de los grandes escenarios internacionales, sino el de una dedicación intensa a la vida cultural de su isla.

Fue entonces cuando comenzó a participar de manera más activa en reuniones musicales, celebraciones populares y diversas iniciativas culturales que acabarían acercándolo a la Masa Coral de Santa Cruz de La Palma y a algunos de los episodios más relevantes de la historia musical palmera.

II concierto de la Masa Coral de Santa Cruz de La Palma, 2 de mayo de 1966.

«

La familia ocupaba un lugar prioritario y ninguna aspiración personal estaba por encima de ese compromiso.

»

Segunda entrega de la semblanza de Carlos Manuel Lorenzo Hernández, escrita por José Guillermo Rodríguez Escudero. Continuará.

LA SERIE · CARLOS MANUEL LORENZO HERNÁNDEZ

  • I. Orígenes de una vocación: familia, recuerdos y pasión por la música (próxima entrega).
  • II. Barcelona: una decisión que cambió su vida (esta entrega).
  • III. Grandes representaciones, amistades musicales y la consolidación de una voz extraordinaria (próxima entrega).
  • IV. Trabajo, disciplina, coleccionismo, memoria y legado (próxima entrega).

SOBRE EL AUTOR

José Guillermo Rodríguez Escudero es investigador y cronista de la memoria palmera. En El Faro firma la serie histórica «Los Mártires de Tazacorte» y otras semblanzas dedicadas a preservar la memoria de personas y tradiciones de la isla.

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José Guillermo Rodríguez Escudero

José Guillermo Rodríguez Escudero

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